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Crisis migratoria
Los servicios de inteligencia no solo alertaron de un posible incremento de la presión migratoria, sino que trasladaron al Ejecutivo que existía una “probabilidad” de que Marruecos pudiera permitir un movimiento masivo coincidiendo con una fecha especialmente sensible para la monarquía alauita. Según una información publicada por THE OBJECTIVE, que cita fuentes de inteligencia militar y civil conocedoras de los avisos remitidos al Ejecutivo, se trataba de un escenario que “no podía ser descartado” y que requería una vigilancia reforzada de la frontera.
Los informes habrían advertido de un escenario de presión migratoria coincidiendo con la festividad del Trono de Marruecos, una fecha en la que los servicios de información contemplaban la posibilidad de que se produjera algún tipo de gesto de “magnanimidad” por parte del rey Mohamed VI.
Según las fuentes consultadas por el citado medio, los avisos no se limitaron a una previsión genérica, sino que fueron aumentando conforme se detectaron nuevos movimientos en las localidades marroquíes próximas a la frontera ceutí.
Uno de los elementos que encendió las alarmas fue la llegada masiva de autobuses a Castillejos. Este hecho fue interpretado por los servicios de información como una señal de alerta. “Esto no se prepara en cuatro días”, advierten fuentes de inteligencia consultadas por THE OBJECTIVE, que consideran que los movimientos detectados respondían a una planificación previa.
Los servicios de inteligencia habrían interpretado también como una señal previa los continuos cruces a nado registrados durante los días anteriores desde la costa marroquí hacia la ciudad autónoma.
En apenas diez días, alrededor de un millar de personas consiguieron acceder a Ceuta por vía marítima, un fenómeno que los informes habrían considerado como una fase de tanteo previa a una operación de mayor dimensión. La crisis finalmente estalló cuando, en menos de 24 horas, alrededor de 60.000 personas cruzaron hacia Ceuta a pie y a nado, según las estimaciones manejadas por Policía Nacional y Guardia Civil.
La magnitud del episodio convirtió la jornada en una de las mayores crisis migratorias sufridas por la ciudad autónoma, con las fuerzas de seguridad completamente desbordadas ante la presión ejercida sobre el paso fronterizo del Tarajal.
Una de las principales críticas trasladadas por las fuentes de inteligencia militar a THE OBJECTIVE es que el Ejército no fuera activado desde el primer momento. “Había unidades preparadas para intervenir tanto en Ceuta como en Melilla. Solo era necesaria una decisión política y la orden del mando de operaciones”, explican estas fuentes, que consideran que el despliegue habría permitido ganar tiempo ante una situación que terminó desbordando a los cuerpos policiales.
La falta de refuerzos inmediatos provocó, según estos testimonios, que agentes de la Guardia Civil y de la Policía Nacional tuvieran que hacer frente prácticamente solos a una situación que superaba ampliamente sus capacidades operativas.
La comparación con la crisis migratoria de mayo de 2021 aparece también en los informes y testimonios recogidos por el medio digital, aunque los responsables de seguridad consideran que el episodio actual presenta diferencias importantes.
A juicio de agentes consultados, la crisis de 2021 fue un episodio puntual provocado por una relajación de los controles fronterizos, mientras que la situación actual sería consecuencia de un fenómeno prolongado que venía siendo advertido desde hace tiempo.
La Guardia Civil sostiene que el denominado “goteo de nadadores” hacia Ceuta llevaba meses aumentando y que la reciente sentencia del Tribunal Supremo sobre las devoluciones en caliente pudo incrementar todavía más la presión migratoria.
El instituto armado apunta, además, a la falta de actuación de Marruecos durante las horas críticas del asalto, según los testimonios recogidos por THE OBJECTIVE. “La gendarmería estaba de brazos cruzados mientras cientos de personas avanzaban hacia la frontera”, señalan agentes, quienes aseguran que la situación fue muy diferente a otros episodios de presión migratoria vividos anteriormente.
La escena en el Tarajal fue descrita por algunos agentes como una situación de absoluto desbordamiento. “No teníamos capacidad para contener aquello. Solo podíamos atender a los heridos”, relatan efectivos desplegados en la zona, que aseguran que la magnitud del movimiento superó cualquier previsión operativa.
Los mismos testimonios señalan que también se produjeron movimientos organizados desde carreteras próximas al paso fronterizo, con personas que llegaron en vehículos y camiones antes de dirigirse hacia la zona de entrada. Frente a estas críticas, el Gobierno defendió desde el primer momento la colaboración con Marruecos. El Ministerio del Interior aseguró que la cooperación con Rabat era “ejemplar, leal y permanente”.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, calificó la entrada masiva como un “ataque a la integridad territorial de España” y aseguró que la colaboración con las autoridades marroquíes fue constante desde el inicio. Sánchez atribuyó parte de la responsabilidad a las mafias de tráfico de personas y vinculó la presión migratoria con la sentencia del Tribunal Supremo que limita las devoluciones inmediatas de quienes llegan por vía marítima.
Respecto al despliegue de medios, el Ejecutivo defendió la actuación del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, y aseguró que los refuerzos fueron activados ante el incremento de llegadas por mar. Sin embargo, según la información publicada por THE OBJECTIVE, los primeros refuerzos importantes no llegaron hasta después del estallido de la crisis, cuando ya se habían producido miles de entradas. El despliegue posterior incluyó efectivos de las Fuerzas Armadas, así como unidades adicionales de Policía Nacional y Guardia Civil, aunque la frontera no quedó plenamente reforzada hasta pasado el mediodía del viernes. Mientras tanto, Interior informó de que más de 53.000 personas de las que accedieron a Ceuta habían regresado voluntariamente a Marruecos.
La situación continúa generando debate político y preocupación en la Unión Europea, donde algunos países han advertido sobre las consecuencias de una posible redistribución de migrantes hacia la Península. Italia llegó incluso a plantear inicialmente restricciones relacionadas con el espacio Schengen, aunque posteriormente matizó que cualquier medida debería tramitarse dentro del marco comunitario.
El Gobierno español trabaja ahora en nuevas medidas para controlar las entradas por vía marítima, entre ellas la instalación de boyas en el mar para reforzar la frontera desde el punto de vista administrativo. Una propuesta que no convence plenamente a la Guardia Civil, que reclama cambios legislativos y soluciones estructurales para hacer frente al flujo constante de llegadas a las costas de Ceuta.
La crisis deja abierta una de las principales incógnitas: si las advertencias recibidas durante los días previos fueron suficientes para anticipar una situación que finalmente terminó colapsando la frontera. “Los avisos llegaron, pero las decisiones no llegaron a tiempo”, resumen fuentes conocedoras del dispositivo citadas por THE OBJECTIVE.
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