Pedro Sarsfield Waters Ceuta 1781-1837 Pamplona Guerra de la Independencia Española (1808-1814)

COLABORACIÓN

Mariscal de Campo (actual General de División) a los 29 años de edad, Teniente General a los 37 (Parte tercera y última)

Los franceses salen de Barcelona.
Los franceses salen de Barcelona. | CEDIDA

La segunda parte del escrito la dejamos en el parte del general Sarsfield como jefe del bloqueo de Barcelona.

El 22 de marzo de 1814 entró en España por Gerona Fernando VII; fue recibido por el general Copons, quien le hizo entrega de las llaves de la ciudad.

Cerca del río Besós, encontró S.M. la brigada del coronel Manso, compuesta por 5.000 hombres y formada en batalla. Después fue siguiendo la brigada que forma la vanguardia del bloqueo de Barcelona, y poco después la división del centro que mandaba el general Sarsfield, y S.M., encontrándose con el general, le dijo las expresiones más afectuosas, las que conmovieron al general, y S.M. mandó que le siguiese.

El 29 de abril de 1814, los franceses se retiraron de Barcelona.

El día 28 de mayo de 1814, entró Sarsfield en Barcelona, siendo nombrado gobernador el 7 de julio. Tenía 32 años de edad y la graduación de mariscal de campo (actual general de división desde los 29).

El 30 de mayo de 1814: Entrada triunfal de un retrato de Fernando VII en Barcelona. El día de San Fernando, las tropas españolas solemnizaron su entrada en la ciudad tras permanecer setenta y cinco meses en cautiverio.

Desde la puerta de San Antonio hasta el Palacio Real, cubrieron los victoriosos soldados las calles, que debía de recorrer aquella hermosa mañana una soberbia carroza, precedida y escoltada por la infantería y caballería, tirada por enjaezados caballos, y en la cual se ostentaba el retrato de Fernando VII. A sus pies, en el testero del coche, se veía arrodillada una noble matrona, figurando a Barcelona en actitud de presentar su corazón al más amado de los reyes. Tendido a sus pies, un perro que simbolizaba la lealtad catalana. A la derecha del carro triunfal cabalgaba el general en jefe D. Francisco Copons y Navía, y D. Francisco Javier Cabanes, su jefe de E.M., a la izquierda. Poco antes de entrar en Barcelona la comitiva, presentóse a Copons, el nuevo gobernador de la plaza, D. Pedro Sarsfield, y le entregó las llaves de la ciudad.

Las tomo en mis manos, contestó el capitán general, para manifestar ante el Real retrato que, así como he defendido la Real Corona de S.M. ínterin su cautiverio, presentándome al enemigo en diferentes acciones campales, y defendiendo la plaza de Tarifa, juro que mientras yo mande en el Principado, les serán sus plazas conservadas; y devuelvo a V.S., las llaves, por la confianza que me merece. Tómala, Sarsfield, y colocóse a la izquierda de la carroza. (Literal) (Historia de Barcelona-oreneta-libro verde).

El 5 de julio de 1814, Sarsfield, gobernador de Barcelona, publicó un primer bando sobre el comportamiento en sitios públicos.

El 3 de agosto mandó publicar un nuevo bando con referencia a los hospedajes en Barcelona.

El 18 de agosto publicó un tercer bando sobre salud pública y títulos necesarios para regentar las boticas de la ciudad.

Dos días más tarde (20), otro en el que se especifican órdenes de arresto por contravenir los anteriores bandos. No se adjuntan por sus extensos contenidos.

Hasta aquí la participación del general D. Pedro Sarsfield durante la Guerra de la Independencia Española.

El 23 de noviembre de 1814, Sarsfield fue nombrado Mayor General de la Infantería del Ejército de Observación de los Pirineos Orientales, pasando a las órdenes del general Castaño.

El 28 de febrero de 1815, Napoleón se fuga de la isla de Elba y Francia se altera nuevamente. España previene a sus ejércitos, que se adelantan a la frontera, formando el de Guadalajara en el punto del Pirineo oriental, que regía el general Francisco Javier Castaño, con el mariscal de campo D. Pedro Sarsfield. Penetra en Francia el primer batallón por Puigcerdá el día 23; se interna hasta Prades, capital del Conflant, y permanecen en esta situación hasta que, establecida la paz europea, regresan a España el 1º de septiembre. (Historia orgánica de las armas de infantería y caballería española, 9, pag, 297).

Sarsfield, desde sus comienzos en el ejército español, siempre perteneció al regimiento irlandés al servicio de España, Ultonia. Los otros dos regimientos irlandeses fueron el Irlanda y el Hibernia. Estos tres regimientos estuvieron al servicio de la corona española durante más de cien años.

La antigüedad de los regimientos Ultonia y el Hibernia en España es del 03.12.1709. La del Irlanda del 18.05.1715. Este último cuerpo entró al servicio de España en 1715, pero por Real licencia gozaba de más antigüedad que los otros regimientos irlandeses.

En principio, había otros dos regimientos irlandeses con antigüedad de 1710: Limerick y Waterford. Pero el primero fue transferido al Regimiento Nápoles en 1734, y el Waterford fue reformado en ese mismo año.

El 2 de junio de 1818, el Inspector General de Infantería, Teniente General D. Ramón Pirez y Pavía, elevó al Rey una propuesta, que fue aprobada dos días después.

Desaparecen los regimientos Irlanda, Hibernia, Ultonia, Lorena y Nápoles, de denominación extranjera, y Voluntarios de Madrid, Bailén, Borbón y San Marcial, por ser más modernos.

En cuanto a los batallones ligeros, se extinguen Voluntarios de Navarra y Albuera.

El teniente general e Inspector General de Infantería Don Ramón Pirez y Pavía había nacido en Ceuta el 29 de agosto de 1764.

Don Ramón Pirez, durante la Guerra de la Independencia en 1811, ocupó en Valencia el cargo de jefe del E.M. del segundo de los siete ejércitos levantados por el gobierno ante la invasión napoleónica.

Napoleón sobre la Guerra de la Independencia:

Esta maldita guerra de España fue la causa primera de todas las desgracias de Francia.

Todas las circunstancias de mis desastres se relacionan con este nudo fatal: destruyó mi autoridad moral en Europa, complicó mis dificultades, abrió una escuela a los soldados ingleses... Esta maldita guerra me ha perdido. Napoleón.

(Fraser, Ronald: La maldita guerra de España. Historia social de la guerra de la Independencia, 1808-1814).

Algunos comentarios sobre el general don Pedro Sarsfield:

El gobierno napoleónico actuó con puño de hierro en Barcelona, favoreciendo la corrupción y el crimen. Solo cuando las tropas del general Sarsfield desfilaron por la calle Ample, liberando la ciudad, los barceloneses pudieron respirar tranquilos (El País, 12 de agosto de 2012).

Trasladamos un párrafo que escribió un general francés, refiriéndose a la campaña de Cataluña en esta guerra:

“Desde el primer día, en la sola colocación de las tropas, conocíamos que habían variado de mando, y muy luego supimos que las mandaba Sarsfield, al que miramos siempre con respeto; nunca volvimos la espalda sin tener motivos para arrepentirnos”.

Sarsfield, que no es irlandés, es español, estaba defendiendo la zona. El comodoro Codrington, de la escuadra británica que estaba ayudando en Tarragona, describe a Sarsfield en los siguientes términos: “Anoche había todo el ruido del infierno, una batalla inmensa, mucho ruido toda la noche y Sarsfield no lo quiere tener de ninguna otra forma. Ha de ser así”: Dice Quigley, yo diría que Sarsfield parece una persona que solo vive para la guerra, como en la película “Apocalypse Now”, cuando está en la playa, todos agachados, en la guerra de Vietnam, y él no se mueve, cuando dice aquello del “olor a napalm por la mañana”. Pues esta es la imagen que tengo yo de Sarsfield.

(“Los británicos en el Asedio de Tarragona en 1811”, del historiador Adam G. Quigley).

Opinión sobre Sarsfield del oficial inglés del Foreign Office Charles William Doyle:

“Uno de los mejores soldados, quiero decir, como general de división en el servicio español. Es extremadamente inteligente, rápido y perseverante. Merece la confianza implícita y se puede depender de él en las misiones de naturaleza más arriesgada. Es algo envidioso y de un precipitado y puntilloso temperamento, muy vivo a cualquier cosa que le parece menospreciable. Por desgracia, es rápido para creer que se le pretende ofender. Es un hombre honorable y de un excelente corazón, pero difícil de manejar”.

Pasamos un escrito completo de un teniente de la Armada Real Británica que conoció personalmente al general Sarsfield.

COLBURN´S UNITED SERVICE MAGAZINE AND NAVAL AND MILITARY JOURNAL ---1844---PARTE III—LONDON

Henry Colburn, Great Marlborough Street (Traducido del inglés)

Pasaje en la vida de un marinero

En una ocasión en que me ordenaron ir a Sitges en este deber. Siendo incierto cuándo volvería, y teniendo unas horas de sobra, está bien para emplearlas en visitar la división de Sarsfield, en Villafranca del Penedés, como en el ralentí, lejos de Sitges. Ordenando que el cañonero bajara a Villanova, donde tenía la intención de unirme a él a la mañana siguiente, conseguí una mula y cabalgué por un camino de herradura a través de las montañas hasta Villafranca del Penedés. Nada más llegar, llamé para presentar mis respetos al general Sarsfield, a quien había conocido antes. Me recibió muy cortésmente y me presionó para que compartiera la comida como un soldado, agregando que, como resultó ser “un día de campo” en sus cuartos, podría tener la oportunidad de hacerlo mejor. En la cena encontré reunidos al oficial al mando del regimiento y jefes de departamentos de su división, y también al capitán Zehnpfinning, al agente militar británico en Cataluña, y a un oficial del Intendente General, departamento estacionado con el cuerpo avanzado con el fin de remitir a los cuarteles generales de inteligencia los movimientos de los enemigos carlistas.

Habíamos cenado, y con nuestro vino y postre estábamos discutiendo el maravilloso evento que luego comenzó a absorber la atención de todos, a saber, los éxitos y el avance de Lord Wellington en Francia, la campaña en Alemania, tan desastrosa para los franceses, y su probable efecto sobre el tema de la guerra, y el destino final de Napoleón, cuando en una nota al general se le anunció que el enemigo estaba en movimiento frente a Ordal. Se retiró por un momento para dar la orden necesaria, y luego regresó a la mesa, a toda apariencia tan tranquilo y sin ser molestado como antes de la comunicación. La botella circulaba tan libremente como antes, demasiado libremente, pensé, teniendo en cuenta la proximidad del enemigo, y que se requieren cabezas frías y juicios claros, más especialmente en aquellos colocados de antemano y encargados de observar sus movimientos.

Pasó otra hora, y de la guerra a la política, los españoles cambiaron a temas más ligeros, y cuanto más a menudo rodaba el vino alrededor de la mesa, más fuerte y más animada se volvía la risa y la conversación. Justo cuando la alegría estaba en su apogeo, un ordenanza galopó ordenadamente hacia la puerta, quien informó de que el enemigo había llegado al piquet de Ordal y avanzaba con fuerza sobre el camino a Villafranca. Cuando se conoció este informe, el ruido cesó de inmediato: las voces se silenciaron, todas menos las del general, que dio algunas instrucciones, a la vez con claridad y precisión.

Los oficiales luego regresaron a sus puestos respectivos, y toda la división estaba bajo las armas, y en su marcha hacia el enemigo, en un tiempo increíblemente corto. El oficial inglés del Estado Mayor se había retirado algún tiempo antes de que esta alarma hubiera dispersado a nuestro ruidoso grupo, y Zehnpfinning y yo nos dirigimos inmediatamente a su cuartel, para informarle de lo que había sucedido. Descubrimos que (Sarsfield) se había ido a la cama, habiendo cerrado la puerta de su habitación, y, aunque llamamos y llamamos, e hicimos todo el ruido que pudimos, durante diez minutos o un cuarto de hora, no logramos causarle ninguna impresión. Cansados por fin de nuestros infructuosos esfuerzos, y sin tener más tiempo que perder, nos vimos obligados a dejarlo, convencidos a que si el enemigo avanzaba con la fuerza suficiente para obligar a Sarsfield a retirarse, él, así como sus papeles y documentos, caerían inevitablemente en sus manos. Luego conseguimos nuestros corceles, y siguiendo el camino que la división había tomado, pronto la adelantamos. No habíamos procedido más de un par de millas cuando el general recibió otro informe, que le informó de que la alarma era falsa. Había sido ocasionada por la descarga accidental de un centinela, con su mosquete, y aunque los piquetes del enemigo se habían observado en movimiento en la primera parte de la noche, no habían avanzado. Al recibir esta noticia, la división fue detenida, y, en una hora después, regresó a sus antiguos cuarteles.

Al llegar a Vilafranca, me tiré en una cama durante unas horas en el cuarto de Zehnpfenning, y a primera hora de la mañana siguiente tomé el camino hacia Vilanova, donde llegué sobre las seis de la mañana. Entonces, por temor a que los rumores falsos y exagerados de lo que había sucedido la noche anterior en Vilafranca pudieran llegar a los cuarteles generales y causar problemas y ansiedad innecesarios, me subí al barco de armas lo antes posible y me dirigí rápido a Tarragona. Luego di un relato veraz de todo lo sucedido al Almirante.

Fuga de Napoleón de la Isla de Elba.
Fuga de Napoleón de la Isla de Elba. | CEDIDA

Aquí me aventuraré en un breve aviso al general Sarsfield, uno de los pocos oficiales españoles que tuvo un papel distinguido en la lucha por rescatar a su país de la dominación francesa. El general Sarsfield nació en el ¿campo?, siendo hijo de un oficial que ostentaba el grado de capitán en el regimiento Ultonia (Ulster), uno de los batallones que formaban la brigada irlandesa al servicio de España. El joven Sarsfield fue educado en el seminario militar y obtuvo una comisión en el mismo regimiento que su padre tan pronto como cumplió la edad adecuada. Su padre, que nunca alcanzó un rango más alto que el de capitán, murió joven, dejando a su hijo, a la edad de dieciséis años, para luchar en la guerra y forjarse un nombre y fortuna para sí mismo. No estoy informado de qué rama de la familia derivó el general Sarsfield, ya sea del célebre defensor de Limerick o no. Lo cierto es, sin embargo, que se había asentado durante algunas generaciones en España, donde era muy respetado. La madre del general, a quien conocí en Alicante tras la muerte de su marido, falleció varios años después en Madrid, y desempeñó alguna posición en la Corte. De esto, así como del salario adjunto, fue privada cuando Napoleón usurpó el trono vacante de España; y España le odió a él, y a toda la nación francesa, con un odio mucho más cordial que sincero, ya que a través de ellos se había reducido el confort, la respetabilidad y la riqueza comparativa, a la pobreza y el abandono. En el momento en que escribo, de Sarsfield podría haber tenido unos veintiocho o treinta años de edad. En persona era alto y ligero, con rasgos guapos, compleción rubia, grandes ojos azules profundos y cabello rizado castaño, en apariencia exterior más parecido a un sajón que a un Milasian, o a un hijo de la España morena. Su dirección y modales eran particularmente corteses y afables, y aunque nunca había estado fuera de España, excepto una vez, cuando el regimiento fue acuartelado por un corto tiempo en Tenerife, hablaba inglés con fluidez y perfección, pero con un acento tan puramente irlandés como si nunca se hubiera desviado diez millas de Balinasloe, o el “Devil’s Bit”, en el condado de Tipperary.

Sarsfield era un subalterno con su regimiento en Cataluña cuando los franceses se hicieron tan traicioneramente dueños de las fortalezas en España, y en las diversas escaramuzas y luchas que los españoles sostuvieron en consecuencia en la provincia con sus poderosos enemigos, la gallardía y la audacia del joven Sarsfield siempre fueron eminentemente conspicuas. Tal conducta, en un momento en que no tenía más que pocos imitadores en España, pronto atrajo la atención, procurando para él una promoción temprana y rápida; y su audaz y magistral alivio de Figueras, al ser reducido al extremo y a punto de rendirse, por el que se le permitió aguantar cinco o seis semanas más, le ganó el grado de coronel. Ahora estaba generalmente empleado en un servicio separado, y siempre al mando, durante el cual él y sus tropas se distinguieron enormemente. Nunca fue golpeado en ninguna empresa que emprendió, ni sufrió para ser sorprendido, o llevado a una trampa; aunque el enemigo hizo muchos intentos, no pudo hacer nada, y con gusto habría atrapado a un líder tan audaz y problemático.

En 1811, cuando Tarragona fue sitiada por Suchet, Sarsfield comandó en el Fuerte Real, en cuya defensa desplegó su habitual firmeza y gallardía, manteniendo su puesto con una resolución inquebrantable y rechazando dos asaltos después de que el fuerte había sido reducido casi a un montón de basura. Si a Sarsfield se le hubiera permitido permanecer con los sitiados, posiblemente el resultado del asedio podría haber sido diferente; porque no habría sido la primera vez que la presencia, el ejemplo, la fortaleza y los recursos de un hombre han inclinado la escala de la victoria y han decidido una batalla o un asedio. Desafortunadamente, el Capitán General requirió, o imaginó que requería, su presencia en el cuartel general, y le envió una orden para que se uniera a él; y aunque se excusó dos veces por no renunciar a su puesto, una tercera y más perentoria medida cautelar, que amenazaba con la suspensión y el castigo adicional si dudaba más en cumplirla, al final le forzó a una obediencia reacia. La noche después de que Sarsfield abandonara el fuerte este, fue asaltado, y permitió que el enemigo colocara sus baterías de ruptura, con un poco más de trabajo, dentro de la distancia requerida de las murallas, lo que condujo a la rápida reducción de Tarragona.

La caída de esa fortaleza puso a los franceses en posesión de todos los lugares de fuerza de la provincia, que ahora podría decirse que están completamente sometidos. El Capitán General, de hecho, tenía todavía la sombra de un ejército, y Eroles, Sarsfield y Manso continuaban hostigando a los convoyes enemigos cada vez que se aventuraban a moverse sin una formidable escolta, lo que rara vez fue el caso. Aun así, eran prácticamente dueños de Cataluña, atravesando a lo largo y ancho de la tierra, cuando y donde quisieran.

En este estado de cosas, cuando los reveses y la desgracia persiguieron a todos los españoles en Cataluña, y en el momento en que la unanimidad y la concordia eran más necesarias que nunca para apoyar su causa de hundimiento, las disensiones estallaron entre algunos de sus líderes; y los celos por alguna posición que existía entre Sarsfield y Eroles aumentaron a tal altura que se hizo necesario, si no se encontraban medios para disiparlos, que uno u otro abandonara la provincia. En lugar de permanecer al margen, o usar su influencia para reconciliar y aliviar estas amarguras y celos, un oficial, cuya situación puso mucho en su poder, tomó una parte muy decidida a favor de Eroles, cuya consecuencia fue que Sarsfield fue trasladado a Aragón. Desde aquella época poco se oyó hablar de él en la costa, hasta que se unió al ejército anglo-siciliano, después de que este abandonara el Ebro; y cuando Suchet retiró la guarnición de Tarragona, y voló las obras, su división fue la primera que entró en la villa. A partir de entonces, mientras el ejército inglés permaneciera en la provincia, su división siempre se colocó por adelantado, en la que mostró su acostumbrada vigilancia y actividad. Posteriormente, cuando se le confió el bloqueo de Barcelona, realizó dos salidas vigorosas con pérdidas muy decididas por parte del enemigo.

El mariscal Soult, que, aunque luchaba duro, pero siempre vencido en los Pirineos y en el Norte de Francia por su activo y perseverante enemigo, se había visto obligado a desprenderse, de vez en cuando, de algunos de sus mejores batallones en ayuda de Napoleón, luego compitiendo en el otro extremo del reino por el imperio y por la vida con las abrumadoras masas de Austria, Rusia y Prusia, a su vez se vio obligado a sacar refuerzos del ejército de Suchet. Este último, así debilitado, vio por el rumbo que habían tomado los acontecimientos, que su posición avanzada en Cataluña ya no era prudente. Dejando, por tanto, fuertes guarniciones en Monjuich y Barcelona, y retirando la de Gerona, retrocedió, ocupando la línea de Fluviá, como había hecho antes con las del Xucar y el Llobregat. Previo a este movimiento por parte de Suchet, el general Clinton había establecido su cuartel general en Villafranca, y cuando el primero se retiró en el Fluviá, cruzó el Llobregat, y para el 7 de marzo de 1814, se estableció el bloqueo de Barcelona. El barco Guillaume Tell se trasladó con provisión y almacén de transportes a Castelldefells, para estar y abastecer a las tropas, según pudiera resultar necesario. El fondeadero de Casteldefell es bastante abierto, y la playa, expuesta, de modo que cuando el viento sopla fresco del mar, el oleaje rompe sobre ella con considerable violencia; en, consecuencia de lo cual, a menudo encontrábamos el desembarco de almacén y provisiones atendidos con dificultad, a veces con peligro. En efecto. Recuerdo que un transporte tuvo a un hombre ahogado un día por la perturbación de un barco cuando estaba en ese servicio.

Mientras el ejército estaba ante Barcelona, un oficial de la guarnición había mantenido durante algún tiempo una correspondencia secreta con el general Sarsfield, que comandaba las líneas de avanzada. Esta persona había sido ayudante de campo de Suchet, pero había hecho alguna pretensión de quedarse en Barcelona cuando el mariscal partió hacia la frontera. Dijo que era un español, de buena familia, y había sido educado en un seminario militar para la profesión de armas. Acababa de terminar sus estudios en el momento de la entrada de Murat en Madrid y, como otros de sus compatriotas de la época, estaba deslumbrado y cautivado por el esplendor y el prestigio que se unía al “Emperador” y a su ejército, mientras que estaba disgustado con las peleas, intrigas de la corte y la Familia Real de España. Este sentimiento lo llevó a unirse a los invasores y opresores de su país, y a convertirse en lo que la realeza denominó en burla: un “afrancesado”. En la campaña de 1809, cuando la guerra fue librada entre Francia y Austria, sirvió en el Gran Ejército, y su inteligencia y gallardía atrajeron la atención de Suchet, quien, al ser nombrado al mando en España, lo llevó consigo como uno de sus ayudantes de campo (literal).

Hasta aquí lo referente a Sarsfield relatado en la biografía de un teniente de la Marina Real Británica, a bordo del HMS, Guilleume Tell, navío de ochenta y cuatro cañones, en Cataluña en 1813, y conocido de Sarsfield.

Algunas fotos utilizadas en diversos escritos son tomadas de Internet. Tratamos siempre de citar las fuentes y, sin ánimo de lucro, solo intentamos dar a conocer a destacados personajes, especialmente militares ceutíes, algunos poco conocidos y otros olvidados, a los que debemos recordar.

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