Sbihi: “Los que piden restar drama a la tragedia migratoria viven en una realidad paralela”
Migraciones
El guardia civil y secretario de la AUGC insiste en la “llamada de auxilio” al Gobierno para que refuerce los medios en la frontera sur con 200 agentes más tras un nuevo repunte de entradas debido al temporal
Hace unos años, recuerda el guardia civil ceutí Rachid Sbihi, eran comunes en la frontera con Marruecos las entradas masivas de decenas y hasta centenares de personas migrantes. Escenas que, reconoce, ya no se dan. Ahora lo intentan individualmente o en grupos reducidos, pero el goteo es constante. Si antes solían prepararse para atender los aumentos de presión estacionales que se producían con las nieblas del verano y los temporales del invierno, en la actualidad los flujos se mantienen constantes todos los días del año. “Ya no es estacional. Ahora, cualquier día tienes una noche intensa de intentos de entrada”, reconoce el secretario provincial de delegación ceutí de la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC). A Sbihi le indigna que el Ministerio del Interior no dote a su colectivo de los recursos que necesita para enfrentar las labores de rescate y de seguridad en el perímetro y el mar. Pero más le duelen las vidas perdidas de quienes mueren en el intento. En 2025, fueron 46.
“Quien diga que hay que restar dramatismo o niegue esta tragedia humanitaria, a juicio de AUGC, vive en una realidad paralela. Seguro que no se mojan y que no están en primera línea de la valla o en esas embarcaciones, salvándoles la vida en actuaciones heroicas”, expresa en una entrevista concedida a El Pueblo de Ceuta el pasado jueves. Los guardias civiles acababan de atravesar varias jornadas seguidas de un sobreesfuerzo que los llevó “al límite”. Las fuertes rachas de viento y las constantes lluvias emborronaron la visibilidad en el Estrecho y los montes fronterizos. Y centenares de personas nacidas en países del Magreb o el África subsahariana aprovecharon la oscuridad para tratar de burlar los controles de seguridad de las autoridades marroquíes, primero, y españolas, por último.
La AUGC lleva meses exigiendo al Gobierno una ampliación de la plantilla con 200 agentes más, además de la renovación de la flota de vehículos -que exceden ya el kilometraje óptimo y presentan averías- o nuevas embarcaciones. Pero sabe el delegado de la entidad en Ceuta que la solución al problema está en los países de origen y en el territorio desde donde saltan. “Hay que recordar a esos niños y adultos que se tiran al agua que corren peligro. Y quienes tienen que frenarlos son las autoridades marroquíes”, explica. Para Rachid Sbihi, ambos asuntos “deberían estar en la agenda política”, como única fórmula de éxito para evitar “que esas personas mueran”.
El último “mensaje de auxilio” que la AUGC envió al departamento liderado por Fernando Grande Marlaska nació fruto de los “gritos de los niños” que los guardias civiles escuchaban el pasado martes alrededor del espigón de Benzú. Menores de edad, marroquíes en su mayoría, que se habían echado al mar y a quienes las olas arrastraban dirigidas por vientos de hasta 55 kilómetros hora. El drama se extiende hasta el perímetro fronterizo. Acorde al relato de Sbihi, quienes optan por saltar la valla, subsaharianos principalmente, permanecen “agazapados en la maleza” en la zona marroquí durante horas hasta percibir que las autoridades han bajado la vigilancia para intentar el salto. Suelen llegar a Marruecos tras largas travesías de días o semanas desde sus países de origen -Sudán o Guinea Conakry mayoritariamente-. Algunos, al cruzar a Ceuta, tienen que ser trasladados de inmediato al hospital al presentar hipotermia, heridas o fracturas.
“La presión por el perímetro también es enorme, como en el mar. El goteo es diario”, insiste Sbihi, quien asegura que el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) de Ceuta “todos los días tiene altas nuevas”. Según la última actualización a la que ha accedido este diario por fuentes del interior de las instalaciones, la ocupación supera las 600 personas, pese a tener una capacidad máxima de 152 plazas. Ello pese a que en enero se han producido más de 150 traslados de residentes hacia la península. Los centros de menores también están saturados, al acoger a 378 niños pese a tener 132 plazas. En la última semana entró una treintena, según informaron desde la Ciudad Autónoma.
El secretario de AUGC admite que la presión es mayor en periodos de condiciones climatologías adversas, pero subraya que ya no es como hace años. Ahora los flujos son diarios. Eso sí, no cree que las decisiones políticas orientadas a reubicaciones o regularizaciones de personas migrantes se traduzcan en lo conocido como “efecto llamada”. Pero reconoce que la presión “ha aumentado” con el tiempo, sin que los recursos de las autoridades se hayan incrementado en paralelo. “Necesitamos lo que llevamos denunciando desde hace tiempo: un aumento de recursos humanos y materiales”, introduce el agente.
En primer lugar, los vehículos. La asociación ha pedido “la renovación de toda la flota de vehículos, porque necesitan ya ser sustituidos por otros nuevos”. Solo cuentan con tres dedicados al traslado de los llamados “nadadores”, los migrantes que entran a nado de manera irregular. Estos cuentan con mampara, que garantiza la seguridad de los agentes. Pero a veces se quedan cortos o, incluso, los pocos que hay sufren averías. Y entonces se ven forzados a recurrir a otros coches sin mampara. También han requerido la adquisición de embarcaciones “diseñadas para operar en condiciones climatológicas adversas”. Además de cámaras térmicas. Por no hablar de los recursos humanos: 200 agentes más para la Comandancia de Ceuta.