El espigón que se quedó corto: una frontera pendiente desde hace 12 años

INMIGRACIÓN

La sentencia del Supremo reabre el debate sobre la frontera marítima y sobre la necesidad de dotar al espigón del Tarajal de una verdadera capacidad de contención

El espigón que se quedó corto: una frontera pendiente desde hace más de 12 años
El espigón que se quedó corto: una frontera pendiente desde hace más de 12 años | REDUAN

Ceuta/ Hay infraestructuras que envejecen y otras que se quedan pequeñas. Y después está el espigón del Tarajal, una construcción que nació para una función portuaria pero que, con el paso de los años, ha terminado convertida en una pieza estratégica de la frontera sur de Europa sin que su estructura haya sido adaptada de manera suficiente a esa nueva realidad.

El problema no es nuevo. Tampoco lo es la advertencia. Desde hace más de una década se suceden propuestas, estudios y reclamaciones para ampliar y reforzar el espigón, mientras las sucesivas crisis migratorias han demostrado que el punto sigue presentando una vulnerabilidad evidente. Ahora, con una nueva oleada migratoria y con el Tribunal Supremo fijando una doctrina que afecta directamente a quienes intentan acceder a Ceuta por mar, la vieja asignatura pendiente vuelve al primer plano.

La sentencia del Supremo establece que el rechazo en frontera previsto específicamente para Ceuta y Melilla no puede aplicarse de forma automática a quienes intentan entrar a nado si no han superado un elemento físico de contención fronteriza, como una valla. Los magistrados diferencian así entre los sistemas destinados a detectar y vigilar y aquellos que tienen una función material de impedir físicamente el cruce.

Gobiernos del PP y del PSOE han conocido durante años el problema y nunca han tomado medidas

Y es precisamente ahí donde el Tarajal vuelve a adquirir protagonismo. Porque quienes se lanzan al agua desde Marruecos para alcanzar Ceuta no tienen que saltar una valla en tierra, pero sí deben adentrarse en el mar y superar por el agua el extremo del espigón fronterizo. La diferencia jurídica establecida por el Supremo obliga, por tanto, a mirar de nuevo hacia esa infraestructura y preguntarse si la frontera marítima está realmente preparada para afrontar el fenómeno migratorio que se está produciendo.

La respuesta, a tenor de los acontecimientos de los últimos días, parece difícil de defender. Más de un millar de migrantes han llegado a Ceuta durante la última semana, según los datos publicados el 27 de julio, y solo durante la madrugada del lunes los agentes consultados contabilizaron alrededor de 280 entradas por la frontera marítima. La presión ha llevado al límite los recursos de acogida y ha obligado incluso a reabrir un dispositivo extraordinario para atender a los recién llegados.

El espigón que se quedó corto: una frontera pendiente desde hace más de 12 años
El espigón que se quedó corto: una frontera pendiente desde hace más de 12 años | REDUAN
El Tarajal sigue siendo uno de los puntos más vulnerables de la frontera ceutí y los recursos están al límite

La situación recuerda que el Tarajal no es simplemente un espigón. Es uno de los puntos donde confluyen la seguridad fronteriza, la presión migratoria, la cooperación con Marruecos, la actuación de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y, por encima de todo, el riesgo de que personas desesperadas se lancen al mar para intentar alcanzar territorio español.

La historia demuestra, además, que el problema tampoco puede atribuirse a una única legislatura. En 2014, después de la tragedia ocurrida en las inmediaciones del Tarajal, el entonces ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, planteó ampliar la infraestructura unos 40 metros mar adentro. El objetivo era prolongar la valla y dificultar que los migrantes pudieran bordear el espigón por el agua. El proyecto, sin embargo, nunca llegó a ejecutarse.

El propio Fernández Díaz reconoció entonces que el espigón había perdido efectividad con el paso de los años debido a la sedimentación. Una infraestructura que originalmente se adentraba unos 30 metros en el mar había quedado reducida a apenas unos pocos metros, con zonas en las que podía ser bordeada a pie cuando la marea lo permitía. La advertencia estaba hecha y la vulnerabilidad, identificada.

Un proyecto de una ingeniera del Ejército plantea ampliarlo 400 metros, además de incorporar tecnología, vigilancia y sistemas de detección
Un proyecto de una ingeniera del Ejército plantea ampliarlo 400 metros, además de incorporar tecnología, vigilancia y sistemas de detección
Un proyecto de una ingeniera del Ejército plantea ampliarlo 400 metros, además de incorporar tecnología, vigilancia y sistemas de detección | CEDIDA

Incluso antes de aquella propuesta, a la que nos hemos referido, ya se habían planteado alternativas. En 2013 se llegó a hablar de un pantalán flotante y de sistemas destinados a impedir el paso por debajo del agua. La respuesta parlamentaria del Gobierno de entonces señalaba que no estaba prevista la construcción de un refuerzo del espigón. Solo después de la tragedia de febrero de 2014 se retomó con mayor intensidad la posibilidad de modificarlo.

Pero la obra tampoco llegó con el cambio de escenario. El proyecto quedó aparcado y la frontera marítima continuó dependiendo de una infraestructura que, con el tiempo, ha ido demostrando sus limitaciones. La cuestión de fondo, por tanto, no es quién gobernaba cuando se planteó la ampliación, sino por qué después de tantos años ningún Ejecutivo ha sido capaz de convertir aquella necesidad en una actuación definitiva.

El PP tuvo sobre la mesa la ampliación del Tarajal y decidió finalmente no ejecutarla. Los gobiernos socialistas que llegaron después tampoco han dado una respuesta estructural que haya transformado sustancialmente el punto fronterizo. Unos y otros han tenido que afrontar diferentes episodios de presión migratoria, pero el espigón continúa siendo, en esencia, el mismo. La responsabilidad política, en este sentido, trasciende siglas y legislaturas.

Las distintas propuestas para ampliar el espigón nunca han terminado de convertirse en una realidad

La crisis de mayo de 2021 volvió a demostrarlo de manera dramática. Más de 8.000 personas entraron en Ceuta en apenas dos días y una parte importante de los accesos se produjo por el mar. El espigón del Tarajal y el de Benzú quedaron entonces señalados como dos de los puntos que permitían sortear la frontera terrestre mediante la entrada por aguas próximas a la costa.

Tres años después, la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC) volvió a reclamar la ampliación de ambos espigones ante el aumento de los llamados “nadadores”. La organización advertía en septiembre de 2024 de personas que se introducían varios kilómetros en el mar y podían llegar a nadar durante horas para evitar los controles desplegados en las playas marroquíes. Para la asociación, la ampliación de los espigones y el refuerzo de los medios del Servicio Marítimo y de los GEAS eran medidas necesarias para reducir el riesgo.

La reclamación no se quedó únicamente en el terreno sindical o político. En 2025, un Trabajo de Fin de Grado realizado por la dama alférez cadete de Ingenieros Marta Vara González analizó precisamente las deficiencias del Tarajal y diseñó una propuesta técnica de ampliación y reforzamiento. El estudio, elaborado desde el ámbito de la ingeniería militar, partía de una conclusión contundente: el espigón presentaba deficiencias frente a escenarios de elevada presión migratoria.

La AUGC ha sido una de las asociaciones que más ha reclamado la ampliación del espigón

La propuesta resulta especialmente llamativa por sus dimensiones. Plantea prolongar el espigón unos 400 metros mar adentro mediante módulos de hormigón armado prefabricados, con el objetivo de alejar la línea fronteriza de la costa, dificultar la aproximación nadando y ampliar el campo de vigilancia. A ello se añadiría un nuevo vallado y diferentes sistemas destinados a reforzar la capacidad de control.

El proyecto también apuesta por una frontera tecnológica, con sensores acústicos y de presión sumergibles, cámaras térmicas conectadas con drones y torres de vigilancia, sistemas de detección y otros elementos de vigilancia. La propuesta contempla incluso un centro de mando específico que integre sensores, inteligencia artificial, el Sistema Integrado de Vigilancia Exterior y los medios del Ejército.

Según ese estudio, la intervención podría ejecutarse en un plazo aproximado de entre 12 y 18 meses, dependiendo de las condiciones meteorológicas y de la disponibilidad logística. El proyecto fue concebido, además, para que pudiera ser ejecutado con medios militares, especialmente por el Regimiento de Ingenieros número 7, unidad con experiencia directa en las labores de seguridad y refuerzo fronterizo de Ceuta.

En la última semana más de un millar de migrantes han logrado acceder a Ceuta por vía marítima
En la última semana más de un millar de migrantes han logrado acceder a Ceuta por vía marítima | REDUAN
En la última semana más de un millar de migrantes han logrado acceder a Ceuta por vía marítima

El contraste resulta difícil de ignorar: mientras desde el ámbito militar se ha estudiado incluso cómo transformar el Tarajal en una frontera inteligente, las administraciones continúan sin materializar una solución definitiva para una infraestructura cuya insuficiencia se conoce desde hace años. Hay diagnósticos, propuestas y antecedentes suficientes. Lo que sigue faltando es una decisión.

Y esa decisión no debería plantearse únicamente desde la perspectiva de levantar más hormigón o colocar más metros de valla. La frontera del Tarajal es también un escenario donde cada intento de entrada puede convertirse en una emergencia humanitaria. Cuando una persona se lanza al mar y se introduce durante horas en aguas abiertas para intentar llegar a Ceuta, el problema deja de ser exclusivamente fronterizo y pasa a convertirse también en una cuestión de seguridad y de protección de vidas.

Por eso, mejorar el espigón no debería significar únicamente levantar un obstáculo más difícil de superar. Debería implicar diseñar una frontera más segura, con mejores medios de vigilancia y detección, capaz de anticipar los movimientos y reducir los escenarios en los que los agentes de la Guardia Civil se ven obligados a elegir entre contener una entrada irregular o lanzarse al agua para rescatar a quien está a punto de morir.

La obra de la propuesta de ampliación del espigón podría ejecutarse en un plazo de entre 12 y 18 meses

El Supremo ha puesto ahora sobre la mesa una cuestión jurídica que obliga a replantear el funcionamiento de la frontera marítima. La propia sentencia deja abierta la posibilidad de que existan elementos de contención en el mar que permitan aplicar el régimen específico de rechazo en frontera cuando alguien intente superarlos. La decisión judicial, por tanto, no elimina el debate: lo desplaza hacia la necesidad de determinar qué tipo de infraestructura marítima puede existir y cómo debe diseñarse dentro de la legalidad.

Mientras tanto, Ceuta vuelve a soportar una presión migratoria extraordinaria. La Ciudad tutela actualmente a 430 menores extranjeros no acompañados, frente a los 210 que contabilizaba apenas dos semanas antes, y el sistema de acogida se encuentra al límite. La Delegación del Gobierno y la Ciudad Autónoma han tenido que coordinar una respuesta extraordinaria ante unas cifras que vuelven a superar la capacidad ordinaria de la ciudad.

El Tarajal vuelve así a convertirse en el espejo de una frontera que lleva demasiado tiempo esperando. En 2014 se habló de ampliar 40 metros; una década después, un proyecto académico propone 400. Entre una cifra y otra han pasado crisis migratorias, cambios de Gobierno, tragedias, reclamaciones de los agentes y nuevas propuestas tecnológicas. Y, sin embargo, el problema esencial continúa en el mismo sitio.

Migrantes marroquíes interceptados por la Marina Real de Marruecos antes de llegar a la playa del Tarajal
Migrantes marroquíes interceptados por la Marina Real de Marruecos antes de llegar a la playa del Tarajal | REDUAN
El Supremo, con su sentencia, obliga a replantear el funcionamiento de la frontera marítima

Ceuta no necesita que el espigón vuelva a aparecer en los titulares únicamente cuando se produce una avalancha migratoria. Necesita que las administraciones, independientemente de que gobierne el PP o el PSOE, afronten de una vez una cuestión que lleva años sobre la mesa. Porque una frontera exterior de la Unión Europea no puede depender indefinidamente de una infraestructura diseñada para otra época y adaptada a golpe de emergencia.

El debate tampoco debería reducirse a una cuestión partidista. La falta de actuación acumulada pertenece a demasiados años y a demasiados gobiernos como para que una sola formación pueda cargar con ella. Lo que corresponde ahora es decidir si se quiere seguir reaccionando después de cada crisis o si, por el contrario, se pretende anticiparse a la siguiente.

El espigón del Tarajal lleva años diciendo que se ha quedado corto. Lo han dicho los agentes, lo han recogido distintos proyectos y lo han demostrado las sucesivas crisis migratorias. Ahora lo vuelve a recordar una sentencia del Tribunal Supremo y, sobre todo, una realidad que no entiende de debates políticos: para llegar a Ceuta por ese punto, hay personas que están dispuestas a jugarse la vida en el mar. La pregunta que queda pendiente es cuánto tiempo más habrá que esperar para que la frontera esté preparada antes de que llegue la próxima avalancha.

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