El Príncipe, desbordado 78 días después de la entrada masiva: "Estamos cansados de tanta pena"
INVASIÓN
EL PUEBLO DE CEUTA recorre las calles de Príncipe Alfonso, donde cientos de migrantes continúan durmiendo a la intemperie mientras los vecinos reclaman una solución urgente a una situación que consideran insostenible
La barriada de Príncipe Alfonso continúa sufriendo las consecuencias de la entrada masiva de más de 80.000 migrantes registrada el pasado 30 de julio por la frontera del Tarajal. Setenta y ocho días después, las calles del barrio siguen convertidas en refugio improvisado para numerosas personas de origen marroquí, que duermen a la intemperie, buscan alimentos y esperan una solución a su situación. EL PUEBLO DE CEUTA ha recorrido la zona para conocer de primera mano una realidad que está poniendo a prueba la convivencia y la capacidad de respuesta de las administraciones.
Ahmed, presidente de la barriada, reconoce que la situación se ha vuelto insostenible y reclama una intervención urgente para trasladar a quienes permanecen en las calles a instalaciones adecuadas. "Necesitamos que a las personas que están aún durmiendo en las calles les den una solución, que se las lleven a un recurso alternativo, algún campamento, porque aquí no se pueden quedar", explica. Aunque admite que no existe un censo oficial, estima que todavía podría haber más de 2.000 migrantes en las calles de Príncipe Alfonso.
El representante vecinal señala que, aunque inicialmente había muchas más personas, la apertura de recursos de acogida permitió reducir su presencia. Sin embargo, los desalojos de otros asentamientos, como los del Cubano, Trampolín y Benítez, han provocado nuevos desplazamientos hacia el barrio. La mayor concentración se produce durante la tarde y la noche, cuando muchos regresan después de pasar el día buscando comida o algún lugar donde ser acogidos.
"En general todos estamos cansados, estamos cansados porque esto es insoportable", asegura Ahmed, quien describe una realidad marcada por personas durmiendo en las calles y menores deambulando por la barriada. No obstante, insiste en que el sentimiento predominante entre los residentes no es el rechazo, sino la tristeza ante las condiciones en las que sobreviven estas personas. "No es que nos canse en realidad, es que nos da pena. Estamos cansados de tanta pena que nos da", afirma.
Ese agotamiento también se refleja en el testimonio de uno de los vecinos entrevistados, quien asegura que la situación está afectando a su bienestar personal. "Yo tengo ansiedad y no salgo mucho de casa, y cuando salgo me coge ansiedad. Es muy duro esto", relata. El residente denuncia que numerosas personas se acercan a pedir dinero o alimentos y reclama directamente al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, una respuesta inmediata. "Tiene que dar una solución a esto porque esto es fatal. Ha abandonado al Príncipe y a Ceuta en general", sostiene.
Pese al malestar existente, el propio vecino reconoce que hasta el momento no se han producido enfrentamientos entre los residentes y los migrantes en su entorno. "De momento no ha habido ni problemas ni nada, solamente están pidiendo dinero, pasando hambre y durmiendo en la calle", precisa, antes de insistir en que la situación no puede prolongarse indefinidamente.
Durante el recorrido, este periódico también ha conversado con dos ciudadanos marroquíes que accedieron irregularmente a Ceuta el pasado 30 de julio y que continúan durmiendo en la barriada.
Uno de ellos explica que permanece en el mismo lugar desde su llegada, compartiendo espacio con otras personas. En dos zonas próximas se refugian grupos de siete y ocho migrantes, respectivamente, que dependen en ocasiones de la solidaridad vecinal para conseguir alimentos y cubrir sus necesidades más básicas.
El segundo entrevistado ofrece una historia diferente. Asegura que en Marruecos dispone de una vivienda familiar de cuatro plantas y de un negocio de venta de ropa, tanto en una tienda física como a través de las redes sociales. Sin embargo, decidió abandonar su país buscando un futuro mejor para su hijo. "Mi vida es muy buena en Marruecos, pero quiero mejorar la vida de mi hijo", explica, señalando las deficiencias que, a su juicio, existen en la sanidad y en la protección de los derechos individuales en su país. "Por dinero no. Yo gano en Tetuán más de lo que puedo ganar en España", sostiene.
Este migrante, que lleva más de dos meses en Ceuta, muestra el improvisado espacio donde duerme y las mantas y toallas que ha conseguido gracias a la ayuda de los residentes. Pese a las dificultades, agradece el trato recibido en Príncipe Alfonso. "Aquí hay muy buenas personas", asegura, mientras prepara sus pertenencias para pasar otra noche sin un alojamiento estable.
El reportaje refleja así las dos caras de una misma realidad: vecinos agotados que reclaman recuperar la normalidad de su barriada y migrantes que sobreviven en condiciones precarias, sin una solución definitiva a su situación administrativa. Mientras continúan los dispositivos de acogida y los procedimientos de retorno, Príncipe Alfonso sigue soportando buena parte de las consecuencias de aquella entrada masiva del 30 de julio, con una reivindicación compartida por sus residentes: que las administraciones actúen antes de que el problema se cronifique.