El asentamiento de Sidi Embarek cambia su ubicación a otro espacio habilitado por Luna Blanca
CRISIS MIGRATORIA
Vecinos y voluntarios desmontaron y trasladaron las carpas desde la pista deportiva de La Reina ante la lluvia y la falta de espacio, baños y duchas, con especial atención a niñas, mujeres y menores migrantes
La crítica situación que atraviesa Ceuta, derivada de la crisis migratoria que ya lleva un mes en desarrollo, está obligando a encontrar soluciones cada vez más improvisadas para tener atendida a toda la población migrante que entró en la ciudad el pasado 30 de julio y sigue desde entonces aquí.
Es el caso del asentamiento humanitario que se encontraba desplegado en la pista deportiva de Sidi Embarek, en la barriada de la Reina. Después de su despliegue a finales de julio, ha tenido que ser trasladado este miércoles hasta las instalaciones habilitadas por la ONG Luna Blanca en unos terrenos de su propiedad junto a la mezquita de Sidi Embarek.
Allí se han instalado carpas pensadas para proteger a los migrantes de la climatología adversa que se espera en Ceuta en los próximos días, como ha explicado Abdellah Mustafa, presidente de la Asociación de Vecinos de Sidi Embarek, que lleva colaborando y aportando desde que dio comienzo la crisis migratoria.
“Hemos trasladado el campamento porque las condiciones eran nefastas. Aquí, al menos, nos han dejado poner una carpa blanca y tenemos un mejor acondicionamiento, aunque no tenemos demasiado espacio. La lluvia también ha influido. Ahora nos sigue entrando y moja las mantas a veces, pero al menos no nos cae encima directamente”, ha detallado el joven voluntario sobre el cambio de ubicación del campamento.
El traslado ha servido también para aprovechar y concentrar toda la ayuda humanitaria en un mismo punto, aunque según ha denunciado Mustafa, todavía están pendientes de incorporar elementos básicos de higiene y supervivencia: “Todavía estamos esperando a que nos pongan baños, aseos y duchas, pero realmente lo que deberían hacer y lo que se necesita es reubicar a la gente a los lugares que designe el Gobierno”.
“Este asentamiento, como tantos otros, sigue siendo provisional. El problema es que llevamos un mes ya con esa provisión, y estamos muy cansados, está siendo muy duro. Este cambio de ubicación solo ha sido un lavadito de cara, y lo hemos hecho por voluntad propia, sin ayuda de nadie, a pie y por sus propios medios. No nos ha trasladado nadie, desmontamos todo y lo trajimos hasta aquí”, ha añadido Abdellah.
Tanto él como sus vecinos se vieron obligados a organizar la barriada y habilitar el anterior espacio para el asentamiento, que fue creciendo de forma insostenible hasta albergar a centenares de migrantes, entre ellos muchos menores, niñas y mujeres. El desgaste fue aumentando hasta llegar a un punto límite, que es el que ha implicado el traslado del campamento a los alrededores de la mezquita liberando el espacio polideportivo anteriormente ocupado.
“Mira, esto está lleno de niñas jóvenes, de menores no acompañadas, de madres y padres con sus hijos y de mujeres jovencitas, que ya son mayores de edad, y que necesitan protección. Hay incluso embarazadas próximas a dar a luz” ha descrito Abdellah Mustafa, ilustrando la cruda realidad de quienes no saben todavía qué les depara el futuro.
Lo cierto es que este asentamiento improvisado, ahora reubicado, está llegando a su límite, y está llevando a su límite a quienes lo habitan y a quienes trabajan allí para dotar a los migrantes de unas condiciones mínimas de vida. Mientras evitan que la violencia y la delincuencia se extiendan a otros rincones de la ciudad, se alimenta a los necesitados y se les ofrece un “techo” en el que, aun así, no podrán permanecer indefinidamente sin que la situación se acabe descontrolando.