El surf sanitario ceutí de Mónica García

Opinión

Esta ministra ha elegido a lo largo de su fracasado mandato, estrategias como la infoxicación compulsiva, el surf sanitario sobre la sanidad pública y brujulear con relatos sanitarios sesgados. Todo para no asumir responsabilidades

El Gobierno local recibe a la ministra de Sanidad, Mónica García
El Gobierno local recibe a la ministra de Sanidad, Mónica García | G. Sardá
Miguel Lázaro
17 ago 2026 - 20:08

Esta ministra ha elegido a lo largo de su fracasado mandato, estrategias como la infoxicación compulsiva, el surf sanitario sobre la sanidad pública y brujulear con relatos sanitarios sesgados. Todo para no asumir responsabilidades. Esta ministra que pasara a la historia por una huelga médica nacional con más de cuatro millones de pacientes afectados y la indi-gestión crónica de Ingesa , que penaliza gravemente a los ciudadanos ceutíes, ha optado de nuevo por la verborrea selectiva: tensión versus colapso, para intentar de nuevo ganar el relato desculpabilizador que ya no cuela entre los españoles de Ceuta, hartos de su impostura y de su sobreactuación.

17 días tras la invasión, más de dos semanas de ausencia de no dar la cara, ese es el compromiso con la sanidad pública ceutí. Ese es el apoyo a los magníficos profesionales sanitarios de una maltrecha sanidad pública. Después de más de dos semanas desde la llegada masiva de inmigrantes, después de días de advertencias de los médicos, después de que el Colegio de Médicos denunciara una «catástrofe asistencial» y reclamara refuerzos externos, protocolos y medios extraordinarios, la ministra aparece en Ceuta para explicarnos que la sanidad está «tensionada», pero que no existe colapso.

¿Y la gestión, ministra? Porque una cosa es describir una crisis y otra muy distinta es gestionarla. Y gestionar una situación extraordinaria significa poner encima de la mesa medidas extraordinarias. Significa enviar médicos. Significa reforzar los servicios que están soportando la mayor presión. Significa establecer protocolos específicos de derivación. Significa habilitar dispositivos asistenciales extraordinarios. Significa aumentar la capacidad diagnóstica y de vigilancia epidemiológica. Significa coordinar a INGESA con el resto del Sistema Nacional de Salud. Significa tener preparado un mecanismo para trasladar pacientes si la capacidad de Ceuta se aproxima a su límite. Significa anticiparse. Eso es gestionar. Lo otro es comparecer ante las cámaras y explicar que la situación está «tensionada”.

El Ministerio llega tarde al lugar donde tenía que haber estado desde el primer día. El Colegio de Médicos de Ceuta llevaba días reclamando precisamente eso: refuerzos del exterior, protocolos y una logística sanitaria adecuada. Incluso llegó a plantear la posibilidad de un hospital de campaña y la recuperación de instalaciones para aumentar la capacidad asistencial. No eran peticiones extravagantes. Eran las peticiones de los profesionales que estaban viendo la situación desde dentro. Y, sin embargo, la respuesta del Ministerio fue fundamentalmente discursiva. Primero se negó el colapso. Después se habló de normalidad. Ahora se habla de una sanidad «tensionada».

Y mientras tanto, los profesionales siguen siendo los que absorben buena parte del impacto. La ministra ha anunciado finalmente algunas medidas, entre ellas el envío de personal propio para refuerzo epidemiológico y la contratación de más de 60 profesionales hasta finales de agosto. Pero aquí aparece una pregunta inevitable: ¿Por qué después de una crisis de esta magnitud el Ministerio necesita llegar hasta mediados de agosto para empezar a anunciar refuerzos? ¿Dónde estaban los protocolos extraordinarios el 31 de julio? ¿Dónde estaba el dispositivo sanitario adicional cuando comenzaron a llegar miles de personas? ¿Dónde estaba el mecanismo de derivación? ¿Dónde estaba la planificación para evitar que la presión recayera sobre una plantilla que ya tenía problemas estructurales?

Porque el Ministerio no puede esperar a comprobar si se produce el colapso para empezar a actuar. La obligación de un responsable sanitario es anticiparse al colapso. “Tensionada”: la palabra que sustituye a las medidas. Y aquí volvemos a la palabra favorita de Mónica García. “Tensionada”. Es una palabra extraordinariamente útil para quien gobierna. Porque reconoce que algo ocurre, pero no obliga a reconocer su gravedad. Admite que existe presión, pero evita hablar de desbordamiento. Reconoce el sobreesfuerzo, pero no necesariamente asume la insuficiencia de recursos. Y permite terminar diciendo: “No hay colapso”.

Es casi perfecta para ganar el relato. Pero tiene un pequeño problema. Los pacientes no se atienden con relatos. Los médicos no hacen guardias con eufemismos. Las urgencias no se descongestionan cambiando el nombre de la saturación. Y una plantilla insuficiente no aumenta porque la ministra diga que está «tensionada”. Si hay sobreesfuerzo, ¿dónde están los refuerzos? Esta es probablemente la pregunta más incómoda. La propia ministra reconoce que los profesionales han realizado un sobreesfuerzo para mantener la asistencia. Perfecto. Pero entonces la respuesta lógica de una Administración responsable debería ser inmediata: si hay sobreesfuerzo, ponemos refuerzos. No felicitar al profesional porque aguanta. No convertir su sacrificio en una prueba de que el sistema funciona. No utilizar la capacidad de resistencia de los médicos como argumento contra quienes denuncian la situación.

Los médicos no son el recurso extraordinario de INGESA. Son trabajadores que necesitan unas condiciones de trabajo adecuadas para poder garantizar una asistencia segura. Cuando una situación extraordinaria exige que una plantilla ordinaria haga un esfuerzo extraordinario durante días, lo razonable es incorporar recursos extraordinarios. Eso es gestión sanitaria. Y hay otra pregunta que Mónica García debería contestar Ceuta tiene una particularidad que hace todavía más difícil de entender esta situación. Su sanidad depende directamente de INGESA. Es decir, depende directamente del Ministerio de Sanidad. INGESA depende del Ministerio.La planificación de recursos humanos de INGESA depende del Ministerio.

La política de captación y fidelización de especialistas depende del Ministerio. La capacidad de anticipación ante situaciones extraordinarias depende, en buena medida, del Ministerio. Y la responsabilidad política última también. Por eso la crisis actual debería servir para hacer exactamente lo contrario de lo que está haciendo la ministra: mirar debajo de la alfombra. No puede Mónica García comportarse como si estuviera visitando una comunidad autónoma cuyo sistema sanitario pertenece a otra Administración. Aquí no hay excusa competencial. La sanidad de Ceuta es responsabilidad directa del Estado.

Y, por tanto, cuando los profesionales dicen que faltan recursos, cuando piden refuerzos, cuando solicitan protocolos extraordinarios y cuando advierten de que la situación puede empeorar, la respuesta no puede ser simplemente explicar que todavía no se ha producido el colapso. Una ministra que llega después de quince días para explicar que el sistema no ha colapsado está describiendo el pasado. Una ministra que llega con recursos para evitar que pueda colapsar está gestionando el futuro.

Lo que Ceuta necesitaba de Mónica García no era una notaría que certificara si técnicamente había colapso. Necesitaba una ministra. Una ministra que llegara con un plan. Con recursos. De nuevo la CESM quiere felicitar a los médicos y a todos los profesionales sanitarios su compromiso con los pacientes. Nunca tantos debieron tanto a tan pocos. Ya saben en derrota transitoria pero nunca en doma.

Miguel Lázaro

Presidente de la Confederación Estatal de Sindicatos Médicos (CESM)

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