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Una historia de amor
COLABORACIÓN
La Delegación del Gobierno en Ceuta: el eslabón que falta para los más vulnerables. La Delegación del Gobierno en Ceuta es, sobre el papel, la gran ventanilla del Estado en la ciudad. Representa al Gobierno central, coordina extranjería, empleo, sanidad exterior, protección civil y un largo etcétera de competencias que afectan directamente a miles de ceutíes.
Sin embargo, cuando uno mira la realidad sobre el terreno, aparece una paradoja difícil de ignorar: cuanto más vulnerable es la persona, más laberíntico y hostil se vuelve el acceso a esos servicios. En una ciudad partida por la pobreza y la exclusión, con barrios cronificados en la precariedad y una presión constante sobre los recursos sociales, el diseño institucional importa.
No basta con tener oficinas abiertas; hay que preguntarse a quién llegan, quién se queda fuera y quién se pierde entre citas, formularios y siglas. Hoy una mujer migrante con hijos, un retornado sin ingresos o un parado de larga duración tienen que peregrinar por varias ventanillas para resolver cuestiones básicas: residencia, certificados, ayudas, empleo, vivienda, derivaciones sociales.
El resultado es conocido: frustración, abandono de trámites y una sensación de Estado lejano, justo donde más falta hace. Por eso defiendo que la Delegación del Gobierno debe dar un paso más y crear en Ceuta un “Centro Estatal de Derechos y Trámite Único para Personas Vulnerables e Inmigrantes”. Un espacio físico y digital donde, en lugar de sumar pasillos, se sumen soluciones: extranjería, emigración y retornados, empleo, certificados, información guiada sobre vivienda y derivación a recursos sociales, todo bajo un mismo techo y con un equipo preparado para acompañar, no solo para sellar papeles.
No se trata de inventar nuevas competencias, sino de ordenar y coordinar las que ya existen para que, por una vez, sea la Administración la que se adapte a la realidad social y no al revés. Un centro así enviaría un mensaje político claro: el Estado no se resigna a gestionar la exclusión como rutina burocrática, sino que la enfrenta como un reto que exige integralidad, cercanía y dignidad. Ceuta, frontera y espejo de muchas crisis, merece que su Delegación del Gobierno deje de ser solo un símbolo institucional y se convierta en una auténtica puerta de entrada a derechos efectivos para quienes hoy solo encuentran muros administrativos.
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