Cuatro años desde la promesa de la aduana comercial ceutí, que sigue sin funcionar

Aduana comercial

Pedro Sánchez anunció el 7 de abril la reconciliación con Marruecos tras dos años de ruptura, con implicaciones como la apertura del paso comercial que, según el empresariado local, no es una realidad

Un camión pasa la aduana comercial entre Ceuta y Marruecos
Un camión pasa la aduana comercial entre Ceuta y Marruecos | El Pueblo

El 7 de abril se cumplirán cuatro años desde que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunció que Ceuta contaría con una aduana comercial con Marruecos para aliviar la asfixia a la que estaba sometida desde la ruptura de las relaciones diplomáticas en 2020. En 2022 anunció la promesa; en febrero de 2025 se oficializó su apertura; a finales de marzo de 2026, sigue sin ser una realidad. La creación del nuevo paso comercial se incluía en el paquete de medidas pactadas entre el Ejecutivo español y el marroquí durante la reunión mantenida en Rabat. Una cita fraguada después de que Sánchez enviara a Mohamed VI la famosa carta en la que expresaba el viraje en la posición de España con respecto a la soberanía del Sáhara, avalando la intromisión de los alauitas en la antigua colonia hispana. Aquello fue el principio de una historia que insufló una esperanza en la ciudad autónoma que, cuatro años más tarde, se ha esfumado.

El último en negar la operatividad de la aduana fue el vicesecretario general de Economía del Partido Popular (PP), Juan Bravo, quien criticó al ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares por decir que los pasos comerciales de Ceuta y Melilla “funcionan con normalidad”. El popular, durante una visita a Melilla en febrero, dejó claro que las aduanas “no están operativas” desde verano de 2025. Como han apuntado desde hace más de un año los representantes de los empresarios de las dos ciudades autónomas, el actual régimen de viajeros impide el traslado de cualquier compra desde Ceuta y Melilla hacia territorio marroquí y solo se permiten "algunos intercambios comerciales con dificultades”.

El origen se remonta a marzo de 2022, cuando el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, defendió el acuerdo alcanzado con Rabat como “una extraordinaria noticia” que sentaba “las bases de una relación más sólida y sincera entre ambos países”. Aquel giro diplomático, escenificado con el respaldo al plan marroquí para el Sáhara Occidental, abrió una nueva etapa centrada, según el ejecutivo, en la seguridad, el control migratorio y las relaciones económicas y comerciales.

Semanas después, el 7 de abril, esa nueva fase se materializaba en una reunión en Rabat con Mohamed VI, tras la que Sánchez anunció la reapertura gradual de fronteras y la puesta en marcha de medidas clave, entre ellas la creación de una aduana comercial en Ceuta —inexistente desde la independencia marroquí en 1956— y la reapertura de la de Melilla, cerrada unilateralmente por Marruecos en 2018.

Sin embargo, apenas dos meses más tarde, en junio de 2022, comenzaron las primeras dudas. El director general de Aduanas de Marruecos desmentía que existiera un compromiso firme en ese sentido, dejando en el aire uno de los principales anuncios del Ejecutivo español. La incertidumbre se sumaba al contexto de crisis iniciado en marzo de 2020, cuando Marruecos cerró unilateralmente las fronteras terrestres con España, una decisión que golpeó duramente a Ceuta y Melilla.

La cruda realidad

No fue hasta el 13 de febrero de 2025 cuando el Gobierno dio por cumplida la promesa. La entonces delegada del Gobierno en Ceuta, Cristina Pérez, anunciaba entonces con entusiasmo la apertura oficial de la aduana comercial tras el “primer pase de la historia”, calificándolo de “hito histórico”. Según trasladó, cualquier empresario que iniciara los trámites y cumpliera los requisitos podría operar “ese mismo día”.

Pero la realidad sobre el terreno ha sido muy distinta. A lo largo de 2025, el funcionamiento del paso comercial ha sido, según denuncian los empresarios, irregular, limitado y carente de garantías. Desde la Confederación de Empresarios de Ceuta (CECE), su presidenta, Arantxa Campos, ha insistido en que la infraestructura existe solo “entre comillas”. “Hasta que no tengamos una aduana con las mismas normas y reglas que la de Algeciras o Tánger Med, no va a funcionar”, advertía en diciembre de 2025, subrayando la ausencia de una normativa clara y de seguridad jurídica.

El principal problema, según el empresariado, es precisamente esa falta de reglas definidas. Las condiciones de uso no están fijadas por escrito, el número de operaciones es limitado y la operatividad depende de factores cambiantes. Ejemplos como la restricción a un solo camión diario o la paralización durante periodos como la Operación Paso del Estrecho evidencian, a su juicio, la inviabilidad del sistema. Sectores como el pesquero, uno de los pocos que ha utilizado este canal, también han señalado su escasa rentabilidad. La imposibilidad de garantizar el paso diario de mercancías impide mantener cadenas de suministro estables, lo que desincentiva la actividad.

La aduana ideal

La idea del Gobierno español con respecto al funcionamiento de la aduana de Ceuta fue detallada por Cristina Pérez durante la comparecencia en la que anunció su supuesta apertura oficial. En primer lugar, dejó claro que quería una “frontera ordenada”, y que no estaba dispuesta a “volver al desorden que hubo en años previos al Covid”. Afirmó ansiar una frontera “en la que todo obedezca a la legalidad vigente con carácter internacional”. Para ello, dijo que se producirían no solo exportaciones a Marruecos, sino también importaciones de productos marroquíes a Ceuta. Se podrán realizar dos operaciones diarias (una de importación y otra de exportación), tan solo de lunes a viernes.

Delegación se presentó como la “interlocutora” entre los empresarios y las autoridades a cargo de autorizar los pasos: la Agencia Tributaria y Marruecos. Para solicitar la importación o exportación, el interesado debe hacerlo a través de los transitarios, que se ponen en contacto con la Agencia Tributaria de España. En el caso de las importaciones, con la de Marruecos.

La cantidad de mercancía que, según estaba previsto, puede cruzar la frontera en un lado y en otro “no es ilimitada”, sino que se debía establecer el volumen permitido de cada producto. El Gobierno redactó un listado con aquellos productos incluidos en las operaciones, como de automoción, de higiene o frescos (frutas, verduras o pescado). La delegada dejó abierta la puerta a adherir nuevas mercancías a la lista, en base a “la demanda del empresariado ceutí y a la receptividad del empresariado marroquí”. “No hay que olvidar de que son operaciones entre particulares. Obedece a la oferta que pueda hacer el empresariado ceutí y a la demanda que tenga el empresariado marroquí de los productos que aquí estén”, aclaró.

“Vamos a traer productos frescos del país vecino”, añadió Pérez, quien no quiso olvidarse de los productos áridos, el material de construcción, que también puede, en teoría, ser importado.

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