VAMOS A CONTAR MENTIRAS
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En la mitología griega, Procusto era un bandido que vivía en las cercanías de Atenas. Invitaba a los viajeros a descansar en una cama de hierro, pero esta tenía siempre un tamaño diferente al de sus víctimas. Si la persona era más alta que la cama, Procusto le cortaba las partes del cuerpo que sobresalían; si era más baja, la estiraba violentamente hasta ajustarla al tamaño de la cama. Este mito simboliza el uso de la fuerza para conseguir que todo se ajuste a un mismo modelo.
Hace ya un mes que los ceutíes venimos sufriendo una crisis de una terrible gravedad y de consecuencias todavía desconocidas. Caminamos tan desolados como los errantes que deambulan por nuestras calles. Como ciudadanos nos sentimos asombrados, desamparados, frustrados, enojados, impotentes, iracundos, asustados, humillados. Es una montaña rusa emocional, un torbellino de sentimientos que se acumulan y que no siempre sabemos cómo digerir. Día tras día, la indignación, el miedo y la impotencia han ido sedimentando en nosotros, hasta convertir el malestar individual en una tensión colectiva cada vez más difícil de contener. Esta sociedad, afectada y dolida, necesita el descanso necesario. Y Procusto observa, dispuesto a actuar. Los provocadores, los oportunistas, los advenedizos, los que agitan el miedo, los que alimentan el enfrentamiento, los que hacen de la crispación una estrategia, los que necesitan enemigos para tener un relato, los que buscan titulares antes que soluciones, los que reducen una realidad compleja a una consigna, los que buscan sacar tajada, todos ellos parecen querer colocar a Ceuta en su propio lecho. Cada cual pretende medirla con su vara, ajustar la realidad a su relato y recortar todo aquello que no encaja con sus intereses.
Ceuta es una ciudad con una realidad demasiado compleja para caber en una sola medida. La realidad que nos está tocando vivir no encaja y, sin lugar a ninguna duda, habremos de exigir a nuestros políticos las soluciones y la eficacia que no nos han llegado a tiempo. Sin embargo, debemos plantarnos, todos unidos, ante aquellos que sienten la infame tentación de confrontarnos. El cuerpo de Ceuta es diverso, variado, rico y hermoso en su complejidad. Por eso, frente a quienes pretenden convertir a Ceuta en su particular lecho de Procusto, debemos proclamar nuestro rechazo firme y sereno a toda forma de violencia. El hartazgo es grande y la demora de una solución definitiva no ayuda, pero somos una ciudad pacífica, defendemos la dignidad de las personas y conocemos el valor de las diferencias. No queremos que el miedo, la provocación o el enfrentamiento dicten el tamaño de nuestra convivencia. Ceuta necesita soluciones, respeto, diálogo y voluntad para revertir esta grave situación, pero la defensa de nuestra ciudad no puede separarnos.
Frente al lecho de Procusto, elegimos la palabra. Frente a la violencia, la convivencia y nuestro futuro común. Proteger Ceuta significa, también y sobre todo, protegernos unos a otros.
El mito cuenta que fue Teseo quien puso fin a la crueldad de Procusto. Le hizo probar su propia medicina: lo tendió sobre aquella misma cama y ajustó su cuerpo a la medida que él había impuesto a los demás. No queremos que Ceuta termine convertida en esa cama en la que unos pretenden recortar a los otros a golpes, estirando identidades o alimentando enfrentamientos. Que sea la inteligencia y no la violencia la que determine nuestro futuro.
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