OPINIÓN
Eso se lo preguntan a Vivas
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Eso se lo preguntan a Vivas.
Escueta respuesta de Pedro Sánchez a preguntas de los periodistas sobre la situación de los menores no acompañados en Ceuta.
Si no fuera porque todos sabemos (¿?) lo amable que es el presiente, podríamos pensar que más que una respuesta pareció una declaración de guerra, quizás híbrida, hecha en primera persona, sin la mediación de ninguno de sus ministros y ministras, que también se despachan bien. O sea: en persona, con su voz y su estilo del Clint Eastvood de “el bueno, el feo y el malo”. Algo así como “que le den… a Ceuta”.
No conviene hartar a nuestro presidente, que el hombre tiene su límite de paciencia… ¿Cómo es posible que cada vez menos personas tengan en cuenta la cruz que soporta sobre sus hombros? Su hermano, su esposa, su suegro, su fiscal general, su amigo del alma Ábalos, su otro amigo del alma Cerdán, su incondicional Leire… Los jueces corrompidos y atacándole sin piedad. Si es que hasta aquel pequeño Peugeot de la victoria, el de las risas, las juergas y las confidencias, es como una pesadilla sacada de un cuento de Allan Poe. Y luego lo de Marlaska, que es para llorar. Al Presidente le pasa como al que montó un circo, pero nadie le consuela y eso, a una persona que como él (¿?) se ha sacrificado tanto por España, no sólo le tiene que doler, sino cabrear. Es comprensible ¿verdad? No coge vacaciones, viaja en tren o en líneas aéreas comerciales, no lleva escolta y desprende amor por la humanidad por todos los poros (¿?). Es como un mesías con su azote de cuerdas luchando contra los mercaderes: EE UU, Israel, Milei, Feijó y ahora Vivas, pero comprende a Hamás, a Marruecos y a Venezuela. Tiene un respeto reverencial al rey de Marruecos, pero desprecia al rey de España. ¡Ay! La que nos espera cuando su ira nos alcance, porque estuvo entre nosotros y no le aclamamos, porque le criticamos y, en algunos casos, recibió insultos e injurias. Él, que vino a salvarnos, se fue de Ceuta con muy mal sabor de boca.
Ya saben de qué va a ir esto a partir de ahora: Lo que estamos viendo va a ser la nueva normalidad a la que tenderemos que acostumbrarnos y, cómo no, que de lo que pase en Ceuta en lo sucesivo, que le pregunten a Vivas. Bien, presidente, clarito y a la yugular. Ha faltado sólo un pequeño detalle: ¿Po qué no le entrega a Vivas también el poder que usted tiene para resolver la situación? Si lo hiciera, podría desde ese mismo instante decir lo de “que le pregunten a Vivas”. Sin acritud, presidente, reciba sin acritud un cordial saludo.
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