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El 15 de agosto ya es historia y la frontera del Tarajal ha superado sin una nueva entrada masiva la jornada que durante días había concentrado todas las alarmas. Pero el final de esta convocatoria no significa necesariamente el final del riesgo. Mientras el dispositivo de seguridad se mantiene activo, empiezan a circular nuevas fechas entre quienes habían difundido los llamamientos para acceder a Ceuta y una de ellas apunta ahora al 23 de septiembre, coincidiendo con las elecciones legislativas de Marruecos, previstas oficialmente para ese día.
La convocatoria del 15 de agosto fue perdiendo fuerza conforme se acercaba la fecha y, finalmente, la jornada transcurrió sin que se reprodujera la avalancha del pasado 30 de julio. La presión policial ejercida por Marruecos sobre los grupos que intentaban aproximarse a la frontera y el importante despliegue español en el perímetro contribuyeron a que la situación permaneciera bajo control. Sin embargo, el hecho de que ya se estén barajando nuevas fechas demuestra que el fenómeno no puede darse por cerrado simplemente porque una convocatoria concreta no haya tenido éxito.
El 23 de septiembre aparece ahora como una posible nueva referencia en esos mensajes, precisamente en una jornada de especial relevancia política para el país vecino. No existe, por el momento, garantía alguna de que ese llamamiento vaya a materializarse ni de que vaya a producirse un intento de entrada masiva, pero después de lo ocurrido el 30 de julio sería un error que España esperase a tener una certeza absoluta para reforzar su frontera. La experiencia reciente demuestra que las convocatorias pueden cambiar de fecha, perder fuerza o reaparecer cuando menos se espera.
Ceuta necesita, por tanto, algo más que dispositivos extraordinarios ligados a un día concreto. Necesita una frontera permanentemente preparada, con medios humanos y materiales suficientes para responder con rapidez ante cualquier concentración importante a uno u otro lado del perímetro. El 15 de agosto ha demostrado que la prevención funciona cuando existe coordinación y capacidad de respuesta, pero también que no tiene sentido desactivar la vigilancia simplemente porque haya pasado la fecha inicialmente señalada.
Y en este escenario, la relación con Marruecos resulta imprescindible, pero también obliga a España a mantener una posición prudente. La colaboración marroquí ha sido determinante para contener los movimientos de los últimos días, pero Ceuta no puede construir su seguridad sobre la certeza de que el país vecino actuará siempre de la misma manera. La frontera española debe estar preparada independientemente de las decisiones, los intereses o las circunstancias de Marruecos. Si el 23 de septiembre termina siendo solo otro rumor, mejor. Si aparece una nueva fecha, también. La lección del 30 de julio debería ser suficiente: en Ceuta, la frontera no puede reforzarse solo cuando las redes sociales ponen día y hora a una posible avalancha.
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