El apéndice de un ceutí de 22 años revienta tras dos diagnósticos erróneos de gastroenteritis
HUCE
Su madre denunciará al servicio de Urgencias por “negligencia” tras acudir en dos ocasiones sin que le detectaran la apendicitis a su hijo, que continúa ingresado tras ser operado, aún con el órgano inflamado
Ceuta/ Desde una habitación de la segunda planta del Hospital Universitario de Ceuta (HUCE), la madre de un ceutí de 22 años, se confiesa dispuesta a hacer lo necesario para “dejar constancia” de lo ocurrido esta semana con su hijo y que nadie más tenga que pasar por lo mismo. El pasado martes acudieron por primera vez a Urgencias por los “fuertes dolores” que el joven sufría en el estómago. El médico firmó entonces un diagnóstico de gastroenteritis que ratificó un segundo doctor el día siguiente, cuando regresaron al servicio después de que el dolor se volviera “insoportable”. No fue hasta la tercera visita cuando lo sometieron a la TAC que confirmó que su aflicción se debía a una apendicitis. Ello después de pasar toda la noche a la espera de que llegara el radiólogo -pese a que siempre hay uno de guardia-. Para cuando el cirujano intervino, ya en la tarde del jueves, su apéndice se había perforado. Ahora, con su hijo aún ingresado con el órgano inflamado, la madre está decidida a denunciar la serie de, según ella, “negligencias” cometidas en Loma Colmenar.
“¿Y nadie se ha dado cuenta en Urgencias de que este chaval tenía una apendicitis?”. Fue el comentario que, según el relato de la madre ofrecido a El Pueblo de Ceuta, le profirió el cirujano a cargo de la operación de su hijo cuando acudió a actualizarle el estado del paciente tras la intervención quirúrgica. Lo ocurrido con el chico está en boca de todos en el universitario. Llegó a los oídos del director médico y actual gerente accidental, Mohamedi Abdelkader Maanan, que se trasladó a la habitación del joven un día después de su operación para preocuparse por su evolución. Le deseó mejoría y se puso a disposición de la familia, que le comunicó que no se quedarían de brazos cruzados. En cuanto su hijo se estabilice, la progenitora rellenará una hoja de reclamaciones en el hospital y acudirá a la Jefatura Superior de Policía para denunciar los hechos acontecidos. Aún no ha decido si demandará a la institución o a los médicos de Urgencias que atendieron al joven.
Todo comenzó el martes, 13 de enero. El veinteañero comenzó a sentir dolores en el estómago acompañados de vómitos. Sin fiebre ni diarrea. Junto a su madre, cruzó las puertas de Urgencias a las 16:00h. Tras palparlo y realizarle una analítica que mostraba valores “normales”, el médico consideró que se trataba de una gastroenteritis. A eso de las 21:00h estaban abandonando el hospital con un tratamiento prescrito consistente en antibióticos, paracetamol, buscapina y un fármaco antidiarreico -pese a haber referido no tener tal síntoma -. Las molestias fueron en aumento durante la noche, obligándolos a volver a Loma Colmenar a las 06:00h del miércoles. Volvieron a tocarlo en la zona afectada, le repitieron la analítica y lo sometieron a una ecografía. De nuevo, según los sanitarios, todo era “normal”. Y el médico que lo atendió aquella segunda vez confirmó el primer diagnóstico: gastroenteritis. Volvieron a administrarle antibióticos y lo mandaron a casa sobre las 12:00.
Rondaban las 18:00h del mismo día cuando el chico no pudo más. Su madre tuvo que llamar a la ambulancia, que lo recogió para desplazarlo una vez más al HUCE. Fue atendido por un nuevo facultativo. Volvió a palpar la zona y a mandarle una analítica. “Le han hecho ya todas las pruebas, este dolor ya no es normal, no es de una gastroenteritis, es muy agudo”, le dijo el médico a la familiar. Se encontraban madre e hijo a la espera de los resultados de la prueba cuando una enfermera se acercó y le confesó que los valores habían cambiado “un poco”. La sanitaria se acercó al enfermo y le pidió que levantara una pierna. Comprobó que aquel movimiento le dolía, y fue entonces cuando admitió que la situación “no pintaba bien”.
La enfermera, con algo de recelo al saber que el diagnóstico oficial compete al médico, trasladó a la preocupada madre su sospecha de que podía tratarse de una apendicitis. “Yo también lo he pensado”, le respondió la progenitora. La enfermera acudió entonces a la consulta del doctor para comunicarle su hipótesis. “También lo he pensado, pero no he querido decir nada”, le respondió el médico, según el relato de la madre, quien garantiza que pudo oír la conversación. El facultativo se dirigió hacia ella para informarla de que someterían a su hijo a una Tomografía Axial Computarizada (TAC) para tratar de descubrir su patología. Para cuando la madre preguntó al personal de Urgencias cuándo se lo llevarían para realizarle el estudio eran ya las 22:00h. “El radiólogo ya se ha ido. Ahora no se puede hacer. Tiene que ser mañana a primera hora”, le trasladaron. Su hijo pasó la noche en una camilla de Urgencias. Al día siguiente, no fue hasta pasadas las 15:00h cuando, siempre según narra la familiar, le hicieron la prueba. Y por delante de él se llevaron “a cuatro o cinco personas”.
Se pregunta la madre por qué no se priorizo al joven de 22 años pese a que los profesionales sanitarios tenían la sospecha de que podía tener el apéndice inflamado. Se queja de que no lo llamaran a él el primero aquel jueves. Pero lamenta también que no decidieran llamar al radiólogo de guardia en la noche del miércoles. El HUCE cuenta siempre con un especialista en Radiodiagnóstico de guardia localizada -fuera del hospital, aunque localizable para acudir en caso de urgencias-. Poco después, sobre las 17:00h, se llevaron al enfermo a una habitación de la segunda planta del hospital, donde le comunicaron el diagnóstico de apendicitis. Una vez allí, lo prepararon para quirófano. Eran las 20:00h cuando comenzó la intervención. Al terminar, el cirujano habló con la madre, a quien le notificó que todo había salido “bien” pese a que el apéndice ya había “reventado” cuando lo abrieron.
Fue entonces cuando le realizó la pregunta: “¿Desde cuándo está su hijo así?”. “Desde el martes llevamos viniendo a Urgencias”, le dijo ella. “¿Y nadie se ha dado cuenta en Urgencias de que este chaval tenía apendicitis?”, reaccionó él. “Se le ha tenido que reventar el apéndice para que se den cuenta”, remató la mujer. El cirujano le hizo saber que intentaron “limpiar todo”, aunque reconoció que habían encontrado un absceso intestinal -acumulación de pus- y le comunicó que debía mantenerse ingresado unos días para recibir antibiótico y dejarle colocado un drenaje con el que logre expulsar la pus.
Este viernes, un día después de la intervención, tenía fiebre. Durante la visita diaria, el especialista le pidió que, una vez dado de alta, lo lleven de vuelta al hospital en cuanto su temperatura aumente, ya que podría deberse a que siga teniendo “restos del apéndice”. Le dijeron que le darían de alta el siguiente martes -mañana- si las analíticas estaban “bien”. Fue este lunes cuando El Pueblo de Ceuta entrevistó a la madre del joven. Mientras relataba lo sucedido con su hijo, le avisaron de que debían llevárselo para repetirle la TAC. Los resultados mostraron que el apéndice seguía inflamado. Y el cirujano ha comunicado a la familiar que dejarán libre un quirófano por si tuvieran que volver a intervenirlo. “Todavía tiene muchos dolores, le han tenido que poner un gotero, que ya se lo habían quitado. Sigue con muchas ganas de vomitar”, expone la progenitora.
La visita
Fue el viernes cuando la madre del ceutí de 22 años recibió la visita del segundo peso más pesado del Instituto Nacional de Gestión Sanitaria (INGESA). El director médico del hospital y actual gerente de Atención Sanitaria -el mando más importante de la Dirección Territorial después de Jesús Lopera-, Abdelkader Maanan, se personó en la habitación del joven para preocuparse por su estado de salud. “¿Usted ve normal que mi hijo venga tres veces a Urgencias, no den con lo que tiene y que cuando lo intervengan le encuentren que le ha explotado el apéndice?”, le reprochó ella. “Pero su hijo se encuentra bien”, respondió él, según narra la madre.
“Por favor, no me venga con eso -le espetó la mujer-. No voy a discutir ni a faltarle el respeto. No es su culpa, pero ha sido una negligencia. Esto es muy grave. Y lo mismo le ha pasado a mi hijo, con 22 años, que lo ha podido contar, que le podía haber pasado a otra persona que no hubiera sobrevivido. Que se te reviente un apéndice es muy grave. Y ha estado tres días viniendo al hospital noche y día, y ningún médico ha tenido la posibilidad de hacerle pruebas para ir descartando”. Le recomendó al directivo que “coja una silla y se siente en Urgencias” a ver cómo trabajan. “Entonces agachó la cabeza y se fue diciendo ‘perdona’”, continúa relatando.
Este periódico ha intentado contrastar la versión de la ceutí con el INGESA, sin que haya recibido respuesta.