2025: El año más trágico para la inmigración en nuestra ciudad
INMIGRACIÓN
La cifra de fallecidos bate récords, en un año marcado por el fuerte incremento de llegadas y la saturación, en varios momentos, de la capacidad del CETI
Dice el castizo refrán que todo tiene remedio menos la muerte. Y precisamente por eso, por que no puede haber un mecanismo o un reglamento que introduzca cambios, una de las principales noticias del año 2025 en Ceuta tiene que ser, necesariamente, el récord de fallecimientos de inmigrantes que trataban de alcanzar costas españolas. Hasta cuarenta y cuatro personas murieron el pasado año. O, mejor dicho: cuarenta y cinco cadáveres fueron recuperados del mar durante los últimos doce meses. Probablemente, nunca sepamos cuantos guarda el elemento más bello y traicionero de la naturaleza, como es el mar.
Hablamos de chicos jóvenes, en algún caso menor de edad y en el resto no vivieron mucho más allá de los veinte años. El dato se explica por si solo. La mayoría de los hallazgos se produjeron en la Bahía Sur de Ceuta: ese lugar con unas privilegiadas vistas y los mejores amaneceres y puestas de sol imaginables, pero que representa como nada la diferencia que supone haber nacido en un sitio u en otro. En España/Unión Europea o Marruecos/África. Apenas unos metros en lo geográfico, pero una distancia que se antoja mortalmente inabordable en lo económico y lo social.
Ese ha sido uno de los datos del pasado 2025. Un año en el que Ceuta recibió más inmigración que en 2024. Y aquí no vale aquel otro viejo aforismo del ‘mal de muchos’: mientras que los últimos datos del Ministerio de Interior señalaban que en el total del país se produce un descenso del 42’6% y de 27.244 personas (de 64.019 a 36.775), en Ceuta se produjo un incremento en el número de llegadas de un 39’2%. En 2024, las entradas contabilizadas fueron de 2.559 (2.531 por tierra y 28 por vía marítima), frente a las 3.527 con las que se llegó a final de diciembre de 2025. De estas, solo 4 fueron detectadas por vía marítima, aunque no deja de ser un eufemismo: se contabilizan como entradas por vía marítima aquellas en las que se encuentra, además de la persona, la embarcación. Y hablamos, solo, de las entradas que han logrado contabilizarse, un número lógicamente menor al del total.
También fue noticia durante el pasado año la alta presencia de personas en el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes. Con una capacidad de 512, durante varios meses, espcialmente durante el verano, llegó a duplicarse, durmiendo algunas por decisión propia a la intemperie.
Las solicitudes de asilo político como variable en el fenómeno
No son menores, pues estarían tutelados a la ciudad, ni han sido devueltos al vecino país. Son, por tanto, demandantes de asilo. Nos referimos a la cantidad de marroquíes que prácticamente copan el CETI en los últimos meses. Ello ha influido, por ejemplo, en el bajo número de interceptaciones de la pasada Operación Feriante: con rellenar un simple documento se ahorran jugarse la vida entre amasijos de hierro para viajar a la Península. La apertura de la Oficina de Asilo en el Tarajal supone una nueva oportunidad para estas personas. “Para demandar asilo político, hace falta dar una dirección en la que esta persona diga que pueda estar localizable”, señala una fuente jurídica. A partir de ese momento “el demandante tiene la potestad de moverse libremente por todo el territorio nacional. Los expedientes de asilo suelen tardar un período de entre ocho y quince meses, por término medio. Luego se trata de localizar a esta persona, que a lo mejor ha dado una dirección falsa sin saberlo el propietario de la vivienda, y lo mismo ya está no en Península, sino en Francia, Alemania, Paises Bajos o Bélgica.