Teniente General D. Pedro Sarsfield Waters Ceuta 1781-1837 Pamplona

COLABORACIÓN

Primera Guerra Carlista (1833-1839). (Segunda parte)

Primera Guerra Carlista.
Primera Guerra Carlista. | CEDIDA

L a primera parte del escrito la dejamos con el nombramiento, el 6 de octubre de 1833 en Tricio (La Rioja), de don Carlos María Isidro de Borbón como Carlos V por el general Santos Ladrón de Cegama y la sublevación carlista de dicho general en Bilbao y Vitoria; estos fueron los comienzos de la Primera Guerra Carlista.

El 12 de octubre de 1833, el general Sarsfield recibió un comunicado del gobierno en nombre de la reina, del que resumimos una parte del mismo.

En dicho comunicado se le informa de los levantamientos de los Voluntarios Realistas de Bilbao y Vitoria.

Por lo que la Reina Regente, en nombre de S.M. la reina Isabel II, le ordena que tome el mando para acabar con las rebeliones de Vizcaya y Álava y asegurar la quietud en el virreinato de Navarra.

Ordenándosele también que se dirigiera inmediatamente a ponerse al frente de las tropas que se dirigían a Miranda del Ebro, así como de las que estaban en el virreinato y en Guipúzcoa, por su calidad de general en jefe del ejército y de ser virrey propietario de Navarra.

En dicho comunicado se le previene que fuera en Salamanca donde permaneciera el Cuartel General, que podría quedar interinamente al mando del mariscal de campo D. Pedro María Pastor.

Autorizando el Jefe de la Plana Mayor de S.M. al general Sarsfield a que fuera él quien hiciera la elección de los acantonamientos, jefes y cuerpos, sobre las bases de observación de la frontera de Portugal, sobre la cual se encontraba el infante D. Carlos; al final del comunicado dice textualmente:

V.E. reencargará estrechamente a quien corresponda el enérgico y puntualísimo de cuanto se tiene a V.E. prevenido en las Reales Órdenes de 29 y 30 de septiembre último, para que en caso de intentar penetrar en nuestras fronteras el referido infante D. Carlos. Respecto a las providencias dictadas hasta ahora al Comandante General de Guipúzcoa, Virrey interino de Navarra, y al Capitán General de Aragón, en vista de los últimos acontecimientos, enterará V.E. la adjunta copia que resume las disposiciones prevenidas: quedando bajo las órdenes de V.E. los referidos Comandantes Generales de Guipúzcoa, y el Virrey interino de Navarra, obrarán de modo y según las atenciones que V.E. les confíe. Y por último, S.M. la Reina Regente deja a la discreción de V.E. todas las disposiciones relativas al cumplimiento de sus soberanas intenciones, pues su Real confianza es completa como lo son la lealtad y los talentos militares de V.E. De Real Orden lo digo a V.E., para su inteligencia y efectos consiguientes.

Dos días más tarde (14) fue cuando salieron de Salamanca tres cuerpos de artillería volantes para Burgos. El 16 partió Sarsfield para el mismo punto, verificándolo también las fuerzas que estaban en Alba y Ledesma, donde llegó el mariscal de campo José María Pastor con los zapadores, artillería y el regimiento nº 8.

A la llegada de Sarsfield a Burgos, concentró en dicha plaza un ejército con unas fuerzas de seis u ocho mil hombres, muy por debajo del de los enemigos. Una de sus primeras medidas fue abrir una comunicación directa con la Plaza de Pamplona, ordenando al general Lorenzo que se apoderase de Logroño, en cuyo lugar los batallones de D. Basilio impedían el paso a la capital navarra (D. Basilio, conocido como Basilio de Logroño, fue quien proclamó a D. Carlos como rey en Logroño).

El general Lorenzo pudo pasar sin grandes dificultades el puente de Lodosa.

Dicho general había dispuesto que dos compañías se colocasen en posición de enfilar el puente; y viendo que este movimiento desconcertó a los carlistas, dio la orden a toda la columna para que atacasen el puente a la bayoneta, quedando aquel a los pocos instantes en poder de las tropas de la reina, no sin antes haber sufrido estas pérdidas de alguna consideración, aunque inferiores a las de los carlistas. En dicha batalla murió un hijo de D. Basilio. Dueño el general Lorenzo de Logroño, estas fuerzas quedaron convertidas en la vanguardia del ejército del general Sarsfield, quedando La Rioja dominada por ellas.

Los primeros días del mes de noviembre los dedicó el general Sarsfield a perseguir a las fuerzas carlistas, desalentadas desde la toma de Logroño. La persecución produjo los mejores resultados.

Un mes después de la muerte del rey Fernando VII (el 29 de octubre), D. Carlos hizo la primera llamada oficial a las armas, y el 4 de noviembre fue cuando se dirigió al ejército para que oficiales y tropas se unieran a las divisiones y partidas que luchaban por su causa en España.

El 1 de noviembre de 1833, el general Sarsfield envió un parte al Secretario del Despacho de la Guerra.

Ni me equivoqué cuando anuncié a V. E. la disminución del espíritu revolucionario de esta provincia y la posibilidad de que la rebelión suscitada por el Cura Merino terminase brevemente con el regreso a sus hogares de los voluntarios realistas. A estas horas no existe el cuerpo rebelde que capitaneaba Cuevillas y ocupaba Poza y La Bureba. Más de 2.000 hombres con los que contaba aquel cabecilla le han abandonado en la noche de anteayer, tirando sus armas.

Las fuerzas de Sarsfield y Lorenzo emprendieron el movimiento hacia Vitoria. El 19 de noviembre, a los pies de la montaña de Peñacerrada, las dos divisiones se encontraron con las primeras avanzadas enemigas.

Los carlistas fueron arrollados de los puestos de observación. Las tropas de Lorenzo desalojaron a los enemigos de sus posiciones, tomándoles pertrechos y 150 prisioneros.

El día 21, Sarsfield entró en Vitoria en medio de aclamaciones a Isabel II y a su madre, así como al ejército libertador.

La Diputación de Álava dirigió a S.M. la siguiente exposición:

“ Señora: La Diputación y Junta Popular legítima de la Provincia de Álava, subyugada por una facción criminal por el espacio de cuarenta y cuatro días, tiene al fin el inexplicable consuelo de ofrecer a los R.P. de V.M. el sincero homenaje de sus fieles sentimientos.

He llorado, Señora, como V.M., los males de sus hijos, rescatados del cautiverio atroz por las tropas de V.M. al mando del Excmo. Sr. General en Jefe del Ejército de Observación D. Pedro Sarsfield, que entró en medio de público y generales aplausos y vivas a V.M., en esta ciudad de Vitoria a las diez y media de la mañana de ese mismo día. Aprovecha este primer momento para poner en conocimiento de V.M. este glorioso acontecimiento y ratifica a V.M. el juramento de fidelidad que hizo en el mismo día en que se vio pérfidamente subyugada. Es muy importante, Señora, al Gobierno de V.M. y a la fidelidad de los pueblos, conocer profundamente el verdadero carácter de este movimiento insurreccional. La Diputación General de la Provincia de Álava está poniendo un parte extenso y razonado de este acontecimiento que pueda a un mismo tiempo servir para calificar imparcialmente la conducta y sentimiento de esta vuestra fiel Provincia. Dirá, Señora, V.M. , la verdad para con la integridad en que siempre se ha explicado con su legítimo Gobierno, con la buena fe y su sinceridad con que el papel del 9 de febrero próximo pasado, anunció y pronosticó este peligro, con el más puro y leal deseo de que el Gobierno de V.M. marche y se consolide para la felicidad de vuestros pueblos y la gratitud general de Europa, en la que influye, Señora, el triunfo de los principios y buenos sentimientos que animan el alma de V.M.. Las tropas de V.M. disiparon en un momento en el Alto de la Herrera a la caída de Peñacerrada las bandas de naturales armados que se hallaron a su tránsito, habiendo merecido considerable número de las de Vitoria, a quienes el caudillo tenía más engañados, y con quienes se habían empleado más profundamente los seductores resortes del fanatismo. Los Tercios que la mano revolucionaria ha arrancado violentamente de sus familias, se hallan errantes y sin rumbo seguro en este momento. Vuestra Diputación General ha creído conveniente dirigirles la voz y hablarles en nombre de V.M. de acuerdo con el Excmo. Sr. General en Jefe D. Pedro Sarsfield, les ha remitido una circular, y espera que se restituirán tranquilamente a sus familias, de las que nunca quisieron separarse. Dígnese V.M., recibir propicia los humildes votos y sincero homenaje de vuestra Provincia de Álava, representada legítimamente por Vuestra Diputación y Junta particular. Dios, Vitoria y noviembre 21 de 1833. Hay diversas rúbricas (Literal).

El 25 de noviembre, las tropas del general Sarsfield entraron en Bilbao. En la mañana del mismo día habían salido de Vitoria, desde donde envió un parte que resumimos.

En la marcha que acabo de ejecutar desde Vitoria a esta villa, no ha ocurrido la menor novedad. El enemigo no nos ha esperado en ninguno de los puntos que ocupaba sobre el camino de Durango (que es la dirección que siguieron mis tropas), y los tres batallones rebeldes denominados Bilbao, que con la Junta Revolucionaria de Vitoria se hallaban dentro de la villa, la evacuaron la noche del 24, dirigiéndose aquella por el camino que conduce a Orduña.

Acompaño adjunta una copia de indultos (copia no localizada).

La importancia de Bilbao y de sus recursos la sintieron los carlistas al perder la plaza. Sobre esto, escribió el marqués de Valdespina, diputado general carlista, al general D. Tomás de Zumalacárregui:

“Con la ocupación de Bilbao por las tropas de Sarsfield, han cesado enteramente los recursos con que contaba la diputación, ya para atender a su armamento, ya para fomentar que otras provincias, que se han pronunciado por la justa causa que defendemos: esta consideración es sobradamente poderosa a simple vista para encararla con fundadas reflexiones. Careciendo de este apoyo, no serán muy lisonjeras las esperanzas que puedan concebirse acerca del triunfo de nuestra causa, y es indispensable hacer el último esfuerzo para reconquistar una población que podrá ser en lo sucesivo, como lo ha sido hasta ahora, una mina inagotable, donde se explota toda clase de auxilios, y sin cuya posesión presentimos un porvenir bien precario y quizás funesto” (literal).

Haremos un alto para hacer un breve resumen de las fuerzas de la Cuádruple Alianza que entraron en España en apoyo de la corona.

En abril de 1834 fue firmado el Tratado de la Cuádruple Alianza entre Gran Bretaña, Francia, Portugal y España. Mientras Francia se comprometió a vigilar sus fronteras para que las fuerzas carlistas no recibieran ayuda, Inglaterra a enviar armas y municiones, así como fuerzas navales para controlar la costa vasca y Portugal. A partir de 1835, las tres potencias mandaron tropas para apoyar la causa liberal.

Tanto los franceses como los británicos evitaron participar directamente en la guerra carlista, los británicos con voluntarios y los franceses con la Legión Extranjera.

Los portugueses enviaron entre 4.000 y 6.000 hombres al mando del brigadier Conde Das Antas.

Los franceses: el 27 de junio de 1835 partieron de Argel; tras hacer cuarentena en Mallorca, llegaron a Tarragona el 16 de agosto aproximadamente 5.000 hombres de la Legión Extranjera. Al mando de dicha legión estaba el general Bernelle, aunque el verdadero líder de estas tropas fue su segundo, Joseph Conrad, que moriría en Barbastro en mayo de 1837.

Dichas tropas, fogueadas en la guerra de Argelia, estaban formadas por aventureros de varias nacionalidades sometidos a una férrea disciplina.

La intervención británica: aunque estos hicieron una declaración oficial de no intervención, si autorizaron la organización de un cuerpo expedicionario para reforzar el trono de Isabel II.

Este cuerpo fue denominado BRITISH AUXILIARY LEGION OF SPAIN; en España sería conocida como “Legión Evans”, por tener el mando de la misma George Lacy Evans, con unas fuerzas de unos 12.000 voluntarios.

También los ingleses enviaron una flotilla al mando de Lord Hay. Sus principales buques fueron HMS, Salamander; HMS Phoenix, Tweet y Comet.

Las fuerzas aportadas por la Cuádruple Alianza fueron al final entre 20.000 y 25.000 hombres, más los correspondientes a la flotilla británica.

Las tropas de la Corona, según varias versiones, fueron durante la guerra entre 250.000 y 400.000 hombres.

Las tropas carlistas, a su inicio, fueron unos 20.000 hombres voluntarios que, según diversas fuentes, llegarían a 60.000 o 70.000.

Parece imposible comprender cómo esta guerra pudo durar siete años con la desigualdad de fuerzas y material militar.

El 6 de junio de 1834, tropas españolas al mando del general José Ramón Rodil penetraron en Portugal con el pretexto de prestar ayuda a D. Pedro IV; en realidad, dichas tropas perseguían a D. Carlos, su familia y a sus partidarios refugiados en Portugal.

Portugal estaba inmersa en una guerra civil entre absolutistas (D. Miguel) y su sobrina, la reina constitucional Dª María II, apoyada por su padre Pedro IV.

Navío británico Hms. Donegal.
Navío británico Hms. Donegal. | CEDIDA

Tras entrar las tropas españolas en Portugal, D. Carlos María Isidro de Borbón, su familia y seguidores pudieron escapar el 16 de junio en el navío inglés HMS Donegal, enviado por partidarios ingleses para sacarlo del país. Desembarcó en Gran Bretaña el 18 de junio. Don Carlos, de Gran Bretaña, pasó a Francia de incógnito y el 4 de julio entró en España por Zugarramurdi (Navarra).

Volvamos al general don Pedro Sarsfield:

Real Orden de 18 de junio de 1834.

S.M. Se ha dignado exonerar del cargo de virrey de Navarra al teniente general D. Pedro Sarsfield, y nombrar para desempeñar aquel destino, con el mando del Ejército de Operaciones del Norte, a las que deben reunirse las tropas de Portugal que marchan hacia el Ebro, al teniente general D. Ramón Rodil.

Decreto de S.M. la Reina Gobernadora.

22 de noviembre de 1834, S.M. la Reina Gobernadora, deseosa de que el mérito contraído por tan valientes tropas siga la recompensa merecida, se ha dignado, a nombre de la Reina nuestra Doña Isabel II, hacer merced del título de Castilla, libre de lanzas y anatas, al teniente general Don Pedro Sarsfield, en consideración a los dilatados y brillantes Servicios que ha prestado, así en la Gloriosa Guerra de la Independencia como recientemente , en apoyo del trono de su Augusta Hija, a los que S.M. espera de su celo y conocimientos en el virreinato de Navarra, que pasa a desempeñar por haber accedido S.M. a la instancias que ha hecho de ser relevado del mando del Ejército de Observación, cuyo cargo ha sido confiado al teniente general D. Gerónimo Valdés.

Deseando dar al teniente general D. Pedro Sarsfield una prueba de mí aprecio, que se merecen sus dilatados y distinguidos servicios, he venido a nombrarle Merced del Título de Castilla con la denominación de Conde de Sarsfield, para sí, hijos y sucesores.

El general Pedro Sarsfield fue nombrado en 1835 capitán general de Cataluña, cargo al que tuvo que renunciar por su estado de salud.

A principios de 1836, de nuevo fue nombrado virrey de Navarra (lo fue en tres ocasiones, 1833-1834, 1835 y 1836); junto a este cargo asumió el cargo de comandante general del Ejército de Operaciones de Navarra. Durante estos periodos y debido a estar siempre en campaña, el cargo de virrey fue ocupado provisionalmente por otros mandos. Entre 1837 y 1838, otro ceutí ocuparía el cargo de virrey de Navarra: el mariscal de campo don Isidro Alaix.

El 26 de julio de 1836, el Presidente del Consejo de Señores Ministro, comunica al general Sarsfield.

“Al Teniente General D. Pedro Sarsfield digo lo siguiente: S.M. la Reina Gobernadora ha tenido a bien admitir la dimisión que del mando del Ejército de Operaciones del Norte y de Reserva ha hecho el Teniente General D. Luis González de Córdoba, y en su conveniencia en real ánimo de las sobresalientes cualidades de V. E. y de sus extraordinarios conocimientos militares, de su declaración pronunciada como antigua a favor del trono de mi Augusta Hija, conocimientos preclaros del país donde se agita la guerra y en fin persuadida íntimamente S.M. de que no hay caudillo que tan completamente preclaras las delicadas obligaciones del mando del Ejército en estas circunstancias, se ha servido nombra a V. E. General en Jefe de los Ejércitos de Operaciones del Norte, y de Reserva, con los mismos empeños y con las propias facultades que desempeñó dicho cargo el General Córdoba. De Real Orden lo comunico a V. E. para su satisfacción y demás efectos consiguientes (literal).

Dios guarde a V. E. muchos años. Madrid, 26 de julio de 1836.

Al inaugurar la campaña de 1837, contaba Sarsfield con tres mil hombres disponibles en Navarra, excluyendo la división auxiliar francesa. La línea de Zubiri completaba 3.500 y los numerosos puntos fortificados absorbían a las fuerzas restantes.

La legión francesa quedaba reducida a 2.000 hombres, y estos tan desmoralizados, que su jefe, el brigadier Conrad, manifestó de oficio: “La aversión de los legionarios por el servicio de España llegaba al más alto grado”. Razón por la que este cuerpo, en el estado en que se encontraba, no podía ser empleado útilmente ni aun para guarnecer los puntos fortificados.

Mientras, Sarsfield esperaba las órdenes e instrucciones necesarias respecto al día en que debía comenzar el movimiento general combinado y el número de tropas con que debía reforzarse Espartero.

El mando isabelino del Norte estaba planteando una ofensiva de gran alcance. Todas las fuerzas acantonadas en Bilbao, Pamplona y San Sebastián partirían de sus guarniciones al mismo tiempo. A dichas tropas se uniría la British Auxiliary Legion al mando de Lacy Evans.

Sarsfield comunicó el 18 de enero a Evans su intención de enlazar con la Legión. Extracto de la comunicación:

“De la misma manera, propuse que las líneas bajo mi mando se unieran a la Legión en Oyarzun, más o menos, comenzando las operaciones tomando Hernani, pero me encuentro en problemas. No hay ni un penique con el que pagar a las tropas ni incluso para atender a los enfermos en los hospitales. Oficiales con cinco y seis meses en mora. En una situación tan angustiante, fácilmente concluirá que no se puede llevar a cabo ninguna operación o movimiento por mi parte; está fuera de discusión, Je ne sais, No obstante, haré todo lo que esté a mi alcance para resistir e impedir la disolución del Ejército en una situación precaria. En caso de un cambio favorable en asuntos pecuniarios, aquí está mi plan de operaciones. Al frente de diez batallones y algunos de caballería, me moveré en dirección a Valate (Belate), valle de Baztán y Vera (Bera), y si no hay obstáculo natural para oponerse, las fuerzas continuarán su marcha hasta Oyarzun, o posiblemente más allá de la ciudad, en orden de acercarse a su sede central lo más cerca posible. Desde allí, le presentaré mis respetos en persona, y de conformidad con sus puntos de vista y deseos, nuestras futuras operaciones serán determinadas. Así que debo concluir, y esperando tener el placer de verle antes de fin de mes. Sarsfield.

Todo indicaba que las tropas de Espartero, Sarsfield y Evans se organizaban para el asalto a Oriamendi.

Los planes para el asalto a Oriamendi fueron obra de Sarsfield. El 10 de febrero, Espartero manifestó a Sarsfield lo satisfactorio que le era que sus planes para la pronta terminación de aquella desastrosa guerra coincidieran con todos los suyos, siendo Evans de la misma opinión.

Se preparaba una de las batallas más importantes de la Primera Guerra Carlista: la Batalla de Oriamendi.

Continuará en una tercera parte y última.

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