De lo “ilegal” a lo “irregular”: un análisis del relato migratorio

Investigación

Investigadores de dos universidades suizas recurren a los casos de Ceuta y Melilla para enfrentar las perspectivas “administrativa” y “humanitaria” del fenómeno

Un grupo de migrantes, junto al espigón de El Tarajal
Un grupo de migrantes, junto al espigón de El Tarajal | EL PUEBLO
Redacción
24 oct 2026 - 16:42

La situación de crisis que atraviesa Ceuta desde el pasado 30 de julio ha reactivado el interés sobre los estudios que constituyen el acervo de información académica referida a los fenómenos migratorios en las fronteras de Ceuta y Melilla. Hace poco más de un año los investigadores Anna Marino, del Swiss Forum for Migration and Population Studies de la Universidad de Neuchâtel, y Vestin Hategekimana, del Instituto de Demografía y Socioeconomía de la Universidad de Ginebra, sacaban a la luz un estudio titulado “El encuadre de la migración y de las personas migrantes a través de las crisis fronterizas: el caso de Ceuta y Melilla”. Publicado por el Journal of Inmigrant & Refugee Studies, su trabajo planteaba una reflexión particularmente pertinente después de los sucesos registrados a finales de julio en Ceuta.

Marino y Hategekimana describían cómo, según la perspectiva adoptada, el fenómeno migratorio acaba siendo percibido de muy distintas maneras, una divergencia en la que el uso del lenguaje resulta clave.

Los autores del estudio describían las dos formas contrapuestas de abordar la movilidad en la frontera. La primera hace primar las consideraciones administrativas y de seguridad; la segunda pone el énfasis sobre la cuestión humanitaria. Una incide en la gestión de los movimientos humanos y los procedimientos; la otra, en las personas migrantes, sus derechos y su vulnerabilidad.

El estudio —que analiza fundamentalmente las crisis de Ceuta de mayo de 2021 y la tragedia del 24 de junio de 2022 en Melilla— constata cómo la naturaleza de la fuente de la información condiciona la narración del fenómeno.

Así, los autores subrayan cómo los documentos evacuados por los ayuntamientos de las dos ciudades autónomas adquieren un tono formalmente administrativo, mientras que los de la Policía Nacional, la Guardia Civil y Frontex incluyen más referencias a la seguridad. El lenguaje resulta revelador. En estos escritos, las descripciones no dudan en incluir términos como “avalancha”, “invasión” o “problema”.

En este caso, el lenguaje empleado presenta el fenómeno migratorio como un proceso que debe ser gestionado. Esta perspectiva sería la que Marino y Hategekimana definen como “frontera gerencial o administrativa”.

Este análisis, cuya publicación data, curiosamente, del 30 de julio de 2025, justo un año antes de que se desatara la crisis en Ceuta, viene a explicar el origen de la tesis, hija de la corriente de opinión preponderante en la ciudad, de que lo que sucedió hace casi tres meses fue una “invasión”. Medios de comunicación, agentes sociales y económicos y la Ciudad se han adherido a esta perspectiva.

Este punto de vista contrasta con el tenor de los documentos elaborados por las organizaciones independientes dedicadas a la defensa de los derechos de las personas migrantes. En ellos, se incide sobre la situación de los menores, la violencia y las condiciones que caracterizan los desplazamientos.

Los autores advierten que mientras el enfoque más institucional tiende a emplear términos como “ilegal” para referirse a los movimientos migratorios, el marco más humanitario recurre con más frecuencia a adjetivos como “irregular”, en la intención de desvincular estos fenómenos de la criminalidad.

El grupo de oenegés que colaboraron en la recogida de información sobre la que se fundamenta el estudio compartió con Marino y Hategekimana algunas reflexiones acerca de cómo los movimientos migratorios son abordados en las dos ciudades autónomas. “Sostienen que la migración en el contexto fronterizo es ‘algo constante, aunque invisible’ —escriben los autores—. Desde su perspectiva, la migración forma parte de la vida cotidiana de estos territorios, pero a menudo solo se vuelve visible cuando se produce un acontecimiento excepcional que recibe una amplia cobertura mediática”.

Las crisis intensifican el choque entre los relatos

Los sucesos del 30 de julio ilustran las tesis que ya un año antes los autores del estudio habían plasmado en su publicación. Los investigadores suizos mantienen que episodios disruptivos como los que se registraron en Ceuta en 2021 y en Melilla en 2022 no hacen sino aumentar la distancia entre las perspectivas administrativa y humanitaria. En estos momentos vendría a darse una competición entre las instituciones y las organizaciones sociales por definir y significar los acontecimientos.

Así, mientras los actores institucionales tienden a presentar los episodios como problemas de gestión fronteriza y control, las organizaciones activistas los interpretan como situaciones de violencia relacionadas con el sistema de gobernanza migratoria y con las desigualdades que caracterizan la zona.

El estudio define la posición de estas últimas entidades como “pragmatismo basado en principios”, una actitud que las organizaciones activistas juzgan la más adecuada: “Construir una frontera más humanitaria no solo estaría en consonancia con los principios y respondería a preocupaciones éticas, sino que también contribuiría al desarrollo futuro de las zonas fronterizas y, por tanto, redundaría en beneficio de la propia frontera”.

De hecho, según los investigadores, los enfoques sobre la inmigración adoptados por las autoridades españolas y europeas son percibidos por estas organizaciones independientes como concepciones que no hacen sino alimentar los ciclos de tensión

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