Un año a la espera del maxilofacial y seis sin poder recibir un beso
Cirugía
Una ceutí sufre un dolor facial crónico “insoportable” desde que un dentista le dañó los nervios con la colocación de varios implantes en 2020. Su única esperanza es que la deriven pronto a un cirujano del que Ceuta carece
Ceuta/ A Blanca le cambió la vida “rotundamente” la cirugía a la que se sometió en 2020 para implantarse más de una decena de implantes por motivos “estéticos” en una clínica odontológica de Ceuta. Desde aquella intervención, según relata ella y confirma un informe elaborado por un cirujano maxilofacial del Hospital Puerta del Mar de Cádiz, sufre parestesia (hormigueo o ardor) e hiperestesia (sensibilidad sensorial exagerada) en su cara. Su dolor “insoportable” es crónico y se agrava con cualquier roce. No puede comer nada que no tenga una textura “blanda”. Tampoco puede cepillarse los dientes ni “recibir afecto”. Sus hijos han dejado de besarla y si algún conocido la saluda con demasiada efusividad acaba de camino al hospital. Ha perdido la cuenta de las veces que ha pisado Urgencias y de los pinchazos de calmantes colocados en sus glúteos. Toma ocho pastillas en sus días buenos. Cuando los calambres se vuelven insufribles, aumenta los fármacos. Su única esperanza reside en recibir pronto la llamada que le confirme su cita con el maxilofacial, que lleva esperando más de un año.
“Estoy rabiando de dolor. Mi dentista no puede hacer nada, nadie puede hacer nada. Me derivan al maxilofacial, para ver qué puede hacer conmigo. Pero llevo ya un año esperando que me manden a Cádiz”, relata la paciente ceutí. En realidad, no se llama Blanca, pero el temor ante las represalias por parte de quien considera responsable de su mal la fuerza a mantenerse en el anonimato. No le cabe duda de que la intervención odontológica a la que se sometió hace seis años desencadenó su neuralgia del trigémino atípica (una forma de dolor facial persistente), y lucha desde entonces para que la justicia le dé la razón sin que por el momento se haya resuelto el conflicto judicial. Mientras tanto, desea, al menos, aliviar su tormento.
Su cita con el cirujano estará orientada a estudiar su caso para valorar si es posible que le extraigan un implante “que invade la zona del nervio”, el cual está dañando, causándole “mucho dolor”. Para poder reparar su boca tendría que someterse a otra operación “muy costosa”. Calcula que el precio asciende a unos 35.000 euros. Y ni siquiera le garantizan que con ello puedan lograr “curar todo el dolor”. “Porque lo mío no viene por un ganglio que está en el cerebro. Lo mío es mandibular, me lo ha causado un dentista al colocarme unos implantes”, aclara.
La ceutí no entiende “por qué Ceuta no cuenta con un cirujano maxilofacial”. Considera “injusto” y perjudicial para los pacientes que tengan que ser trasladados a la península para ser atendidos por este especialista: “Hay gente con muelas de juicio, con mucho dolor, a la espera desde hace mucho para que los llamen. Muchos llevamos más de un año. Siempre que voy a la clínica dental me encuentro a gente que se queja de lo mismo, de la espera. Y no nos llaman. INGESA debería contratar a un maxilofacial”.
Durante la entrevista, confesó sentir dolor. “Es de por vida. Pero se agrava de vez en cuando”, introduce, para después desglosar algunas de las situaciones cotidianas en las que la aflicción aumenta. Por ejemplo, cuando le sale una llaga o se enferma con anginas. Con cualquier infección o enfermedad que le surja, el nervio se inflama más y se incrementa su padecimiento. Describe las molestias como “calambres” y una excesiva “sensibilidad en la boca”, que escribe como “un dolor como si fuera electricidad”. Confiesa que a veces le tienen que administrar morfina.
A diario toma unos ocho medicamentos. Antes de los dolores faciales crónicos tomaba fármacos por su epilepsia. Desde 2020 tuvo que incorporar antidepresivos y ansiolíticos a su tratamiento habitual, además de medicación para poder conciliar el sueño, ya que asegura que el simple roce de una manta o un movimiento involuntario le resulta insoportable. La situación, según relata, le ha generado una “depresión profunda”. También toma analgésicos y antiinflamatorios, además de protectores gástricos para paliar los efectos secundarios.