La carga asistencial, como sucedió en pandemia, hostiga a los sanitarios

Sanidad

El enfermero del Hospital Sergio Toribio ya abordó durante la crisis del covid una investigación sobre los riesgos psicosociales a los que se enfrentaban los profesionales

Un médico y un enfermero del INGESA atienden a un joven migrante en la playa del Trampolín
Un médico y un enfermero del INGESA atienden a un joven migrante en la playa del Trampolín | Reduan Dris
A.F.C.
11 oct 2026 - 17:27

“Son personas, y estamos obligados a atenderlas en las mejores condiciones posibles con los recursos de los que disponemos, tanto humanos como materiales”. Sergio Toribio es enfermero en el Hospital Universitario, uno de los muchos profesionales de la sanidad pública que se enfrenta a diario a la sobrecarga de trabajo impuesta por la presencia en la ciudad de las miles de personas que a finales de julio lograron entrar irregularmente en la ciudad procedentes del país vecino.

Toribio añade a su condición de trabajador sanitario la de investigador acostumbrado a someter a escrutinio la realidad del sistema de salud en el que cotidianamente desempeña su labor profesional. El enfermero ya hizo una aproximación a las condiciones en las que médicos, enfermeros, auxiliares de enfermería y fisioterapeutas desarrollaban su trabajo en Ceuta durante la vigencia de la declaración de pandemia de covid. De aquella inquietud nació el estudio titulado “Factores de riesgo psicosocial vinculados al trabajo y a la competencia cultural en los profesionales sanitarios de Ceuta”, del que es autor principal.

Las conclusiones de aquella investigación podrían ofrecer un marco referencial para intentar entender el impacto que la situación por la que atraviesa la ciudad, extraordinaria como lo fue la que se registró a consecuencia de la pandemia, está teniendo sobre las plantillas del sistema público de salud. Aunque las conclusiones de aquel estudio no resultan extrapolables a la coyuntura actual.

El investigador y enfermero Sergio Toribio
El investigador y enfermero Sergio Toribio | Cedida

“Si esa investigación se hiciera ahora, las conclusiones serían distintas, sobre todo porque la situación es diferente —precisa Toribio—. Por eso estamos diseñando un trabajo relacionado con las circunstancias actuales, pero todavía está en fase de estudio”.

La investigación de Toribio —que contó con la coautoría de las profesoras de la Facultad de Enfermería de la Universidad Católica de Murcia (UCAM) Paloma Echevarría y Francisca Sánchez Ayllón, y del decano de Ciencias de la Salud de Ceuta, José Luis Gómez Urquiza— se alimentaba de datos recogidos en los años 2020 y 2021, en plena pandemia.

El estudio describía los riesgos psicosociales a los que se encontraban expuestos los sanitarios de Ceuta y sus niveles de competencia cultural. “Ceuta es una ciudad con gran diversidad cultural y religiosa y con desigualdades sociales, y apenas hay datos de entornos así en la literatura científica”, apunta el investigador.

La competencia cultural, cuyo análisis constituía el aspecto más innovador del estudio, se entiende como la capacidad de prestar atención a personas con creencias, valores e idiomas distintos.

La principal conclusión de aquella investigación reflejaba cómo los profesionales sanitarios ceutíes desarrollaban su trabajo con una carga y un ritmo muy altos, mientras que, al mismo tiempo, valoraban negativamente sus condiciones laborales. El estudio identificaba un escenario preocupante en lo concerniente a las condiciones psicosociales de trabajo de los profesionales participantes en la investigación: 134 empleados del Hospital Universitario, el dispositivo de Urgencias de Atención Primaria del 061 y los tres centros de salud de la ciudad.

La indagación constató una elevada carga de trabajo, exigencias emocionales y percepciones desfavorables sobre determinadas condiciones organizativas. Junto a ello, se halló que la competencia clínico-cultural de los profesionales se situaba, en general, en niveles intermedios.

La investigación evidenciaba que el malestar laboral no podía explicarse solo por la cantidad de trabajo que cada profesional debía asumir. La percepción de las condiciones de empleo, la confianza en la organización y la forma en la que se ejerce el liderazgo también intervenían en aquella negativa percepción.

Incidencia sobre la salud

Todas estas variables tenían un reflejo sobre los profesionales. Casi cuatro de cada diez manifestaban tener problemas habituales para conciliar el sueño y tres de cada diez aseguraban haber sentido con frecuencia agotamiento extremo. Las cefaleas y las molestias digestivas y musculoesqueléticas se presentaban también como síntomas concurrentes.

Pese a todo, los sanitarios participantes en el estudio se revelaron como profesionales comprometidos con su trabajo. “No medimos el burnout, sino la exposición a riesgos psicosociales y síntomas asociados al estrés —explica Toribio—. De hecho, el 87,3 % no cambiaría de trabajo, y la mayoría valoraba bien su salud y su calidad de vida”.

Una de las preguntas que el investigador se formulaba era si la inmigración o la diversidad cultural tenían alguna participación en el incremento del estrés entre los profesionales sanitarios. La conclusión es que el estudio no permitía afirmar que existiera una relación entre ambas realidades y el estrés laboral. La investigación se limitaba a describirlas sin establecer una conexión causal entre ellas.

Lo que sí se desprendía de los datos es que los mayores riesgos estaban relacionados con la organización del trabajo, básicamente con la carga, el ritmo y las condiciones laborales.

El trabajo de Toribio ponía de manifiesto la necesidad de considerar tres prioridades a la hora de avanzar en la mejora de las condiciones laborales de los sanitarios: reducir la sobrecarga cuantitativa y el ritmo de trabajo desfavorable; mejorar el liderazgo, las condiciones laborales y la confianza en la organización; y desarrollar la formación específica y continuada en competencia clínico-cultural.

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