Adam aguantó 58 días en Ceuta: “Volví a Marruecos porque nadie me protegía como menor”

MENORES

El joven de Tetuán relata a El Pueblo las “duras” condiciones en las que vivió en la ciudad y sus motivos para migrar: “Os pido que me veáis como un joven con un sueño, no como un delincuente o un invasor”

Menores migrantes en la acera de enfrente de la Jefatura de Policía.
Menores migrantes en la acera de enfrente de la Jefatura de Policía. | CEDIDA

El joven Adam, de 17 años y nacido en Tetuán (Marruecos), cruzó irregularmente a nado la frontera desde Marruecos el 31 de julio, durante la entrada masiva hacia Ceuta, si bien estuvo más de cinco horas en el agua y se echó a la mar el día 30. Pasó en la ciudad autónoma exactamente 58 días, tras los que decidió marcharse. A pesar de ser menor y de acudir a distintos lugares donde le decían que iba a ser identificado para luego ser filiado y posteriormente entrar en el sistema de protección, todas las puertas se le cerraron.

Días después de volver a casa, donde vive con su abuela y con sus tres hermanos, El Pueblo se hace eco de su historia: “Siento un gran respeto por España, por su gente y su cultura. Solo os pido que me veáis tal y como soy: un joven con un sueño, no como un delincuente o un invasor”, concluye su relato.

Antes de cruzar la frontera, Adam trabajaba en su ciudad natal de camarero de bar y de sala, en dos establecimientos a la vez. Cobraba ocho euros por hora, nueve horas cada día. A su vuelta ha decidido estudiar para entrar en Bachillerato, aunque dice que lo compaginará con otro trabajo similar a los que tenía “para conseguir algo de comida y de ropa”. “Ahora siento que debería estudiar y llevar una vida tranquila”, confiesa cuando se le pregunta cómo se siente.

Sus padres se divorciaron cuando él tenía 15 años, y desde entonces vive con su abuela, sus dos hermanas, de 32 y de 28 años, y con otro hermano, de 26.

“Solo mi hermano ha encontrado trabajo. Mi hermana tiene la licenciatura en Derecho, pero no lo ha conseguido. Vivo en Tetuán tranquilamente y me encanta ver a muchos turistas por mi ciudad, pero me gustaría que toda mi pequeña familia pudiera encontrar trabajo”, desea el chaval.

El pasado 30 de julio llegó por la autopista hasta Malalien, un pueblo rural a unos 30 minutos en coche desde Tetuán. Desde allí fue “corriendo” hacia la playa de Marsa, en Castillejos (Fnideq), en un trayecto de unas siete horas a pie bordeando la costa desde Cabo Negro a la vecina localidad fronteriza.

Desde esta playa de Castillejos se echó a la mar sobre las 23.00 de la noche, y la Guardia Civil lo rescató a las 4.25 de la madrugada del día 31 ya en aguas españolas. “La entrada fue fácil, a nadie le importó si entraba o me quedaba”, relata, simplificando una travesía a nado de más de cinco horas en el mar, más difícil aún para alguien tan delgado como este chaval.

“Hombres malos”

Adam recuerda que los primeros siete días en la ciudad autónoma “fueron muy duros” porque “hombres malos” se abalanzaban sobre los migrantes y les intentaban pegar. “Los militares se mostraban cada vez más agresivos, noche tras noche”, aclara.

Estuvo durmiendo en un pequeño campo de fútbol sala en la barriada de Hadú, y luego pasó a pernoctar en el Príncipe, donde se sintió “más seguro” porque hubo gente que lo ayudó. “Mi situación cambió después de conocer a un hombre muy amable que intentó conocer mi historia y que me presentó a un hombrecillo muy amable”, recuerda.

Entre el lunes 7 y el miércoles 9 de septiembre, Adam se puso en contacto con este medio para contar con información para poder filiarse y entrar en el sistema de protección de menores. Acudió a las puertas de la Jefatura Superior de Policía, de los centros de menores del Tarajal y de algunas ONG, tal y como atestiguan sus fotografías, pero nadie lo ayudó con esta gestión. “¡Fuera!”, le decían repetidamente, al tiempo que lo hacían ir de un sitio a otro.

Chavales marroquíes frente a la comisaría de Policía.
Chavales marroquíes frente a la comisaría de Policía. | CEDIDA

“Cuando conocí a dos mujeres muy amables que tenían nacionalidad española y que intentaban ayudarme, les dije que ya no dormía en la calle, pero, aparte de dos o tres mujeres y hombres con los que me he encontrado en Ceuta, ¿alguien puede ayudarme con las opciones que tengo?”, se pregunta.

Finalmente, el sábado 26 de septiembre cruzó la frontera de vuelta a casa, aunque reconoce que era una opción que llevaba un mes meditando. “Decidí volver a Marruecos porque nadie me ayudaba ni me protegía como a un menor”, expresa directamente en este sentido.

También asegura que tampoco tuvo problemas con las autoridades fronterizas marroquíes a la hora de volver y que “quizás” intentará entrar en Ceuta de nuevo en unos dos años, “cuando todos esos inmigrantes que hay allí se hayan ido”.

“Tener una vida digna”

El resto del mensaje de Adam, dirigido al público que lea la historia, se reproduce íntegramente a continuación:

Hola a todos,

Soy un joven de 17 años de Marruecos y quiero deciros algo con todo respeto.

No soy un invasor. No he venido a España para causar problemas, para hacer daño a nadie ni para aprovecharse de nadie. Entiendo que mucha gente en España esté enfadada, pero no somos enemigos.

Solo soy un chico que quiere cambiar su vida. En mi país, mi situación es muy difícil y no veo ningún futuro. Mi único objetivo es trabajar, estudiar y tener una vida digna, como cualquier joven español de mi edad. No busco lujos, solo una oportunidad para mejorar y salir adelante.

El racismo y el odio no sirven de nada. No resuelven nada. Solo crean más dolor y más división entre nosotros; cuando todos somos jóvenes y todos somos humanos. Yo no odio a nadie.

Siento un gran respeto por España, por su gente y su cultura. Solo os pido que me veáis tal y como soy: un joven con un sueño, no como un delincuente o un invasor.

Gracias por escucharme.

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