Teniente General D. Pedro Sarsfield Waters Ceuta 1781-1837 Pamplona

COLABORACIÓN

Primera Guerra Carlista (1833-1839). (Primera parte)

Muerte de Fernando VII.
Muerte de Fernando VII. | CEDIDA

Últimamente publicamos un escrito en tres partes en este mismo diario sobre don Pedro Sarsfield, y su intervención en la Guerra de la Independencia (1808-1814). Estos escritos son de fecha 13, 14 y 15 del 01.2026.

Ahora lo haremos extensamente sobre su participación en la Primera Guerra Carlista (1833-1839).

Entre el final de la Guerra de la Independencia (1814) y el principio de la Primera Guerra Carlista (1833), el general Sarsfield tuvo varias participaciones importantes, de las que ya hemos comentado en otros escritos, pero que resumiremos lo más brevemente posible.

Tras la Guerra de la Independencia se encontraba recuperándose de la rotura de una pierna en los baños de Caldetes (Barcelona), donde recibió el nombramiento de comandante de una de las divisiones del Ejército de Ultramar.

Este era un cuerpo expedicionario de 20.000 hombres que debería partir el 1 de enero de 1820, pero solo se pudieron reunir 14.000, debido a que ni la oficialidad ni las tropas querían embarcar.

Para la expedición fue nombrado comandante en jefe el general Enrique O´Donnell y como segundo, el mariscal de campo Pedro Sarsfield. El 23 de junio de 1819 se designó a Pedro Sarsfield como nuevo jefe de la expedición.

El pronunciamiento del Palmar: Al primero que propusieron para el pronunciamiento fue a Sarsfield, que hizo como que aceptaba, y con el general Enrique O´Donnell detuvieron a parte de los golpistas liberales, entre ellos al coronel Quiroga y al comandante San Miguel.

Más tarde, para el golpe, fue nombrado coordinador Mendizábal. Aún faltaba un jefe militar para el pronunciamiento. Alcalá Galiano buscaba un jefe militar y pensó en el coronel Antonio Quiroga, pero este estaba detenido en la cárcel de Alcalá de los Gazules. Mendizábal comunicó que el teniente coronel Rafael de Riego se ofreció a encabezar el pronunciamiento. Rafael de Riego era teniente coronel en dicha expedición a América.

Una buena parte de las tropas que tenían que haber ido a tierra firme fueron la base para que Riego produjera el pronunciamiento, que sería el inicio del Trienio Liberal.

El nombramiento de Riego tuvo algo de similitud con el nombramiento de Pedro de Meneses como gobernador y capitán de Ceuta, tras la toma de la ciudad por los portugueses.

En este último caso, el primero en ser nombrado fue el condestable don Nuño Álvarez de Pereira, el segundo propuesto fue el mariscal del reino don Gonzalo Vaz de Coutinho, el tercero sería don Martín Alonso de Melo, guarda mayor y jefe de la escolta del rey Juan I. Todos pusieron diversas excusas para no tener la responsabilidad del cargo, hasta que se ofreció don Pedro de Meneses, alférez del infante don Duarte.

Con motivo de su lealtad a la Corona en estos acontecimientos, Sarsfield obtuvo el empleo de teniente general.

Gran Cruz de Isabel La Católica.
Gran Cruz de Isabel La Católica. | CEDIDA

Real Decreto de Fernando VII

Por cuanto, atendiendo a los méritos y distinguidos servicios del mariscal de campo D. Pedro Sarsfield, he venido a conferirle, como en virtud del presente confiero, el empleo de teniente general de mis Ejércitos.

Dado en Palacio a 13 de julio de 1819. Don Pedro Sarsfield tenía 37 años de edad.

El 24 de diciembre de 1824 obtuvo el nombramiento de capitán general de Galicia.

El 7 de julio de 1825 redactó la “Relación Histórica de la conducta política y militar que ha observado durante el sistema constitucional el teniente general… Desde el 1º de enero de 1820 hasta el 31 de diciembre de 1823, arreglado al artículo 7º de la Real Cédula de 9 de agosto del año próximo pasado”. No localizada.

Manuscrito fechado en Barcelona el 7 de junio de 1825, gracias al cual recibió su purificación el 19 de julio de 1826.

En enero de 1827, por Real Decreto, el teniente general Pedro Sarsfield fue nombrado comandante en jefe del Ejército de Observación del Tajo (también conocido como Ejército de Observación de Portugal). De dicho decreto sacamos un resumen:

La proximidad e inmediación de nuestra larga frontera con Portugal, contigua al teatro de las discordias civiles que desgraciadamente, sobreviven en aquel país después de la muerte de su Soberano, el Señor D. Juan VI, de respetable y pacífica memoria.

Conforme a sus soberanas intenciones, se acaba de reforzar todos los puntos militares y más principalmente, las fronteras con guarniciones competentes, dando a su organización las propiedades de la defensa y de la unidad, y añadiendo a su acción el vigor necesario por medio de un Cuerpo de Observación establecido sobre nuestras líneas interiores del Tajo, bajo el mando en jefe del Teniente General Don Pedro Sarsfield, en cuyas filas se hallan juntamente las virtudes militares de las recientes campañas de fidelidad con la guerra de los seis años.

En junio de 1827 se celebraron los días de S.M. Fernando VII. Por dicho motivo, dispuso el general Sarsfield, jefe del Ejército de Observación, que todas las tropas a su mando ejecutasen maniobras militares, para que, al paso, sirviesen de pública manifestación de sus sentimientos de lealtad al Rey, y contribuyesen a la instrucción de la juventud en los sentimientos más comunes de la guerra.

Como dato anecdótico, diremos que en este Ejército de Observación estuvieron a las órdenes del general Sarsfield los hermanos Carlos Luis, Juan José, Enrique y Leopoldo O´Donnell y Joris, así como los ceutíes Carlos de Vargas Machuca-Cerveto, que con el tiempo llegaría a gobernador de la isla de Santo Domingo (actual República Dominicana) e Isidro Alaix, recién llegado a España tras la defensa del Callao, que, siguiendo su carrera militar, la terminaría como teniente general y ministro del Ejército, y también el que sería famoso general carlista D. Tomás de Zumalacárregui.

Los tres hermanos arriba citados de D. Leopoldo O´Donnell, así como el marido de su única hermana, lucharon en el lado carlista durante la Primera Guerra (1833-1839).

Sobre esto, en nuestro escrito en El Pueblo de Ceuta, de fecha 31.03.2025, titulado “Los O´Donnell carlistas”, o bien en Internet, Luis Mauricio, colaboraciones el Pueblo de Ceuta.

El 10 de enero de 1828, Sarsfield fue nombrado gobernador político y militar de Tarragona.

En 1829 le fue concedida la Cruz Laureada de San Fernando de 4ª clase.

Preliminares de la Primera Guerra Carlista 1833-1839

Los sucesos de la Granja, 14 de septiembre de 1832: Fernando VII sufrió una grave recaída de su enfermedad, lo que hacía previsible su muerte. Junto al rey se encontraban los ministros de Estado y de Gracia y Justicia, el conde de Alcudia y Calomarde, y también el obispo de León, Joaquín Alcorta.

Los partidarios del hermano de Fernando VII, D. Carlos María Isidro, intentaron la anulación de la pragmática de 1789 de Carlos IV, que Fernando VII hizo pública el 31 de marzo de 1830. La pragmática de 1830 permitía que las mujeres pudiesen reinar.

El Ejército de Observación del Tajo, que no había sido disuelto al aclararse los problemas de Portugal. Dicho ejército en esos momentos estaba al mando del mariscal de campo D. Pedro María Pastor, pero dependiendo del teniente general Sarsfield, como se comprueba en la biografía de D. Pedro María Pastor.

Dispondrá V. E. al mando del mariscal de campo D. Pedro María Pastor, que se reúna un cuerpo de 6.000 hombres, con las piezas de la brigada de artillería, y emprenda su marcha forzada en dirección a Ávila, donde recibirá órdenes. Ni el referido general, ni el cuerpo indicado quedan separados de las órdenes de V. E. de las que dependen inmediatamente, pues siendo esta una medida provisional, y solo se dirigirá a asegurar la tranquilidad de esta capital, que se halla amenazada. Solo podrá llegar el caso de que yo directamente le comunique lo que ha de practicar a V.S. y así debe V.E, prevenirlo con Pastor. Dios guarde muchos años. =Cuartel General de Salamanca=, 20 de septiembre de 1832. =PEDRO SARSFIELD= Sr. Mariscal de Campo D. Pedro María Pastor.

En 1 de octubre de 1832, el rey Fernando VII se recuperó milagrosamente de su enfermedad, cuando ya se le daba por muerto.

Una vez que le llegó a Sarsfield la noticia de la recuperación del rey, envió el siguiente comunicado a la reina regente.

SEÑORA: En estos últimos aciagos días, cuando triste y pesarosa rogaba España por la existencia de su Soberano, el fiel Ejército de Observación, en actos públicos y religiosos, suplicó también al pie de los altares. Sus fervorosos y repetidos ruegos fueron felizmente atendidos, y el cielo, restableciendo la salud del mejor de los Reyes, restituyó a V.M. un augusto y amado esposo, a vuestro pueblo un padre, el más querido. Dígnese, pues, V.M. admitir, por tan feliz suceso, la sincera felicitación que, con sentimiento de pura lealtad y la más firme decisión de sostener la Soberanía del Rey (que Dios conserve), así como los derechos de su Real y Excelsa descendencia, ofrecen a vuestros augustos pies, Señora, en unión del General en Jefe, los Generales, Jefes, Oficiales e individuos todos del Ejército que tengo el honor de mandar. Dios conserve la vida de VV.MM., la Excelsa primogénita Princesa, Augusta Infanta, y demás de la Real familia, para la felicidad y gloria de esta monarquía. = Salamanca, 30 de octubre de 1832 =Señora= A.L.R.P. DE V.M. =Pedro Sarsfield=

El 7 de noviembre de 1832, Sarsfield fue nombrado gobernador, capitán general y presidente de la Real Audiencia de la provincia de Extremadura.

El 2 de marzo de 1833, le fue otorgada a Sarsfield la Gran Cruz de Isabel la Católica.

El 29 de abril, se encontraba D. Carlos María Isidro, hermano de Fernando VII y pretendiente al trono de España, en Portugal.

A partir de esta fecha, se cruzaron entre los dos hermanos siete cartas, la última el 30 de agosto. En la última de ellas, Fernando VII le da un ultimátum a su hermano Carlos para que abandone Portugal y se dirija a los Estados Pontificios. Dichas cartas no las adjuntamos por su extenso contenido.

El 28 de mayo de 1833, Sarsfield fue nombrado virrey, gobernador y capitán general de la provincia de Navarra.

El 20 de junio de 1833, se mandó a los Reinos de España que jurasen con toda solemnidad a la infanta María Isabel (futura Isabel II). En ese mismo día, fue reconocida como heredera al trono.

Debido a este motivo, se celebró un simulacro militar, enfrentándose dos fuerzas: una de ataque, que simularía la toma de Madrid, y la otra que estaría en defensa de la capital.

El ejército que pretendería apoderarse de Madrid:

Cuerpo de Infantería = Al mando del teniente general Pedro Sarsfield, capitán general de Navarra, ejército compuesto de 3 brigadas con 5 baterías.

Cuerpo de Reserva = A las órdenes del teniente general Manuel Freire, capitán general de Castilla la Nueva, que lo componían 3 brigadas, una de infantería y 2 de caballería con 5 baterías a caballo.

Por el ejército de defensa de la capital:

Primer Cuerpo de Ejército = Al mando del teniente general Vicente Quesada, este formado por 2 brigadas con 2 baterías.

Cuerpo de Reserva = A las órdenes del teniente general, conde de San Román, compuesto por 2 brigadas con 3 baterías (literal).

Como hemos comentado, se encontraba en Portugal el pretendiente al trono de España, D. Carlos, hermano de Fernando VII. Por tal motivo, se reorganizó el Ejército de Observación:

Real orden de 9 de julio de 1833. A Sarsfield: Ejército de Observación.

Memoria que puso en manos del soberano el Excmo. Sr. Secretario de Estado y del Despacho de la Guerra.

Propongo que el general Sarsfield marche inmediatamente al frente del Ejército de Observación, trasladando su Cuartel General a la Plaza de Ciudad Rodrigo.

Aprobada por S.M., el gobierno dirige al general Sarsfield el 9 de julio la siguiente Real Orden, comunicando las demás a quienes corresponde para su puntual observancia y cumplimiento en todas sus partes, que dice así:

Excmo. Sr =Sarsfield= Los acontecimientos recientes ocurridos en el vecino Reino de Portugal, de los que V.E. tiene ya noticias, exigen, como V.E. habrá conocido desde luego, nuevas disposiciones en el acantonamiento del Ejército del mando de V.E. Este que, hasta el día solo pudo observar las operaciones militares de las fuerzas beligerantes delante de Oporto, debe ahora también atender a las consecuencias que puedan seguirse de la invasión del Algarve, y de la inquietud que del efecto de ella empieza a experimentarse en el Alentejo.

Esta variación de las circunstancias y de objetos reclama imperiosamente la concentración del grueso de las fuerzas que V.E. manda en un punto tal que proporcione su más fácil y decisiva la aplicación de cualquier evento; y S.M. ha elegido como más apropósito para llenar estas condiciones, por base de concentración, la Plaza de Ciudad Rodrigo. A ella, pues, quiere S.M. que traslade V.E. su Cuartel General, acantonando en la misma y en sus inmediaciones el mayor número de tropas del Ejército, dejando dos regimientos de infantería y un cuerpo de caballería que pudieran escalonarse en Zamora, Benavente y Puebla de Sanabria.

En consecuencia, es la voluntad de S.M. que toda la división destacada en esta Corte se dirija con V.E. a la línea de Ciudad Rodrigo, que se marca para su nuevo acantonamiento, saliendo por tanto, en aquella dirección las cuatro Compañías del Regimiento Real de Ingenieros, que existen aquí en el día pertenecientes al Ejército; y como S.M. ha dispuesto por Real Orden, que traslade a V.E. con esta misma fecha, que el undécimo de infantería de línea marche de guarnición a San Sebastián, cubrirá esta baja con las fuerzas que V.E. tiene a sus órdenes el 4º Regimiento de la Guardia Real de Infantería, si bien no deberá emprender su marcha hasta que haya licenciado a los cumplidos.

Asimismo, ha resuelto S.M. que el Regimiento de Caballería 2º de línea pase a Extremadura por la falta de fuerzas que se experimenta en aquella provincia, sin que por eso deje de continuar formando parte del Ejército de Observación y, por consiguiente, de estar bajo el mando de V.E. La distancia a la que V.E. va a situarse en la extrema frontera de Castilla y de la de Galicia con Portugal exige el nombramiento de un general que, dependiendo de V.E., mande los expresados cantones extremos. Con este objeto, y atendiendo a que el mariscal de campo D. Juan José de San Llorente es también gobernador de Zamora, podrá mandar el acantonamiento y frontera correspondiente desde aquella plaza a la Puebla de Sanabria, siguiendo la línea divisoria entre Portugal y Galicia, hasta la desembocadura del Miño.

Con este fin, y no pudiendo destinarse más tropas para establecer una división en aquel punto con un general a su cabeza, ha resuelto S.M. que el Inspector General de Carabineros de Costas y Fronteras, D. José Ramón Rodil, pase a dicha parte de la península con el pretexto de continuar en aquella la revista de inspección de su cuerpo, que ha terminado ya en otras provincias, y reuniendo sobre la frontera de Galicia la mayor fuerza de carabineros que sea compatible con el desempeño de las obligaciones más perentorias de su especial instituto, tome juntamente el mando de los acantonamientos que existen en la indicada línea de Puebla de Sanabria y frontera de Galicia, considerándose como un General de División, bajo las órdenes de V.E. en los términos arriba anunciados, sobre cuyo objeto le comunico las órdenes correspondientes.

Tales son las variaciones que S.M. ha determinado hacer ahora en las fuerzas, posiciones y composición del Ejército al mando de V.E. Los objetos con que el Rey, nuestro Señor, ha formado dichos ejércitos permanecen sin alteración en esencia; pero el encargo que el Rey, nuestro Señor, ha confiado a V.E. aumenta en interés y trascendencia, a medida que la cuestión que se convierte en Portugal se complica y se acerca a su desenlace. S.M. me ha hecho las prevenciones oportunas para dar a V.E. las instrucciones especiales que exige el estado actual de las cosas, y las que la previsión aconseja. La inteligencia, actividad y decisión de V.E. tienen tan acreditada son su más seguro garante de que las intenciones de S.M. serán exactamente cumplidas.

Dios guarde a V.E. muchos años. = Madrid, 9 de julio de 1833 (Factos españoles o efemérides de la guerra civil, desde octubre de 1832-Vol 1).

El rey Fernando VII falleció el 29 de septiembre de 1833.

Al conocer don Carlos María Isidro el fallecimiento de su hermano, el rey Fernando VII, emitió el Manifiesto de Abrantes.

“No ambiciono el trono; estoy lejos de codiciar bienes caducos; pero la religión, la observancia y cumplimiento de la ley fundamental de sucesión, y la singular obligación de defender los derechos imprescriptibles de mis hijos... me esfuerzan a sostener y defender la corona de España del violento despojo que de ella me ha causado una sanción tan ilegal como destructora de la ley que legítimamente y sin alteración debe ser perpetuada. Desde el fatal instante en que murió mi caro hermano (que santa gloria haya), creí se habrían dictado en mi defensa las providencias oportunas para mi reconocimiento; y si hasta aquel momento habría sido traidor el que lo hubiese intentado, ahora será lo el que no jure mis banderas, a los cuales, especialmente a los generales, gobernadores y demás autoridades civiles y militares, haré los debidos cargos, cuando la misericordia de Dios me lleve al seno de mi amada Patria, a la cabeza de los que me sean fieles. Encargo encarecidamente la unión, la paz y la perfecta caridad. No padezco yo el sentimiento de que los católicos españoles que me aman maten, injurien, roben ni cometan el más mínimo exceso...”

Abrantes, 1 de octubre de 1833. Carlos María Isidro de Borbón.

Al conocer el general Sarsfield la muerte de Fernando VII, escribió en nombre suyo y del ejército de observación:

Ejército de Observación: Por el extraordinario que llegó a esta Plaza a las cuatro de la madrugada de hoy, he recibido la Real orden de fecha del 29 del próximo pasado, en que V.E. se sirva participarme la funesta y triste noticia de la muerte de nuestro amado Soberano (Q.E.G.E.), acaecida a las tres menos cuarto de la tarde del expresado día. Con tan infausto motivo, me hace V. E. las prevenciones que S.M. la Reina Gobernadora, durante la menor edad de la Reina, nuestra Señora Doña Isabel II, estimó conveniente, a todas las que daré el más exacto cumplimiento, sirviéndome de guía para las demás providencias que se me ofrezcan dictar, al inalterable juramento que tengo prestado de sacrificar mi vida en defensa de los legítimos derechos de la Reina nuestra Señora Doña Isabel II, en cuyo sentimiento me acompañan felizmente todas las tropas de este Cuartel General. Dios, Cuartel General de Ciudad Rodrigo, 3 de octubre de 1833.

Excmo:. Señor Pedro Sarsfield: Excelentísimo Señor Secretario de Estado y del Despacho de la Guerra.

El mismo día, 3 de octubre, el general Sarsfield recibió una carta de Ignacio Alonso Cuevillas, cabecilla seguidor de D. Carlos, intentando pasarlo al lado de este.

Excmo. Sr: La muerte de nuestro amado soberano el Sr. D. Fernando VII (Q.S.G.H) .ha sido el estruendo de cañón que se ha dejado oír en toda la península: a su eco, todos los buenos españoles, aquellos que en ambas épocas empuñaron las armas en unión de V.E. para defender la soberanía de sus reyes, vuelan a ratificar su fidelidad al legítimo sucesor del trono de San Fernando, el Sr. Carlos V, jurando morir antes que sucumbir al gobierno tiránico y caprichoso de una reina inexperta, entregada a servir los consejos de hombres malvados, llenos de crímenes y delitos. V.E. conoce también como yo la justicia que asiste a nuestro legítimo rey, y que sus derechos a la corona están asegurados por las leyes y por el voto general de los pueblos. Un millón de combatientes están en campaña, decididos a defender la legitimidad de los derechos del más virtuoso de todos los reyes. El ejército es el primero que lo ama; y si no se ha declarado, esté seguro V.E. que es por falta de ocasión. En Aragón, algunos cuerpos lo han verificado, como constará a V.E. Las miras del gobierno usurpador tienden a entronizar la guerra civil, comprometer, como en la época constitucional, el honor de la milicia y gloria de sus dignos jefes. Creo que sería injuriar a V.E. si tratase de extender mi pluma a nuevas reflexiones, mayormente cuando sus conocimientos, poco comunes, son bien conocidos; así, me limito a ofrecer mi amistad, y en nombre del Rey, nuestro Señor (Q.D.G.), manifestar la necesidad de que jure V.E. sus banderas, bien segura de que si su resolución es favorable, le granjeará la más alta estimación del soberano y la gratitud eterna de la nación. En V.E. consiste evitar que la sangre española se derrame de nuevo; y, si como no lo dudo, se decide por la justicia, la empresa estará concluida, porque, puesto V.E. al frente de las valientes tropas del ejército, conducirá a la capital sus armas triunfadoras, con el orgullo que es propio a un general acreditado, que jamás dejó de desear en el cumplimiento de su deber. Si V.E. da la acogida que deseo a este escrito, puede contestarme para ponerme de acuerdo con la Excma. Real Junta Superior Gubernativa de esta provincia y tratar lo que V.E. tenga por conveniente; bien seguro que si se resuelve a tomar partido por la causa de nuestro rey, será el día de mayor satisfacción que tendrá S.S.Q.S.M.B.. Ignacio Alonso Cuevillas.

Sarsfield remitió esta carta al gobierno, mientras Cuevillas era nombrado mariscal de campo por Don Carlos.

Don Carlos María Isidro fue proclamado el 6 de octubre de 1833 en Tricio (La Rioja) como Carlos V por el general Santos Ladrón de Cegama. Con el nombramiento se iniciaba la reclamación frente al trono de Isabel II.

El nombramiento de don Carlos María Isidro de Borbón, como Carlos V y la sublevación del general Santos Ladrón de Cegama en Bilbao y Vitoria significaron el comienzo de la Primera Guerra Carlista.

Continuará en una segunda parte.

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