The Washington Post cuestiona la versión de los traficantes y apunta a Marruecos

Crisis migratoria

Un artículo del periódico estadounidense sugiere que los sucesos del 30 y el 31 de julio no pueden explicarse solo por la presunta intervención de redes de delincuentes

Varios migrantes subsaharianos, en las inmediaciones del CETI
Varios migrantes subsaharianos, en las inmediaciones del CETI | Reduan Dris
Redacción
12 ago 2026 - 13:36

The Washington Post publicaba en su edición de ayer un amplio análisis sobre los sucesos vividos en Ceuta tras la entrada en la ciudad en los dos últimos días de julio de 80.000 migrantes irregulares procedentes de Marruecos. El diario estadounidense señala que algunos dirigentes y analistas consideran que lo ocurrido en Ceuta ha puesto de manifiesto cómo los flujos migratorios pueden convertirse en un elemento capaz de generar divisiones dentro de la Unión Europea y ser utilizado por sus adversarios.

Uno de los aspectos que aborda el reportaje es la posibilidad de que la movilización no pueda explicarse únicamente por la actuación de las redes de tráfico de personas. Expertos en migración consultados por el periódico expresan dudas sobre cuál habría sido el beneficio económico para las organizaciones criminales en un episodio en el que miles de personas llegaron a la ciudad nadando o atravesando la frontera a pie. Anna Terrón Cusí, exsecretaria de Estado española de Inmigración, cuestiona precisamente esta hipótesis. «No veo el modelo de negocio», afirma en declaraciones al diario estadounidense, preguntándose por qué una organización criminal promovería una operación de la que no obtendría un beneficio económico evidente.

El reportaje recoge las declaraciones de varios migrantes entrevistados en Ceuta. Algunos de ellos aseguraron a The Washington Post que las autoridades marroquíes les permitieron avanzar hacia la frontera sin obstáculos. Entre estos testimonios figura el de Ibtissam Sarji, una mujer marroquí de 34 años que participó en la llegada masiva. Según su relato, agentes marroquíes le advirtieron de que sería detenida si intentaba cruzar por tierra, pero no si lo hacía nadando. «No entréis por tierra, id por el mar», asegura que les gritaban los agentes.

El periódico también recoge el testimonio de Younes Murad, un cocinero marroquí de 28 años que afirmó haber nadado durante seis horas para alcanzar Ceuta. Según explicó, llevaba aproximadamente un mes intentando llegar a la ciudad y finalmente lo consiguió cuando la frontera «parecía abierta».

Uno de los testimonios de mayor relevancia recogidos por el diario estadounidense corresponde a un antiguo alto cargo de seguridad español familiarizado con la investigación sobre la crisis. Según esta fuente, las autoridades españolas estarían investigando el papel de Marruecos, aunque públicamente el Gobierno español ha evitado responsabilizar a Rabat, al que considera un socio esencial en materia de control migratorio. El antiguo responsable de seguridad califica lo ocurrido como «una demostración de poder» y considera que pudo tratarse de una forma de «estrategia híbrida».

La misma fuente sitúa los acontecimientos dentro de la histórica disputa por Ceuta y Melilla. Según explica, Marruecos considera ambas ciudades territorio marroquí y ha tratado de presionar a España para que abandone su presencia en ellas.

The Washington Post también pone el foco en el papel de las redes sociales. La mayoría de los cerca de dos docenas de migrantes entrevistados por el periódico afirmaron que habían recibido estímulos para dirigirse a Ceuta a través de publicaciones difundidas en internet. Muchos de ellos llegaron el 30 de julio, coincidiendo con una jornada festiva en Marruecos y con la creencia de que habría menos efectivos encargados del control fronterizo.

Algunos migrantes también manifestaron que pensaban que los cambios legislativos o judiciales en España podían dificultar su devolución a Marruecos. El reportaje aclara que ninguno de los entrevistados hizo referencia al proceso de regularización extraordinaria impulsado por España, una medida que, además, no habría afectado a los recién llegados.

El episodio ha tenido también consecuencias políticas más allá de Ceuta. Según el diario, la crisis se convirtió en un argumento para los partidos contrarios a la inmigración en distintos países europeos y también fue aprovechada políticamente desde Estados Unidos. El artículo sitúa lo ocurrido dentro de un contexto europeo marcado por el avance de las formaciones de derecha y extrema derecha y por el endurecimiento de las políticas migratorias.

Nicola Procaccini, eurodiputado italiano y aliado de la primera ministra Giorgia Meloni, criticó el proceso español de regularización de inmigrantes y lo calificó de «grave error». Por su parte, el comisario europeo de Asuntos Internos y Migración, Magnus Brunner, descartó que la Unión Europea estableciera una relación directa entre la crisis de Ceuta y la regularización de personas que ya residían en España, aunque sí cuestionó la señal política que, a su juicio, transmite esa política.

Pese a los testimonios y las hipótesis recogidas en el reportaje, las autoridades españolas y europeas han evitado responsabilizar públicamente a Marruecos y continúan considerándolo un socio fundamental para el control de las fronteras. Precisamente esa cautela contrasta con las declaraciones recogidas por el diario entre algunos migrantes y con la valoración del antiguo responsable de seguridad español, que apunta a la posibilidad de que los acontecimientos respondieran a una estrategia de presión.

El reportaje del Washington Post deja así abiertas varias incógnitas sobre el origen de la movilización: desde el papel de las redes sociales y las organizaciones de tráfico de personas hasta la posible permisividad de las autoridades marroquíes.

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