Ceuta renueva el voto de gracias a la Virgen con Adamuz y los temporales en el recuerdo
COFRADE
La Iglesia de África ha acogido, como cada nueve de febrero, el tradicional acto de renovación del voto a Santa María de África por parte del presidente de la Ciudad, Juan Vivas, en nombre de toda la corporación. Un acto que ha tenido un recuerdo especial para los afectados por el temporal y para los fallecidos en el accidente ferroviario de Adamuz (Córdoba), con especial mención para el legionario ceutí Álvaro García.
Los más religiosos dicen que fue un milagro; los más gnósticos o descreídos sostienen que no hubo intersección divina sino, cuatro siglos antes de que el mundo se encerrase en sus casas, el Estrecho y las dificultades para la comunicación de Ceuta con el resto de la península. El caso es que la peste negra no llegó a Ceuta y Juan Suárez de Alarcón, conde de Torres Vedras, consideró oportuno dar las gracias a la Virgen de África con un voto que se renueva cada 9 de febrero.
Y desde hace algún tiempo, es tradición no escrita que el alcalde o presidente de la Ciudad -en lo que llevamos de siglo, salvo dos años, siempre Juan Vivas- aproveche el boato del ceremonial clásico para hacer unas reflexiones en voz alta. Por la convivencia, por el fin de la pesadilla que hace seis años confinó a la humanidad y dejó más de 200 muertos en Ceuta y este año, por la desgracia que parece pegada a la piel del aún joven 2026. La desgracia, el tren que se paró en seco segando decenas de vidas una maldita noche en Adamuz (Córdoba). La desgracia, menos cruenta pero también significativa, que viven muchos pueblos de la cercana Andalucía arrasados por una lluvia que no cesa, y que ha pasado de ser una bendición para convertirse en un incordio, en una ansiedad constante. Jamás aquello de que tras la tempestad viene el sol tuvo un sentido menos metafórico y más carga de anhelos que en los tiempos que vivimos.
Algo avanzaba Francisco Fernández Alcedo, vicario de Ceuta ya con trienios y con querencia a la buena escritura, en la pequeña homilía que dirigió en el templo patronal. Pidió a la Virgen de África,. como aquellos gibraltareños de hace siglos, que extienda su manto protector a la vecina Andalucía. A la provincia gaditana, a ese Cádiz donde se mezclan el campo y la mar, del que el mismo es originario. Algo confirmó también Juan Vivas, presidente de la Ciudad, pidiendo a la Virgen de África que consolase a los familiares de los fallecidos y heridos en un pueblo que nunca hubiera querido salir del anonimato y, sin citarlos expresamente, que los pueblos blancos de la vecina provincia sigan siendo un oasis para la contemplación y el emblema de la Andalucía más sencilla y orgullosa.
El próximo año, Juan Vivas renovará de nuevo el voto de gracias a la imagen de la Patrona. No sabemos -probablemente, no lo sepa ni el- si será la última vez que presida un acto que en este 2026 cuenta con varios miembros de su Gobierno, el comandante general Luis Fernández Herrero o la diputada Ana Belén Cifuentes (Vox) por toda representación de la oposición. Pero si hay algo que trasciende a la fe o al gnosticismo, incluso a la religión cristiana. Por actos como el de este lunes, costumbristas como pocos, Santa María de África no es solo la Patrona. Es un símbolo de Ceuta entera.