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¿Quién mató a Mari Carmen?
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Pocos españoles no se habrán sentido sobrecogidos frente las imágenes de una mujer de avanzada edad, débil y desconcertada, que era expulsada de su casa de toda la vida. El fracaso de nuestro sistema que se denomina estado social y de derecho, era evidente y hacía aguas por todas partes, junto con los casi 300.000 desahucios más ejecutados en los últimos ocho años. Los 8 años de Pedro Sánchez no habían servido para nada, más allá de algunos anuncios que no sobrepasaban la frontera de la propaganda. Su último intento, en los estertores de su presidencia, de cargar contra los propietarios, quienes, en su abrumadora mayoría, son pequeños ahorradores; ese patético intento de escurrir el bulto y echar la culpa de todo a la gente, fue frustrado por la sensatez de quienes bloquearon la intención de autoblanqueo de un gobierno incapaz de entender los problemas reales de los españoles, como en muchas ocasiones le explicó Gabriel Rufian a Pedro Sánchez desde su tribuna en el Congreso de los Diputados: “Usted saldrá de la presidencia porque no ha dado respuesta a los problemas de la gente”.
Sánchez no acepta fácilmente un desaire y, como respuesta al rechazo de sus decretos póstumos, disolvió las Cortes Generales y convocó elecciones y de la mano del sindicato de inquilinos y de la UGT y de CC OO, ha intentado, como en otras muchas ocasiones, desplazar la responsabilidad de todo hacia el Partido Popular, de tal modo que, hasta la siempre folclórica María Jesús Montero, ha afirmado que la huelga convocada es contra el jefe de la oposición. Ahora va a resultar que Feijóo va a tener también la culpa de que Sánchez no tenga mayoría en el Congreso de los diputados. La primera fuerza política de España, el partido popular, debe, según Sánchez, votar a favor de cualquier cosa que él proponga cuando la legislatura está ya agotada, a pesar de haber rechazado un pacto de estado sobre la vivienda que el partido popular le llevaba proponiendo durante años.
Pero hemos de volver a la pregunta que nos convoca, ya que, según el sindicato de inquilinos, Mari Carmen no murió, sino que la mataron. Y reconozco que hablar en estos términos es excesivo, pero tanta prudencia por parte de las posiciones políticas centradas, ha llevado a los radicales a tener la iniciativa en todo, así que no debemos rehuir ese cuerpo a cuerpo. Y colocados ya en la arena, sólo se me ocurre una respuesta que tranquilice al sindicato de inquilinos, a UGT, a CC OO y a todo el conglomerado que sostiene al gobierno de España: A Mari Carmen la ha matado la indolencia de Pedro Sánchez, que durante ocho años se olvidó de llevar al Congreso de los Diputados las reformas necesarias para evitar lo que le pasó a esta mujer y a otros cientos de miles de personas. Teniendo en su mano el BOE y el control del parlamento, ha tenido que esperar hasta el último minuto para reaccionar y todo ello porque las elecciones le ponen muy cuesta arriba su futuro político.
La indolencia de Sánchez no puede camuflarse ahora con recursos de chistera que ya no van a solucionar nada. Pero ese comportamiento no es aislado, sino recurrente. Su indolencia casi mata a Ceuta. Ahora sabemos también que Marruecos invadió nuestras aguas territoriales durante los días de aquella ignominiosa invasión, pero él se fue a La Mareta, con esa indolencia que ralla con la traición y, después de más de dos meses todo sigue igual, con miles de invasores repartidos por nuestras calles, barrios y plazas, excepto los que murieron en el intento, quienes, a lo mejor, también fueron aplastados por esa misma indolencia. Su gobierno, un conglomerado de partidos que han orbitado alrededor de Sánchez, únicamente se ha dedicado a promover un determinado modo de conceptuar las cosas. Por ejemplo: denominar a los estalinistas “la izquierda a la izquierda del psoe”, mientras a la derecha que está a la derecha del partido popular, la denominan ultraderecha o extrema derecha y, en la mayoría de los casos, fascista, en cuyos brazos, según Sánchez y amigos, se ha echado el partido popular. Es curioso ¿verdad? Que un conglomerado de comunistas, estalinistas e independentistas sólo sean la izquierda a la izquierda del psoe (¡Qué expresión más dulce!) y la derecha a la derecha del pp sea extrema y cavernícola.
Pero reiteramos, por la importancia que tiene, la indolencia del presidente del gobierno en la defensa de la integridad territorial de España. Sin embargo, en lo que Sánchez ha estado muy activo es en su intento de modificar el censo electoral, siguiendo los mismos métodos que utilizó en aquel congreso del psoe en el que se escondían las urnas para que el resultado le fuese favorable.
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