Responsorio caballa de San Antonio del Monte Hacho

COLABORACIÓN

Jacobo Díaz Portillo
Jacobo Díaz Portillo
09 jun 2026 - 03:10

I. Evocación y Clamor en la Ermita

¡Silencio, cofrades del Hacho! ¡Atended, caballas de la mar y de la duna, los que cruzaron el Estrecho y los que nacieron en esta cuna, que la mañana del trece de junio ya viene rompiendo sus olas de oro y plata, relucientes como ninguna, en las entretelas del alma! Mirad qué maravilla: cómo asciende el cortejo de romeros por las floridas y escarpadas pendientes de San Amaro, entre el verde de los pinos y la retama amarilla que estalla encendida en sus manos, en un jardín de colores entre el mar y la montaña, entre su altar y la espadaña, desde el corazón hasta el alma. Huele a primavera consumida, a cera derramada que se funde como un candelero encendido que ni el levante apaga, y a ese tardío azahar bendito y rezagado que sube a besar la frente del Doctor de los milagros.

Allí viene, mecido sobre su parihuela de madera, el predicador que nos hace pregoneros, el arca temprana del Nuevo Testamento, ese firme basamento que, con cariño y celo, va acariciando al Divino Chiquillo con sus dedos. Míralo, Ceuta, que tu ermita calera y calada vuelve a germinar como el trigo limpio que reverdece en tu vereda. Ante los ojos asombrados de los niños y el suspiro cofrade de los viejos pescadores de la Almadraba, se abre el catálogo celestial de sus prodigios. Si buscas milagros, caballa, todo está escrito; no mires al cielo buscando un astro perdido en el espacio infinito: dobla las rodillas en el altar mampostero, verde esmeralda, y mira el rostro sereno de San Antonio bendito.

II. El Responsorio caballa

Si buscas milagros, mira:

muerte y error desterrados,

la herejía que se retira

ante tus labios sagrados.

El mar sosiega su ira,

el dolor se ha retraído,

bajo el poder de tus manos,

miseria y demonio huidos,

leprosos y enfermos sanos.

Si buscas milagros, mira:

¡Qué dulce misterio brota

donde la enfermedad termina

y el mal se agota!

Si buscas milagros, mira:

No hay alma que quede rota,

ni hogar que sufra la inquina,

ni herida que siga abierta,

ni puerta para la derrota.

El mar sosiega su ira,

la calma bautiza las olas,

mientras el Santo las mira

con la oración en la boca.

Redímense encarcelados,

rómpanse las cadenas de los males,

mientras los vientos calmados

cantan las salves de los mares.

Miembros y bienes perdidos

recobran mozos y ancianos,

se fue el desprecio con el olvido,

los males ya sepultados,

las redes de los retenidos

por los pecados del pasado.

El peligro se retira

cuando despierta la aurora,

los pobres van remediados

por tu mano bienhechora,

y con el pan que da la vida

y el Niño en tu cintura,

queda la mesa bendecida

y desterrada la amargura.

Cuéntenlo los socorridos,

díganlo los paduanos,

los que olvidaron sus penas,

los que saciaron sus dudas

los que tocaron tus manos,

los que el milagro alcanzaron,

los que fueron a tu verbena.

El mar sosiega su ira

ante tu túnica canela,

que toda tu gente te mira

en tu nueva parihuela,

mientras el Hacho suspira

y crece la hierbabuena.

El mar sosiega su ira,

desde Calamocarro a la Potonera,

en el Chorrillo y en el Desnarigado,

en el puerto y en la Ribera,

en Punta Almina y San Amaro,

el peligro se retira,

Ceuta es tu relicario;

¡viva el Santo del milagro

que por el monte camina

rezando el Santo Rosario!

Oh Dios, que por la predicación encendida de tu siervo San Antonio hiciste que hasta los peces del mar escucharan la verdad de tu Palabra divina, concede a este pueblo marinero de Ceuta guardar con celo el girasol de la fe, el trigo verde de la esperanza, el pan de la caridad y la sal de la vida. Que por tu intercesión se curen nuestros males, se calmen las tempestades de nuestra alma, se encuentren los afectos perdidos, se acaben las añoranzas y caminemos siempre vestidos de esperanza, con la caña de romero, al abrigo de la paz y la concordia por los infinitos senderos de nuestra eterna primavera caballa. Antonio, escucha nuestras oraciones y alabanzas, por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

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