Mientras tanto Marruecos observa

COLABORACIÓN

Miguel Ángel Pérez Triano.
Miguel Ángel Pérez Triano. | EL PUEBLO

Triano dice que no sabía nada. Su jefe de gabinete dimite asegurando que sí le informó. Vivas dice que es "muy poco probable" que el delegado desconociera el aviso, y apunta también a Interior y a Moncloa. Interior dice que no hubo informe de alerta. Robles dice que el CNI sí avisó. Cada uno con su versión, cada uno señalando al de al lado, y ya llevamos semana y media de ruedas de prensa cruzadas sin que nadie asuma nada.

Mientras tanto, al otro lado de la frontera, nadie tiene que mover un dedo para que la crisis de Ceuta siga desgastando a las instituciones españolas. Basta con esperar a que la siguiente rueda de prensa desmienta a la anterior. Da igual si hay o no intención deliberada marroquí en lo ocurrido el 30 y 31 de julio (los informes desclasificados hasta ahora no la confirman), porque el resultado práctico es el mismo: cuanto más tiempo pasen las administraciones españolas discutiendo entre ellas quién sabía qué y cuándo, menos tiempo y menos credibilidad les queda para gestionar lo que sigue pasando en la ciudad ahora mismo, con más de mil menores no acompañados y barrios enteros bajo presión.

Esto no es un alegato contra la rendición de cuentas. Al contrario. Que Gonzalo Sanz dimitiera dejando constancia de que sí informó al delegado, y que Triano mantenga que no sabía nada, es exactamente el tipo de contradicción que debe investigarse hasta el final, sin blindar a nadie por el cargo que ocupe. Pero investigar y depurar responsabilidades no es lo mismo que convertir cada aviso, cada mensaje de WhatsApp y cada declaración en munición para la siguiente comparecencia. Una cosa es la instrucción de un expediente con calma y garantías. Otra muy distinta es el circuito de titulares cruzados que lleva ya diez días sin que ninguna administración haya anunciado una sola medida nueva de protección para Ceuta que no sea, precisamente, defenderse de la versión del vecino de mesa.

La secuencia razonable sería la inversa a la que se está siguiendo. Primero, todas las administraciones implicadas (Delegación del Gobierno, Interior, Ciudad Autónoma, Moncloa) deberían coordinar en público, ya, qué se está haciendo con los menores, con los barrios periféricos y con el control de la frontera mientras dura la crisis. Después, con la ciudad protegida y sin urgencia inmediata sobre la mesa, toca la instrucción seria de quién sabía qué, con las consecuencias políticas y, si procede, legales que correspondan. Ese orden no es ingenuidad ni pedir que no haya conflicto. Es la única secuencia que no deja a Ceuta como rehén de un calendario electoral y mediático que a nadie en la ciudad le sirve de nada.

Coherencia es eso: proteger primero, depurar después. Lo otro es un espectáculo que, sin que nadie lo planee así, termina siendo el mejor regalo que se le puede hacer a quien no tiene ningún interés en que España resuelva esto rápido.

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