Más de 200 futuros enfermeros aprenden sobre el nuevo código ético de su profesión
Enfermería
El Colegio de Enfermería ha organizado unas jornadas en colaboración con la UGR sobre deontología tras la actualización de su código por primera vez en 40 años
“La ética no es un límite para cuidar; es la guía para hacerlo mejor”. Es el mensaje inscrito en la portada del programa de las I Jornadas Deontológicas Enfermeras de Ceuta, que varios miembros del Colegio de Enfermería de la ciudad reparte a los participantes que van llegando al salón de actos del Campus Universitario de la UGR. La institución presidida por Rosa Fuentes ha aprovechado la actualización, tras 40 años de espera, del Código Deontológico de la Enfermería para organizar un acto que ponga la ética de la profesión en el centro. Unos 200 estudiantes de la carrera, del primero y el cuarto curso, llenaron casi por completo las butacas del recinto universitario.
La Medicina “ha avanzado”, y, de la mano, se han ampliado las competencias de la Enfermería. El colectivo llevaba años reclamando un nuevo código ético adaptado a los tiempos, que reflejara “la salud digital, la inteligencia artificial” o el hito de la “prescripción enfermera”. Por fin lo han logrado. “Este código ha tardado dos años en ver la luz. Ha sido un trabajo arduo”, reconoce la presidenta del Colegio de Enfermería de Ceuta, Rosa Fuentes, en declaraciones ofrecidas a la prensa minutos antes del inicio de las jornadas.
Unas precedidas de una mesa inaugural compuesta por la presidenta de la Comisión Deontológica Nacional, Tayra Velasco; la directora general de Sanidad, Rebeca Benarroch; el decano accidental de la Facultad de Ciencias de la Salud, Luciano Rodríguez; y la presidenta de la Comisión Deontológica del Colegio de Enfermería de Ceuta, Milagrosa Olmedo Alguacil. Esta última abrió el acto agradeciendo la presencia del alumnado y los ponentes e informando de que al menos 30 estudiantes participarían por streeming al encontrarse realizando sus prácticas fuera de la ciudad; en parte, debido a la situación que sufre Ceuta desde el 30 de julio, a la cual no pudo evitar aludir.
Uno de los asuntos centrales de las jornadas es la protección de la intimidad de los pacientes en un contexto en el que la información sanitaria circula cada vez más por medios digitales. La presidenta del colegio ha advertido de que las redes sociales están llenas de información relacionada con pacientes y ha insistido en la obligación de preservar su confidencialidad. “Cuando tenemos que subir una foto a la red, tenemos que preguntar siempre y tener el consentimiento de estos pacientes”, ha subrayado Fuentes.
El código deontológico establece así un marco de referencia para que los profesionales actúen con responsabilidad en el uso de herramientas digitales y eviten vulnerar los derechos de las personas a las que atienden.
La ética al final de la vida
Las jornadas también abordan los conflictos éticos que pueden surgir en situaciones complejas, como la aplicación de la eutanasia o la decisión de limitar determinados tratamientos cuando una enfermedad ya no tiene solución. En este ámbito, Fuentes ha recordado la importancia de que los pacientes conozcan las opciones que contempla la legislación y puedan dejar constancia de sus preferencias mediante el documento de voluntades anticipadas. “La función del enfermero es ofrecerle toda la información, todo lo que ofrece la ley, informarle y encauzarle”, ha explicado.
Como ejemplo, ha señalado que una persona con una enfermedad crónica e irreversible puede manifestar que no desea someterse a determinadas intervenciones, como una intubación, llegado el momento. La labor de enfermería consiste en informarla, acompañarla y orientarla durante el proceso, además de ayudarla a formalizar sus decisiones cuando sea necesario.
Una de las intervenciones previstas en la jornada está dedicada precisamente a explicar cómo se tramitan las voluntades anticipadas, incluidos los requisitos relativos a testigos y representantes. También se analizan las decisiones compartidas entre profesionales y pacientes y los conflictos que pueden surgir en torno al encarnizamiento terapéutico.
Más allá de las novedades técnicas y normativas, Fuentes ha defendido que el código debe servir de guía para toda la profesión y reforzar su compromiso con los derechos humanos. “Nosotros, como enfermeros, tenemos que defender a esos pacientes cuando no tienen voz o cuando son vulnerables”, ha afirmado, reivindicando el papel de los profesionales a la hora de denunciar situaciones que consideren inadecuadas y proteger a quienes se encuentran en una posición de especial vulnerabilidad.