Las instituciones guardan silencio tras la tragedia de Los Gallardos

ALMERÍA

Tanto Ciudad Autónoma como Delegación del Gobierno han guardado sendos minutos de silencio en recuerdo de los fallecidos en el incendio de Almería

Minutos de silencio en la Ciudad Autónoma y Delegación del Gobierno
Minutos de silencio en la Ciudad Autónoma y Delegación del Gobierno | Coronado / Cedida
Juanjo Coronado
10 jul 2026 - 12:44

Este viernes, diez de julio, entrará en la historia de España, en lo peor de la historia colectiva de nuestro país. En una jornada en la que estaba previsto que todo girase en torno a cuestiones como el cruce España-Bélgica en los cuartos de final del Mundial de fútbol, los planes para el fin de semana, las vacaciones, todo ha cambiado. En palabras del poeta, un manotazo duro y un golpe helado nos ha dejado el corazón en un puño. Al menos doce personas han fallecido en un incendio en la localidad almeriense de Los Gallardos; hay varios heridos en estado grave y casi una veintena de desapariciones.

Los datos van variando conforme pasan las horas, pero de lo que ya hay seguridad casi matemática es de que estamos ante una tragedia gigantesca. Las instituciones de Ceuta, siguiendo instrucciones de la Federación Española de Municipios y Provincias, han guardado un minuto de silencio. La convocatoria ha sido tan rápida que ni siquiera hemos podido tener la fotografía de Ciudad y Delegación juntas; en la Plaza de África y en la Plaza de los Reyes tanto la Asamblea como el centro gubernativo han parado unos minutos su actividad para guardar silencio en homenaje a las víctimas de la tragedia.

Almería arde; España llora. Como hace un año en El Bierzo o Extremadura, o como tantas veces en tantos veranos (Biescas, Tarragona...), la muerte parece tener cierto regusto por aparecer de forma masiva cuando el país disfruta. Quizá sea ahora turno, como hace un año, tres o treinta, de hacer homenajes y de tender la mano a nuestros compatriotas. Este viernes fue Almería, mañana podemos ser cualquiera. Y es eso, la sensación de debilidad, de saber que por mucho que estemos en un mundo cada día más sofisticado nada nos libra de las consecuencias de la naturaleza cuando se manifiesta con toda su crudezca. Almería arde, España llora y basta una tragedia como esta para que el resto nos sintamos afortunados por no haber estado en ese lugar en aquel preciso instante e invitarnos a reflexionar sobre lo efímero de la vida y la necesidad de aferrarnos a ella, siquiera como homenaje a los que ya no lo pueden hacer desde noches como la madrugada del maldito 10 de julio de 2026.

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