El Gobierno pide frenar “la violencia” a los ceutíes, que están “cansados”

Tensión social

La Ciudad y el Estado pactaron un mensaje urgente contra la hostilidad hacia los migrantes o, incluso, los vecinos musulmanes

Cartel difundido por la Ciudad para pedir que se frene la violencia
Cartel difundido por la Ciudad para pedir que se frene la violencia | Cedida

La calma tensa en la que se sumió Ceuta los días posteriores a la entrada masiva terminó de estallar el miércoles con las primeras movilizaciones ciudadanas contra la falta de soluciones del Gobierno de España. El vaso de la paciencia de la que tanto había presumido el presidente Juan Vivas rebosó cuando, tras más de dos semanas a la espera de la normalidad, los vecinos supieron que el Estado pensaba usar todos sus polideportivos para acoger migrantes. Desde entonces, buena parte de los ceutíes, que se sienten desamparados, han decidido acelerar su vuelta a la vida que tenían antes del primer ataque a la integridad territorial que sufre la España democrática. Si las administraciones siguen ancladas en la complejidad de los procesos de retorno, ellos han optado por obligarles a regresar voluntariamente. Y lo hacen por medio de acciones que el Gobierno ha tildado de “violentas” en mitad de una tensión de la que están surgiendo algunos casos de hostilidad contra los ceutíes musulmanes.

Los Gobiernos de España y Ceuta han pactado lanzar un mensaje común contra la violencia. La Ciudad lo ha materializado por medio de un cartel que reza “Ceuta somos todos. No a la violencia, sí a la unión. Ceuta por encima de todo”. Juan Vivas ha reiterado en sus últimas comparecencias la necesidad de alejarse de las reacciones agresivas contra las personas migrantes. La Policía tuvo ayer que formar un cordón en Benítez para evitar que centenares de manifestantes se aproximaran a la playa del Trampolín, repleta de magrebíes durante el reparto de comida de Cruz Roja. Los agentes temían un enfrentamiento. Lo mismo hicieron la noche anterior, la del miércoles. Los efectivos tuvieron también que proteger a reporteros de canales nacionales, a quienes los ciudadanos increpaban reprochándoles que estén difundiendo una imagen de la ciudad sesgada e injusta.

Los manifestantes defienden que su objetivo es presionar a los migrantes hasta que dedican irse por donde vinieron. Es por ello que un grupo de varones bajó hasta los asentamientos en la playa de Benítez para destrozarlos, llegando a quemar algunas de las chozas. La motivación es infundir miedo a los llegados en la entrada masiva para acelerar su retorno a Marruecos y evitar que pasen los meses y continúen en Ceuta a la espera de la denegación de asilo prometida por el Gobierno. “Estamos cansados. No me van a echar de mi tierra”, gritaba ayer una señora en mitad del cordón humano que formaron decenas de ceutíes para impedir el paso de dos vehículos de Cruz Roja al Trampolín.

Mientras tanto, el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, ha insistido en la mañana de este viernes en la necesidad de frenar la violencia. “No es el camino para resolver ningún problema”, ha dicho durante la comparecencia que ofrece en el Congreso, donde también intervendrán a lo largo de la mañana el ministro de Exteriores y la de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones.

Se han notificado casos de ceutíes musulmanes que han denunciado públicamente haber sido increpados y hasta agredidos por otros vecinos al confundirlos con migrantes. El ministro de Política Territorial, Ángel Víctor Torres, ha reaccionado: “No se puede atacar a ceutíes musulmanes, como no se puede atacar a nadie por ser inmigrante”. También se han producido incidentes contra marroquíes que llevan años en Ceuta. Como Yussef Alí Nas Amar, un joven de 24 años criado en la ciudad desde los cuatro. Este jueves denunció ante la Policía Nacional haber sido objeto de una agresión multitudinaria a manos de un grupo de personas que, antes de golpearle, le dedicaron insultos como “moro de mierda”, “ladrón” o “hijo de puta”.

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