Viñetas que ofenden: cuando el humor también señala a los musulmanes

OPINIÓN

El humor resulta incisivo cuando apunta hacia abajo, hacia colectivos socialmente vulnerables o fácilmente estereotipables

El secretario provincial de la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC) en Ceuta, Rachid Sbihi. / FOTO CEDIDA
El secretario provincial de la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC) en Ceuta, Rachid Sbihi. / FOTO CEDIDA

No es la primera vez y ese es precisamente el problema.

Una viñeta publicada este pasado viernes en un periódico local donde colabora su autor, no es un simple chiste ni una anécdota sin importancia. 

Es un ejemplo más de un tipo de humor que se repite: el que recurre al atajo del estereotipo, el que simplifica realidades complejas y el que siempre señala en la misma dirección.

En la viñeta, un personaje anima a otro a estudiar y esforzarse. 

El otro responde que no quiere hacerlo y que prefiere ser narco "como su primo Hamid".

El mecanismo es evidente. 

Un nombre de origen árabe asociado a la delincuencia como remate humorístico. 

Y ahí está el problema.

En una ciudad como Ceuta, donde la convivencia entre comunidades es parte estructural de la vida cotidiana, este tipo de asociaciones no son neutras. 

Aunque se amparen en el humor, tienen lectura social y efecto real.

Ceuta conoce de sobra la realidad del narcotráfico y la delincuencia organizada. 

Es un fenómeno serio, con impacto directo en barrios concretos, en familias destrozadas y en generaciones enteras de jóvenes que han acabado en algunos casos asesinados por esta lacra, banalizada en esa viñeta.

Precisamente por eso, su tratamiento público exige rigor, no simplificaciones.

Esta viñeta no lo cumple. 

Al contrario: opta por el recurso más básico posible, vincular presuntamente un origen cultural concreto con la criminalidad. 

Eso no es sátira. 

No es crítica social. 

Es un cliché.

Pero el problema no se limita a un chiste concreto. 

Lo relevante es el patrón.

En este tipo de chistes fáciles se observa una "valentía" muy selectiva. 

El humor resulta incisivo cuando apunta hacia abajo, hacia colectivos socialmente vulnerables o fácilmente estereotipables. 

Sin embargo, esa misma contundencia desaparece cuando el foco debería dirigirse hacia arriba: hacia el poder, las estructuras consolidadas o los actores con verdadera capacidad de influencia.

Esa asimetría no es menor. 

Define una forma de mirar la realidad. 

Y cuando el humor siempre se ejerce en la misma dirección, deja de ser una herramienta crítica para convertirse en un mecanismo de refuerzo de prejuicios.

En una ciudad como Ceuta, donde la convivencia es un equilibrio delicado y donde los estereotipos no son teoría sino experiencia cotidiana para muchas personas, este tipo de bromas no contribuyen a la cohesión social. 

La erosionan.

No se trata de un hecho aislado.

Ya existen antecedentes de viñetas del mismo autor y del mismo espacio que han generado controversia por el uso reiterado de temas sensibles tratados con ligereza. 

Cuando la repetición es evidente, deja de ser casualidad y pasa a ser estilo.

A ello se suma un elemento institucional relevante: el medio que publica este contenido recibe financiación pública. 

Eso implica una responsabilidad adicional en la selección y difusión de lo que se ofrece a la ciudadanía.

Habría que recordarle a alguno aqui en esta ciudad, que el Código Deontológico del Periodismo es claro: no deben utilizarse el origen, la religión o la identidad como elementos narrativos cuando no sean relevantes, y mucho menos como recurso para reforzar estereotipos. 

En este caso, el nombre "Hamid" no aporta nada al chiste más allá de su carga asociativa.

No se trata de censura ni de limitar la libertad de expresión. 

Esa libertad está protegida y garantizada. 

Pero no es un escudo frente a la crítica, ni exime de responsabilidad.

El problema no es el humor.

El problema es el uso reiterado del humor como vía para simplificar realidades complejas y consolidar imágenes injustas.

Cuando eso ocurre, no estamos ante una viñeta desafortunada.

Estamos ante una forma de narrar la realidad que merece ser cuestionada con claridad.

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