Ceuta, una crisis sobrevenida que se desató en la "zona gris"

Crisis migratoria

Un informe valora la hipótesis de una movilización orquestada por Marruecos, aunque precisa que esta posibilidad no está demostrada con un grado de certeza alto

Militares desplegados en la frontera el pasado 15 de agosto
Militares desplegados en la frontera el pasado 15 de agosto | Inma Martínez
Redacción
04 sep 2026 - 23:59

Ceuta/ Las causas que explican los sucesos acaecidos en Ceuta desde el pasado 30 de julio encajan en un escenario de “zona gris”, un contexto en el que inciden actores sociales, migratorios, digitales, fronterizos y diplomáticos. Este es el argumento que sostiene un informe publicado por el Lisa Institute, una entidad dedicada a la formación en las áreas de geopolítica, inteligencia, seguridad, defensa, ciberseguridad y criminología.

Obra de Andrés González, en colaboración con Sara Fuertes, el trabajo maneja como hipótesis más consistente para explicar la crisis la de la existencia de una base social y migratoria real, alimentada por vulnerabilidades socioeconómicas y expectativas de emigración, pero que fue amplificada mediante redes sociales y mecanismos digitales de coordinación.

A partir de ahí, Marruecos pudo haber tolerado, facilitado o explotado estratégicamente una movilización que no necesariamente había creado. El propio informe advierte, sin embargo, de que esta posibilidad no está demostrada con un grado de certeza alto.

Uno de los elementos que los autores consideran especialmente relevante es la dimensión digital previa a la crisis. Durante semanas se habrían generado narrativas, activado comunidades digitales y utilizado grupos de mensajería para favorecer la coordinación.

Indicios

Entre los indicios que reclaman una investigación independiente figuran el transporte organizado hacia las proximidades de la frontera, cambios deliberados en el despliegue fronterizo marroquí, campañas digitales anteriores al cruce, coordinación logística mediante mensajería y una sincronización entre la actividad en Internet y las concentraciones físicas.

El informe introduce aquí una distinción fundamental para interpretar los hechos: coordinación digital no equivale automáticamente a dirección estatal. Los autores consideran plausible que estructuras marroquíes pudieran haber modificado las condiciones fronterizas o aprovechado la movilización, pero reconocen que falta el vínculo documental que permita afirmar que los organizadores actuaban bajo órdenes del Estado. Por ello, califican la hipótesis de una operación estatal marroquí directamente dirigida como “plausible, pero no demostrada”, con una confianza baja-media. En cambio, otorgan una confianza media a la hipótesis de una operación tolerada, facilitada o instrumentalizada por Marruecos.

La tercera hipótesis, que atribuye el origen fundamental de la crisis a un fenómeno migratorio y social amplificado digitalmente, recibe una confianza media-alta en lo relativo al peso del componente social y digital. Los autores consideran que esta explicación tampoco es incompatible con una eventual instrumentalización por parte de Marruecos. De hecho, esa combinación —movilización espontánea o parcialmente autónoma más posible aprovechamiento estatal— es la que menos supuestos exige para explicar el conjunto de los acontecimientos.

Hipótesis por demostrar

El documento es especialmente tajante al descartar como conclusiones demostradas varias de las hipótesis más llamativas que han circulado en torno a la crisis. No encuentra pruebas fehacientes de que Estados Unidos organizara los acontecimientos, de que Israel o el Mossad dirigieran la operación, de una decisión marroquí confirmada de invadir Ceuta o Melilla, ni de un plan internacional para transferir la soberanía de las ciudades. Tampoco considera demostrado que la crisis fuera la primera fase de una invasión militar prevista para 2027.

Tampoco la hipótesis de una futura acción militar obtiene respaldo suficiente. El escenario de preparación de una operación contra Ceuta o Melilla queda calificado como de “muy baja” confianza y como una posibilidad que debe mantenerse bajo vigilancia, no como una estimación confirmada. Para los autores, la existencia de capacidad militar, reivindicaciones territoriales y tensión bilateral no demuestra por sí misma una intención de utilizar la fuerza.

La principal preocupación estratégica que emerge del informe es, por tanto, otra: la posibilidad de que se repitan crisis híbridas de elevada intensidad sin llegar a un conflicto militar convencional. España y Marruecos mantienen una relación de fuerte interdependencia. España necesita la cooperación marroquí en materias como seguridad, migración y estabilidad regional, mientras Marruecos depende de España para su acceso a Europa, comercio, inversión, movilidad y cooperación política. Esa interdependencia puede convertirse en una vulnerabilidad si una crisis en un ámbito se transmite a otros.

El informe considera que el escenario más preocupante a medio plazo no es una invasión, sino una nueva crisis híbrida o fronteriza, que los autores califican de probabilidad media-alta y de impacto muy alto. Una disputa diplomática podría coincidir con movilizaciones migratorias, campañas digitales, deterioro de la cooperación policial y cambios en el dispositivo fronterizo, multiplicando sus efectos políticos, económicos y sociales.

Una propuesta de respuesta

Ante este riesgo, los autores recomiendan modificar la respuesta española. Proponen crear una arquitectura permanente de alerta temprana que integre inteligencia, policías, Fuerzas Armadas, autoridades locales y fuentes abiertas; establecer sistemas que detecten la convergencia de varios indicadores, en lugar de interpretar cada señal de forma aislada; y reforzar la comunicación estratégica para combatir rumores, evitar vacíos informativos y neutralizar narrativas o convocatorias capaces de alimentar nuevas movilizaciones.

También reclaman “europeizar” desde el principio este tipo de crisis. Ceuta y Melilla, sostiene el documento, no deberían ser consideradas únicamente un asunto bilateral entre Madrid y Rabat, sino fronteras exteriores de la Unión Europea. La recomendación final es cambiar el objetivo: no limitarse a impedir una nueva entrada masiva, sino conseguir que una eventual presión fronteriza no produzca los efectos políticos, diplomáticos, sociales y estratégicos que pudiera perseguir quien la promoviera, tolerara o instrumentalizara.

La conclusión esencial del informe es, en definitiva, que la vulnerabilidad de Ceuta no reside únicamente en la frontera física. También está en la capacidad de una crisis migratoria para convertirse rápidamente en una crisis política, diplomática, social y de seguridad. Y la cuestión que los autores consideran decisiva para confirmar una eventual implicación marroquí es encontrar una evidencia independiente que conecte las estructuras estatales o paraestatales con los mecanismos digitales, logísticos o fronterizos de la movilización.

Mientras esa prueba no aparezca, el propio informe pide no convertir coincidencias temporales, correlaciones o intereses geopolíticos en pruebas de una dirección operativa.

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