El régimen disciplinario de Servilimpce, un cachondeo
Opinión
La Sección Sindical de CCOO quiere mostrar su asombre e indignación ante el modo en el que el Gerente de la sociedad está gestionando el régimen disciplinario en la empresa Servilimpce
Al presidente del Consejo de Administración,
La Sección Sindical de CCOO, a través del presente escrito quiere mostrarle su asombre e indignación ante el modo en el que el Gerente de la sociedad está gestionando el régimen disciplinario en la empresa Servilimpce.
El elemental principio de equidad que debe informar de manera inexcusable los actos de administración de justicia, ha sido sustituido por la más absoluta y descontrolada arbitrariedad. Así, hechos de idéntica naturaleza son tratados de forma radicalmente diferente. Lo que en unos casos se convierte en sanciones exageradamente “ejemplares” de meses de empleo y sueldo, en otros casos se perciben como cuestiones menores saldadas con sanciones prácticamente testimoniales. La sonrojante diferencia, no encuentra su fundamento en las circunstancias objetivas, sino en el grado de afinidad de sus autores con el “clan del Gerente”. La dirección de la empresa ha dividido la plantilla en dos bloques claramente diferenciados. Quienes gozan del favor del triunvirato que compone la gerencia, son tratados con mimo, comprensión y cariño resultando siempre inmunes ante cualquier adversidad. Los que no aceptan la sumisión como pauta de comportamiento, son escrutados, perseguidos y castigados con un rigor tan extremo como incomprensiblemente injusto.
Los ascensos de categoría, los puestos y horarios más cómodos, e incluso incrementos retributivos encubiertos, siempre recaen sobre quienes gozan del favor de ese fáctico poder instituido (al margen de la ley, los estatutos y el convenio colectivo), que campa a sus anchas por la empresa ante una pasividad que provoca auténtico estupor.
Esta manera de funcionar resulta repugnante y repudiable en todos los casos; pero tratándose de una empresa pública, resulta absolutamente intolerable. A usted, señor Presidente, le corresponde la responsabilidad de poner fin a este auténtico disparate. Poner orden en Servilimpce no es ya una opción, sino una obligación inaplazable.