Entrevista al doctor Muñoz Espejo
El cirujano que colocó a Ceuta a la vanguardia de la laparoscopia en España
Entrevista al doctor Muñoz Espejo
Era 1990 y el cirujano del entonces Hospital de la Cruz Roja de Ceuta, José Muñoz Espejo (Málaga, 1954), se encontraba en mitad de un enorme auditorio en el Hospital 12 de octubre de Madrid, entre otros miles de médicos de toda España. Habían acudido a un curso del reputado doctor Enrique Moreno González, quien, antes de iniciar sus explicaciones, proyectó un video en una pantalla gigante. “Esto les va a sorprender”, advirtió a la multitud de especialistas. Apareció una imagen redonda que mostraba una operación en vivo desde la perspectiva del propio facultativo. Podían ver la vesícula, el hígado y todo el interior del cuerpo, los instrumentos que utilizaba el cirujano y cada movimiento que ejecutaba. La introducción de una cámara para mejorar la visibilidad al médico y grabar las intervenciones es habitual hoy en día. Pero lo es gracias al nacimiento de la cirugía laparoscópica, que les fue presentada en aquel hospital madrileño a cirujanos de todo el país, el de Ceuta incluido. Aquel descubrimiento le resultó sorprendente, como al resto, pero, mientras observaba las extraordinarias imágenes, se le ocurrió que un equipo en desuso que alguna vez había visto por su hospital pudiera tener algo que ver con aquella novedad. Y se lo dijo al compañero que lo acompañaba: “Eso lo podemos hacer en Ceuta. Tenemos la maquinaria”.
“La cirugía laparoscópica en Europa empezó en el año 88, con un ginecólogo en París. Y nosotros en el 89 teníamos el monitor para hacerla”, asegura sin titubeos Muñoz Espejo desde una de las consultas del Ceuta Medical Center. Allí estira su vocación por la Cirugía desde que hace más de un año tuviera que aceptar su jubilación del sistema público, donde continuó más allá de los 65 gracias a una prórroga que no fue suficiente. A sus 72 años, conserva el espíritu que lo llevó cuatro décadas atrás a decantarse por la Medicina en lugar de la música de cantautor. Ya no canta ni compone, pero sigue tocando el piano y la guitarra. Y, claro, continúa entrando en quirófano. Quizás en parte porque hace no mucho se enfrentó a la posibilidad de no volver a hacerlo jamás. En mitad de la pandemia se contagió de Covid-19, con consecuencias sobre su salud que le obligaron a solicitar una baja que se prolongó durante, para él, demasiado tiempo. Su mayor temor residía en no llegar a recuperarse y poder volver a los quirófanos. Espejo demostró su constancia implicándose al máximo en los ejercicios físicos y mentales de rehabilitación, que, menos de un año después de su ingreso en el que era su lugar de trabajo, le permitieron volver a lo suyo.
Sigue operando, pero ha prescindido de los procedimientos complejos. No llegó a probar el Da Vinci, el innovador robot quirúrgico que INGESA adquirió hace unos años y que permite al cirujano operar desde una consola elevando a niveles de excelencia la precisión y la seguridad. “Pero no es más que una perfección de la técnica base, que es la cirugía laparoscópica”, recuerda Muñoz Espejo, que se encargó el siglo pasado de formar a sus compañeros en el hospital en la entonces novedosa técnica, que a día de hoy también ha dejado de ejecutar. El doctor tenía razón cuando, en mitad de los miles de médicos que ocupaban aquel día de 1990 el auditorio del 12 de octubre, pensó que aquella máquina que recordaba haber visto en su hospital podía tratarse del moderno aparato para practicar laparoscopia.
Al año de participar en el congreso ya estaba en Barcelona, aprendiendo sobre el método junto a un prestigioso cirujano catalán. Y al poco tiempo realizaron la primera operación en la vesícula de una joven de 19 años. Recuerda que tardaron entre cuatro y cinco horas. Hoy día, asegura, una intervención así no se demora más de 40 minutos. Pero tenían que adaptarse a la innovación, y la mala calidad de las primeras pantallas tampoco agilizaba el trabajo. Muñoz Espejo conserva en una vitrina de su casa la primera cámara laparoscópica que usó. A día de hoy sigue desconociendo qué médico del entonces Hospital de la Cruz Roja encargó la adquisición de la aparatología laparoscópica, solo sabe que, en 1989, cuando la técnica comenzaba a revolucionar la cirugía, Ceuta ya contaba con ella. Sospecha que se trató de un urólogo que nunca llegó a aplicar la laparoscopia en sus pacientes y se limitó a usar el monitor para grabar sus operaciones. Pero son solo conjeturas.
Aquella técnica “transformó completamente la cirugía”, resume el doctor. Por aquel entonces, la laparoscopia abría un nuevo horizonte al permitir la ejecución de determinados procedimientos con incisiones de “cinco milímetros o un centímetro como mucho” para abrir pequeños orificios a través de los cuales introducen los instrumentos quirúrgicos. Ya no tenían que abrir el abdomen del paciente, lo que se traducía en una “menor exposición” y un riesgo de infección “mucho menor”. “Era una maravilla. El paciente ingresaba por la mañana y al día siguiente, como mucho, se iba de alta”. Con este método podían operar vesículas, apendicectomías, biopsias hepáticas o realizar exploraciones.
Al término de la conferencia ofrecida por Enrique Moreno en el 12 de octubre, en la que Muñoz Espejo vio por primera vez una cirugía laparoscópica en video, el médico se apresuró a hablar con el organizador de las jornadas. Consiguió contactar con el digestivo a cargo de la operación que visualizó, quien lo remitió a un cirujano llamado Enric Laporte, el pionero en España de la técnica, que desarrollaba en la clínica San Adrián, en Barcelona. Solicitó una comisión de docencia con él, y le fue concedida. Un mes estuvo en la capital catalana en enero de 1991 recibiendo formación del doctor, que no le dirigió la palabra hasta pasada una semana. “Llegábamos a las ocho y media de la mañana y ya estaba preparado su equipo de Enfermería. Operábamos tres vesículas por la mañana”, rememora Muñoz. Reconoce que durante los primeros siete días no se atrevió a “abrir la boca”. Se limitó a estar presente y grabarlo todo con su cámara de video. La conectaba al monitor para recoger cada paso que daba el cirujano formador. Al poco tiempo, Laporte comenzó a charlar con él. Y a día de hoy son “buenos amigos íntimos”.
Lo que el facultativo malagueño afincado en Ceuta aprendía allí era tanto que llamó a su hospital para requerir la presencia de una enfermera. Le fue denegado. Le encomendaron la misión de importar todo el conocimiento a la plantilla médica y enfermera del clínico ceutí. Cuando regresó a Ceuta se encargó de transferir el conocimiento adquirido al resto de sus compañeros. No eran muchos. Recuerda Muñoz Espejo que en el Hospital de la Cruz Roja nunca fueron más de cuatro cirujanos. A veces le tocaba asumir solo toda la demanda durante un mes entero. 30 días de guardia permanente. Eran otros tiempos, reconoce.
La calidad de las infraestructuras era menor que la del actual coloso de Loma Colmenar, pero asegura que el “ambiente” del servicio de Cirugía “era muy bueno”. Ambiente que, cree, “se ha perdido”. Llegaron a organizar concursos durante muchos años, en los que otorgaban premios a los profesionales que, según el comité organizador, al que pertenecía, lo merecía. Aquella actividad no llegó al nuevo hospital de Loma Colmenar. Desde aquellos años, el estado de la sanidad pública ha cambiado mucho. Y también la cirugía.
“Ha cambiado bastante. El nivel era más bajo. La cirugía laparoscópica lo cambió todo”, insiste. El hospital de Ceuta fue el segundo de toda Andalucía y el sur peninsular en realizar una cirugía laparoscópica (después del de Jerez). Poco después de que Muñoz Espejo regresara a la ciudad tras el mes de formación en Barcelona, comenzaron a operar. Tuvieron que esperar unos meses para realizar cirugías cien por cien laparoscópicas debido a los retrasos en la adquisición de los ‘endo clip’, pinzas de presión usadas para sujetar y clipar tejidos firmes. “Estuvimos esperando a que ‘Autosuture’, la primera casa comercial con licencia para fabricarlos en España, sacara el instrumental. Yo estaba en permanente contacto con el delegado regional en Sevilla, que me decía que me llamaría en cuanto tuvieran la licencia”, relata. La primera operación la ejecutaron sin endo clip.
“Se nota mucho en la sanidad cuando hay cambio de gobierno. Hay unos más dispuestos a invertir que otros”
Como “cirujanos avezados” que ya eran, decidieron realizar un procedimiento que iniciaron con la técnica laparoscópica y remataron de manera convencional, al carecer de las referidas pinzas. Era una colecistectomía, para extirpar la vesícula. Insuflaron el CO2, introdujeron los trócares para realizar las incisiones milimétricas y disecaron la vesícula y el pedículo. El último paso era ligar la arteria cística. Al no contar con los endo clip, tuvieron que realizar una cirugía abierta para rematar. La primera cirugía completamente laparoscópica que hicieron también fue de una vesícula, a una joven de 19 años. Desde aquella intervención, la laparoscopia “ha mejorado mucho”. “Los monitores son más grandes, las cámaras son increíbles, con una gran resolución, de 5G… Todo ha avanzado. Y ahora tienen la cirugía robótica”, comenta el doctor.
Muñoz Espejo, que llegó a Ceuta cuando rondaba la treintena, allá por el año 84 u 85, cree, con sus cuatro décadas de experiencia como médico, que “sí se nota” cuando unos u otros gestionan la sanidad pública. “Se nota mucho. Hay unos más dispuestos a invertir que otros”, confiesa, para dirigir sus halagos hacia el actual equipo de la Dirección Territorial del Instituto Nacional de Gestión Sanitaria (INGESA): “Cuando hemos necesitado algo, Jesús Lopera, Juan Carlos Querol, Maanan Abdelkader o Carlos Ramírez nos han ayudado”.
Con el paso del tiempo, nota también que el “respeto” hacia su colectivo profesional disminuye a medida que aumentan las exigencias de los usuarios hacia ellos. “Es una barbaridad. Sobre todo, los cirujanos estamos muy expuestos a las demandas de todo el mundo. La gente te exige resultados”. Ha llegado a recibir graves amenazas. En una ocasión abordó el asunto con un fiscal de la ciudad, que le reconoció que poco podrían hacer por él mientras tan solo hubiera palabras. “En esa época los médicos no estábamos muy protegidos”, admite. Como consecuencia, confiesa, acababan practicando “una cirugía más defensiva”, consistente en derivar aquellos casos con sospecha de que se pudieran complicar.
El doctor José Muñoz Espejo llegó a la Medicina motivado por su padre y se decantó por la Cirugía atraído por su predilección por las manualidades. Con los años entendió que eligió bien. Terminó de comprender la profundidad de su vocación cuando se creyó a punto de abandonar su profesión. Tras sufrir el Covid y sus consecuencias, su principal preocupación era no volver a pisar un quirófano. “Fue chocante pensar que no iba a poder seguir siendo cirujano”, confiesa ahora, cinco años después de aquello y a más de un año de su jubilación en el sistema público.
Asegura que sigue afrontando los nuevos casos (en el quirófano de la Ceuta Medical Center) con el mismo espíritu, sin muchas “elucubraciones” sobre lo trascendental de su trabajo. Una vez con el pijama y los guantes nunca se planteaba que tenía una vida en sus manos: “Cuando intervienes a una persona, ya sea de urgencia o programada, no estás pensando que su vida está en tus manos. Al menos, yo. Lo único que pensaba era que tenía un problema y había que solucionarlo. Dedicaba todo mi conocimiento, todo lo que había aprendido, para solucionar el problema de esa persona”.
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