Los ecologistas advierten de la dimensión ambiental de la crisis

Crisis migratoria

Septem Nostra reclama una evaluación del impacto que la actividad humana en torno a los campamentos improvisados puede tener sobre el patrimonio natural

Aspecto general de la Zona en pleno LIC del Monte Hacho
Aspecto general de la Zona en pleno LIC del Monte Hacho | Ecologistas en Acción
A.F.C.
23 ago 2026 - 15:44

Casi un tercio del municipio de Ceuta es espacio natural protegido. Su territorio goza de la protección que ofrece el sistema ecológico europeo de la Red 2000, encarnada en la LIC-ZEPA de Calamocarro-Benzú (Lugar de Importancia Comunitaria/Zona de Especial Protección para las Aves) y el LIC de la zona marítimo-terrestre del Monte Hacho. Un patrimonio que no siempre los ceutíes y sus autoridades han preservado como habría sido de desear. De hecho, transcurrido más de un cuarto de siglo desde el año que da nombre a esta red de espacios naturales, Ceuta sigue sin aprobar el plan de ordenación que le permitiría garantizar el desarrollo e integridad de los hábitats y especies que se encuentran bajo su amparo.

La desidia de las instituciones públicas y la falta de concienciación acerca de la necesidad de preservar la riqueza natural de la ciudad no son en estos días, sin embargo, la amenaza más inmediata que se cierne sobre el patrimonio medioambiental ceutí.

La entrada en la ciudad de miles de personas los pasados días 30 y 31 de julio supuso una conmoción de la que la sociedad local todavía continúa sin reponerse. Una parte nada desdeñable de estos recién llegados -cuyo número aún no ha podido ser precisado oficialmente- ha decidido, ante la falta de alternativas, asentarse en campamentos levantados en las playas y montes de la ciudad. Una presencia que ocasiona un estrés difícil de asumir para el entorno.

La asociación conservacionista Septem Nostra ha alertado de los riesgos que esta ocupación plantea a la integridad de la fauna, la flora y los espacios naturales del territorio. El presidente de la entidad, José Manuel Pérez Rivera, es uno de los activistas que reclaman la conveniencia de que, una vez superada la crisis migratoria, las autoridades acometan una evaluación ambiental sistemática de los daños que esta sobrevenida interferencia humana ha podido llegar a causar. De hecho, Pérez Rivera solicita a la Ciudad que comience a recopilar información para trasladarla al Ministerio para la Transición Ecológica y a la Unión Europea. “Necesitamos que los lugares afectados sean restaurados desde el punto de vista ambiental y que se ofrezca una información precisa de lo que ha pasado, de las consecuencias y de los daños”, solicita el ecologista.

¿Cuáles son estas amenazas? Pérez Rivera señala el entorno de El Hacho como uno de los espacios especialmente sensibles por su importancia para la avifauna. La zona alberga áreas de nidificación y reproducción de distintas especies -la gaviota Audouin, por ejemplo- y sirve, en determinadas épocas del año como paso en las rutas migratorias de las aves. “La presencia humana tan cerca del litoral puede tener un impacto importantísimo”, advierte el presidente de Septem Nostra. Además, el tránsito continuo de personas por los espacios naturales, especialmente acantilados y áreas de difícil acceso, también supone una amenaza para la flora autóctona.

Paralelamente, la acumulación de residuos y restos de comida puede suponer un atractivo para animales silvestres como jabalíes o zorros, que comenzarían a frecuentar zonas por las que en otras condiciones no se aventurarían.

Pérez Rivera también alerta del estado en el que se encuentran los fondos marinos. Los miles de migrantes que a finales de julio entraron a nado en Ceuta dejaron tras de sí un rastro de residuos en su titánica lucha por alcanzar la costa con vida. “Los fondos están literalmente colmatados -asegura Pérez Rivera- Hay plásticos, basura, ropa”. El ecologista no esconde su preocupación ante lo que puede comenzar a suceder pasado el verano cuando entremos en la época del año en la que los temporales resultan más frecuentes. “Cuando todo eso se empiece a remover, vamos a tener un problema gordísimo”, afirma.

La contaminación de los suelos, los riesgos de incendio asociados a las actividades humanas en el monte y las dificultades para acometer la limpieza de los lugares afectados -muchos de los cuales se encuentran en emplazamientos recónditos difíciles de ubicar- son otras de las inquietudes que asaltan a Septem Notra.

La asociación ecologista advierte de que los ecosistemas que pueden verse dañados no solo forman parte de la riqueza natural de la ciudad sino que, además, son, en muchos casos, espacios únicos en Europa. Por todo ello, Septem Nostra plantea que las ayudas que el Estado y la UE puedan plantear para la recuperación de la ciudad tras la crisis no se limiten solo a las dimensiones sociales y económicas sino que incorporen también la variable ambiental.

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