La política (in)sostenible del PP de Ceuta
Opinión
Hay ciudades que miran al futuro con los pies bien asentados en el presente. Otras, como la nuestra, condenadas por su Gobierno a vivir atrapadas en el siglo XX, impermeables a los cambios, ajenas al progreso
Hay ciudades que miran al futuro con los pies bien asentados en el presente. Otras, como la nuestra, condenadas por su Gobierno a vivir atrapadas en el siglo XX, impermeables a los cambios, ajenas al progreso. Ciudades que han comprendido que la sostenibilidad es ahorro, que las políticas medioambientales son calidad de vida, que el futuro ya está aquí. Y otras, como Ceuta, en las que su Gobierno vive ignorante y feliz en el siglo pasado. Aquí la transición energética no está en la agenda, tampoco la movilidad sostenible y la política medioambiental se limita a parques y jardines. En Ceuta, al parecer, ni tan siquiera la contaminación es un problema, "porque esto no es China, que aquí con el viento que tenemos, se lo lleva todo". (Alejandro Ramirez consejero de Medio Ambiente dixit)
Y mientras, España camina con paso firme hacia un futuro sostenible, batiendo su récord histórico de generación renovable —con casi diez gigavatios de potencia solar fotovoltaica y eólica instalados en un solo año y una producción renovable que alcanzó el 56,6% del mix energético nacional— y no hay ciudad española que se precie sin un plan de impulso a la movilidad alternativa y sostenible o que no tenga sobre la mesa una estrategia para hacer frente al cambio climático. Un país en el que nuestra ciudad sigue siendo la anomalía: ni un solo palmo de carril bici (real), ni una sola alternativa de transporte público verde, en la que se prefiere cortar árboles y sembrar hormigón y (hasta hace unos pocos días) la única región española sin capacidad renovable instalada.
Eso último ha cambiado recientemente, pero sólo desde un punto de vista estadístico. Ceuta aparecerá por fin en el mapa de energías limpias tras la inauguración de una planta fotovoltaica que supone un hito para Ceuta; pero que ha sido posible gracias a la iniciativa privada, al apoyo decidido del Gobierno de la Nación y del Puerto y que tuvo que sortear el escepticismo y la habitual desidia del Ejecutivo local. Y que, conviene subrayar, la finalidad de esta planta es aportar energía limpia al Centro de Datos que la propia compañía está construyendo. O lo que es lo mismo, esta central fotovoltaica es la prueba del fracaso del Gobierno del PP: Otro modelo energético es posible en Ceuta, sólo falta voluntad política, pero no la hay.
En definitiva, todo sigue igual a este lado del Estrecho. Felices en nuestra ignorancia, fieles a los usos y costumbres del siglo XX, cuando el cambio climático o la necesidad de una política de desarrollo sostenible no estaban en la agenda política. El Gobierno de Juan Vivas lleva un cuarto de siglo convirtiendo la inacción en su forma de hacer política en materia de sostenibilidad, mirando la transición energética o cualquier otra política sostenible desde la distancia más cómoda que existe: la del espectador. Sin un Plan Energético vigente, sin un plan de movilidad sostenible, sin ayudas al autoconsumo, dejando pasar líneas de financiación del Estado y fondos europeos, incluso negando que la contaminación pueda ser un problema.
Así y todo, lo más llamativo no es lo que no se ha hecho. Es lo que se ha dejado pasar, pese a estar el dinero y los medios al alcance de la mano. El plazo para ejecutar las ayudas europeas vinculadas al Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia finaliza el próximo 31 de agosto de 2026, sin posibilidad de prórroga y sin que el PP haya movido un dedo. El propio Gobierno reconoció en el último pleno que Ceuta no se ha presentado al PERTE de energías renovables, hidrógeno renovable y almacenamiento. Un PERTE diseñado precisamente para ciudades y territorios que necesitan dar el salto. Un PERTE que Ceuta, una vez más, ignoró.
Pese a todo, el Ejecutivo local despliega su argumentario triunfal habitual: las placas que se ponen, (aunque las pongan otros) los puntos de recarga que se gestionan, (aunque los promuevan y los paguen otros) o los 1,1 millones de euros en ayudas europeas canalizados a través de Procesa. Números que suenan a gestión, que lucen muy bien en un titular, pero que, vistos en perspectiva y con el necesario contexto tienen más de cosmética que de política. Y es que —por poner sólo un ejemplo comparativo— este Gobierno invirtió en este capítulo la tercera parte de lo que se gasta (2,9 millones de euros al años) en renovar las flores de los jardines y jardineras que adornan el centro de la ciudad y mantener los pocos parques y zonas verdes que tenemos. O sea, nada. Y todo ello mientras dejaba pasar fondos comunitarios y planes estatales.
La sostenibilidad no es sólo energía limpia o ir en bicicleta al trabajo. Es la forma en que una ciudad piensa su futuro: sus árboles, su movilidad, sus residuos, su litoral, el aire que respiran sus vecinos. En todos esos frentes, el balance del PP en Ceuta en los últimos 25 años es el mismo: anuncios que no se ejecutan, acuerdos unánimes de la Asamblea que duermen en un cajón, fondos europeos que expiran sin haberse pedido, realidades que prefieren ignorarse o incluso negarse y todo ello agravado por 25 años sufriendo un carrusel de consejeros de Medio Ambiente sin la formación ni la sensibilidad necesarias.
Un grave problema este último del que el actual responsable del área es la máxima expresión, capaz de poner en cuestión el cambio climático; negarse a implantar la Zona de Bajas Emisiones (ZBE); responsable político de las podas salvajes, de la sustitución de árboles por hormigón e incapaz, pese a llevar una legislatura en el cargo, de desarrollar los planes de ordenación de recursos naturales y desarrollo de las dos zonas protegidas de nuestra ciudad, una obligación legal y principal asignatura pendiente de la Consejería desde hace demasiados años.
Y todo ello en una ciudad pequeña, con un territorio limitado y sin recursos propios pero que tiene en la sostenibilidad una oportunidad estratégica que este Gobierno ha elegido sistemáticamente no ver. Ceuta tiene el potencial —300 días de sol al año y el viento del Estrecho soplando a perpetuidad— y el tamaño adecuado para ser un referente de transición justa, de eficiencia, de innovación en espacios reducidos. Mientras, el Gobierno de Vivas, feliz en su ignorancia, deja pasar el tiempo y las oportunidades.
Pero el tiempo y las oportunidades, como los recursos, se agotan y Ceuta no puede seguir siendo la excepción, el territorio que llega siempre tarde, el que mira los avances desde lejos. La diferencia entre una opción y la otra no es geográfica ni climática. Es elegir entre seguir viviendo felices e ignorantes en el pasado o afrontar el futuro. Los socialistas lo tenemos claro, apostamos por el futuro. Por un futuro verde, sostenible y justo.