Opinión
¿Qué le pasa a España?
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¿Qué le pasa a España?
No han tenido que pasar muchos días desde que el 30 y 31 de Julio más de ochenta mil personas invadieran Ceuta desde Marruecos, para acreditar dos cosas:
Que fue una violación clara de nuestra soberanía nacional y
Que Marruecos lo sabía y lo alentó.
Pero como ha reconocido la ministra de defensa, el gobierno de España sí conocía lo que se estaba gestando durante los días anteriores, a pesar de las incomprensibles mentiras del ministro de interior y su delegado en Ceuta. Y, ante tales circunstancias, ¿alguien se imagina a Francia o a Alemania mirar para otro lado mientras su territorio era hollado por invasores extranjeros? Entonces, ¿por qué España ha reaccionado como si no pasase nada extraordinario?
Si dejamos en un aparte a Margarita Robles, Marlaska y el resto de concomitantes de la mesa del consejo de ministros, siguen definiendo a Marruecos como un socio fiable y nuestro mejor amigo y aliado. Rechazamos de plano una relación de plena amistad con Estados Unidos, destruyendo el gran trabajo del presidente Aznar, pero nos dejamos seducir por un país feudal, gobernado por un autócrata, que persigue a sus adversarios políticos, margina a las mujeres y abandona a los más desfavorecidos a su suerte o los empuja al mar directamente, usándolos como armas de desestabilización de España. Un país que pone a prueba la fortaleza de España ante un gobierno débil y desorientado, buscando la desazón de la población y calculando el momento de la claudicación. Por eso, en estos momentos de zozobra, Marruecos atiza con fuerza la llama nacionalista para ocultar su fracaso social y enarbola con más fuerza su reivindicación sobre Ceuta y Melilla.
Después de demasiados días de niebla mental, parece que el gobierno de España ha entendido que lo que está pasando en Ceuta es exactamente lo que dijo Pedro Sánchez en su visita a la ciudad, cuando afirmó que lo que se había producido era una invasión que había vulnerado nuestra soberanía. El presidente Vivas, pidió desde el minuto uno la declaración de emergencia de interés nacional, la convocatoria del consejo de seguridad y la creación de un mando único. Ahora, casi un mes después, todo eso se ha hecho, aunque bien hará el presidente de Ceuta en seguir muy alerta, porque la palabra de Sánchez vale bien poco, como demostró Marlaska cuando huyó de Ceuta al día siguiente de su llegada, habiéndole Sánchez dado su palabra de que el ministro se quedaría hasta la total normalización de la ciudad. Claro, que cabe la posibilidad de que, al día siguiente, Marlaska entendiera que estaba ya todo normalizado. Si Sánchez no lo cesa es porque le importa un bledo todo. Menuda normalización nos vendió Marlaska ante la sorda y muda presencia del delegado del gobierno, alabando al socio fiable y eliminando cualquier vestigio de responsabilidad de Marruecos sobre lo ocurrido. No se puede ser tan mentiroso y seguir siendo ministro, pero esto es lo que hay.
De hecho, lo que hay, son cerca de veinte mil invasores pululando por nuestras calles, nuestras playas, nuestros montes, nuestra tierra, desafiando a la policía, a nuestros vecinos y a sus propios compañeros de invasión. Y también hay, una población asfixiada, madres y padres de niños que se quedaron sin verano y que temen la reapertura de los colegios; empresarios que tuvieron que echar la persiana porque el turismo eligió destinos más seguros, como La Mareta o Andorra; un pueblo que, a pesar de todo, va a resistir porque es su condición que se basa en dos pilares fundamentales: amor a España y a su patria chica: Ceuta.
Y, como decía, un Marruecos envalentonado, abronca a España por sus leyes y sus jueces, reitera sin despeinarse que Ceuta y Melilla son territorios ocupados y que deben de integrarse en su reino y pone pegas hasta para repatriar los cadáveres de sus jóvenes tras empujarlos al delirio. Y mientras, el rey de Marruecos otorga callando y en medio de este pandemónium ¿qué le pasa a España? ¿Por qué no pone en su sitio al autócrata y sus fanáticos ministros? ¿Vamos a seguir financiando un régimen hostil? Europa se ha dado cuenta de lo que ha supuesto la invasión marroquí en Ceuta y exige al gobierno español que actúe en consecuencia y devuelva a todos los que entraron ilegalmente. España debe tomar nota de lo que hizo Aznar antes, durante y después de la crisis de Perejil. Fue sencillo: poner las cosas en su sitio.
La frontera del Tarajal está ahí porque la puso en ese lugar la historia, desde la llegada del infante don Enrique el Navegante hasta hoy, a pesar de los asedios a los que la ciudad fue sometida. Esa historia pretende ser modificada por un grupo de sátrapas, pero la verdad es tozuda, aunque el intento por manipularla por parte de Marruecos sea constante.
Pero vamos al tiempo actual, por lo menos los que no vivimos en la edad media: España y Europa no pueden dejar en manos de un país tan hostil y poco fiable como Marruecos, el control de la frontera exterior de la Unión Europea. Este debe ser un objetivo por el que hay que trabajar hasta conseguirlo y a su consecución Ceuta, España y Europa deben dedicar cuantos esfuerzos sean necesarios. Podremos devolver en un cierto tiempo la normalidad a Ceuta, pero lo que jamás, nunca jamás, deberíamos consentir es que esto se pudiera repetir y, para ello, no podemos ya confiar en la palabra de Marruecos, porque sus hechos lo presentan como país de dudosa confianza, sino en nuestras propias capacidades para contener y repeler cualquier agresión. España, como nación soberana, tiene que tener, con el apoyo de sus aliados y, desde luego, nadie debería considerar a Marruecos uno de ellos, las infraestructuras y los medios suficientes al servicio de la protección de su soberanía y dejarle muy clarito a Marruecos, como hizo Aznar, que con España no se juega.
Emilio Carreira
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