El doctor Buyema: “Somos menos médicos. Si la ministra dice que no hay problemas es una mentirosa”
Sanidad tensionada
El médico de Urgencias del hospital asegura haber atendido a unos 40 migrantes con cuadros clínicos que encajan con la fiebre tifoidea, critica que el ala de catástrofes tardara 12 días en abrirse y desmiente a Mónica García cuando dice que la asistencia que reciben los ceutíes es la misma
El servicio de Urgencias del Hospital Universitario de Ceuta (HUCE) ha afrontado desde el pasado 30 de julio una presión asistencial extraordinaria como consecuencia de la entrada masiva de migrantes a la ciudad. Allí trabaja desde hace años el doctor Abdeselam Buyema, quien sostiene que la situación ha obligado a los profesionales a trabajar “prácticamente como en una medicina de guerra” y contradice algunas de las afirmaciones realizadas por la ministra de Sanidad, Mónica García, durante su visita a Ceuta el pasado domingo.
Buyema asegura que la plantilla médica no se ha reforzado en la medida anunciada por la ministra de “60 nuevos profesionales”, y que, de hecho, actualmente hay menos facultativos en Urgencias debido a que algunos se encuentran de vacaciones. También rechaza que la atención sanitaria que reciben los ceutíes no se haya visto afectada por la crisis migratoria y cuestiona que desde el primer momento existieran circuitos diferenciados para atender a la población migrante y al resto de pacientes. Y reconoce que hay compañeros que se plantean marcharse por el miedo y la inseguridad tras la agresión de Marruecos.
Pregunta. La ministra de Sanidad aseguró durante su visita a Ceuta que se había reforzado la plantilla con alrededor de 60 profesionales. ¿Se ha notado ese refuerzo en Urgencias?
Respuesta. No. De médicos, no. Estamos menos médicos porque hay gente de vacaciones. Si tú quieres hacer una valoración de la calidad de la asistencia, vamos a evaluarla. En España se tiene miedo a la evaluación. Hay que evaluar si realmente estamos atendiendo bien a los pacientes del CETI y a los inmigrantes.
Vienen con heridas, con fracturas, con infecciones, con celulitis en las piernas, y no se les atiende bien porque es imposible atenderlos con los recursos que tenemos. Se puede mejorar, y lo que yo exijo son recursos. Si vienen con una infección y los mandamos con dos pastillas, eso no es así. Mientras estén aquí tenemos que atenderlos bien.
P. ¿Cómo fueron los primeros días después de la entrada masiva?
R. Estábamos súper saturados. Los compañeros de Atención Primaria trabajaron muchísimo, el personal de Cruz Roja, las ambulancias... Chapó por ellos. Pero nosotros estábamos saturados porque cada paciente que llegaba prácticamente ahogado requería mucho tiempo de atención.
No era uno y ya está. Llegaba uno, después otro, después otro. A las cuatro de la mañana seguían llegando. No daba tiempo. Hacíamos lo que podíamos y, gracias a Dios, la mayoría de las cosas salieron bien.
P. INGESA informó de que el plan de catástrofes se activó el 30 de julio. Sin embargo, el ala de catástrofes no comenzó a funcionar hasta el 11 de agosto. ¿Por qué?
R. Abrir el área de catástrofes es reconocer que existe una catástrofe. Y la primera medida que toman los gobiernos es negarla, negar la crisis.
El día 30 la situación fue tremenda. Yo estaba en la zona de críticos y vinieron decenas de pacientes graves y moderados-graves. Si no se les atiende, se mueren, porque llegan exhaustos, muchos con casi ahogamiento.
Uno de los pacientes subió a la UCI y otros pasaron a observación. Afortunadamente eran jóvenes y sanos y, después de descansar unas horas, hidratarse y recibir tratamiento, mejoraron. También han llegado muchos casos de intoxicaciones por drogas. Algunos llegan en coma y, según los protocolos, habría que intubarlos, pero después se despiertan.
P. ¿Ha habido un repunte de intoxicaciones por drogas?
R. Sí. Si tenemos en cuenta las cifras habituales, ha habido un brote, obviamente. Han entrado jóvenes con intoxicaciones y cuadros de coma.
P. Uno de los aspectos que más preocupa es la posible aparición de enfermedades infecciosas. ¿Qué patologías están viendo?
R. Han venido casos de tuberculosis y de sarna. Pero no nos vamos a alarmar por la tuberculosis ni por la sarna. Son enfermedades que conocemos y que sabemos manejar.
La tuberculosis, si diagnosticamos un caso, tiene que ser aislado. Si el paciente no colabora, hay que tomar las medidas necesarias para proteger la salud pública. Ha habido pocos casos, algunos sospechosos, pero en Ceuta tenemos algunos casos de tuberculosis al año.
Con la sarna ocurre algo parecido. Es verdad que después del COVID se ha disparado claramente, pero tampoco hay que generar alarma.
P. Sin embargo, usted ha hablado de otro cuadro infeccioso que le preocupa especialmente.
R. Yo hablo de una fiebre tifoidea o una enfermedad similar. He visto prácticamente a todos los pacientes y ha habido unos 40 o 50 casos graves, moderados-graves y muchos más leves que presentaban un cuadro clínico compatible.
Son pacientes jóvenes que aguantan mucho. Muchos llegan hipotensos, deshidratados, con alteraciones de la función renal y con los marcadores de fase aguda muy elevados. En una persona de 60 años, diabética, hipertensa y con otras patologías, habría que ver cuál sería el pronóstico.
P. ¿Esos 40 pacientes tenían fiebre tifoidea confirmada?
R. No. Tenían el cuadro clínico. Para confirmar una enfermedad así hay que estudiar criterios epidemiológicos, analíticos y otros factores. Yo no estoy diciendo que sean 40 casos confirmados de fiebre tifoidea, sino que han presentado un cuadro clínico que encaja con ella.
El reservorio de la enfermedad es humano. Es perfectamente plausible que alguno de los inmigrantes que han entrado fuera un reservorio y posteriormente se produjera la transmisión en unas condiciones higiénicas y nutricionales deficientes.
Pero hay que investigarlo. No puedo asegurarlo. Nadie ha investigado, que yo sepa, dónde han comido, dónde han bebido o de dónde proceden exactamente los enfermos. Muchos dicen que han bebido agua no potable.
Yo me inclino más por la posibilidad de que haya habido un reservorio entre ellos, pero repito que eso hay que estudiarlo para poder hablar con propiedad. No se puede asegurar sin una investigación epidemiológica.
P. ¿Ha habido incluso un fallecido cuyo cuadro podría encajar con esa enfermedad?
R. Sí. Yo estaba presente cuando llegó y ayudé en la reanimación. Estaba en parada cardiorrespiratoria y desgraciadamente no fue posible reanimarlo. Era un chico joven.
Después pregunté al padre qué síntomas había tenido y todo hacía pensar en ese síndrome infeccioso. Se le hizo la autopsia y había algunos datos compatibles con una infección por Salmonella typhi, con una posible fiebre tifoidea. Los criterios clínicos también los tenía.
Pero, insisto, hacen falta criterios epidemiológicos y analíticos para determinarlo.
P. ¿La Ciudad Autónoma debería haber investigado el posible origen de esos casos?
R. La Ciudad Autónoma tiene las competencias de Salud Pública y, que yo sepa, no se ha hecho esa investigación. Habría que preguntar a los enfermos dónde habían comido, dónde habían bebido y dónde habían estado. Es necesario investigar para conocer el origen.
P. Mónica García aseguró que la llegada masiva de migrantes no había afectado a la atención sanitaria que reciben los ceutíes. ¿Es así?
R. Se ha afectado, claro que se ha afectado. Nosotros tenemos un sistema de triaje que prioriza a los pacientes en función de su gravedad. Sea de Ceuta, sea inmigrante o sea desplazado, al que está peor lo atendemos antes. En eso no ha habido cambios.
Pero sí se han visto afectados otros pacientes y otras patologías, que han tenido que esperar más tiempo. Además, han tenido que compartir espacios con personas de las que no sabemos qué enfermedad tienen y en unas determinadas condiciones higiénicas.
Hasta que se abrió el área de catástrofes, los sillones estaban saturados por los inmigrantes porque muchos estaban mal, se caían o permanecían postrados. ¿Qué ocurría? Que personas mayores que acudían enfermas tenían que permanecer sentadas en una silla de ruedas, apartadas, durante horas. En ese aspecto, claro que se ha afectado la asistencia.
El paciente grave, eso sí, se atiende directamente.
P. La ministra también habló de dos circuitos diferenciados para evitar riesgos de contagio entre migrantes y ceutíes.
R. Al principio había tanta gente que era imposible. Se acumulaban en la entrada de Urgencias y necesitábamos incluso a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad para controlar la situación.
Intentábamos que mujeres y niños permanecieran en determinadas zonas y, afortunadamente, tenemos una sala de observación pediátrica que algunos querían cerrar. Pero cuando hay tanta gente, hablar de dos circuitos perfectamente diferenciados es complicado.
El riesgo existe, aunque para los profesionales es bajo si se utilizan las medidas de protección adecuadas. Yo atiendo a un paciente, me pongo la mascarilla, los guantes y tomo las precauciones correspondientes. El problema es que las personas que están allí también tienen que convivir entre ellas y pueden transmitirse enfermedades.
P. ¿Entonces los ceutíes deben preocuparse por las enfermedades infecciosas que están llegando?
R. No hay que tener miedo. Si evitamos el contacto y tomamos las medidas adecuadas, se evita el riesgo. Una tuberculosis, por ejemplo, requiere unas condiciones concretas de transmisión. Si se toman las medidas de protección, el riesgo para la población es bajo.
P. Volviendo a las declaraciones de la ministra, ¿considera que su diagnóstico sobre la situación asistencial es incorrecto?
R. Si la ministra dice que no hay problemas, es una mentirosa. Aquí la asistencia es claramente mejorable. Hay que sentarse a hablar y hablar con los profesionales que estamos allí. No se puede decir que no existe un problema cuando nosotros estamos viendo lo que está pasando.
P. ¿Y qué recursos considera que serían necesarios?
R. Recursos. Hay que evaluar la asistencia y ver dónde están las carencias. No solo se trata de atender al paciente cuando llega, sino de poder hacerle una asistencia adecuada.
Si tenemos pacientes con heridas, fracturas, infecciones o celulitis y no podemos dedicarles el tiempo y los medios necesarios, estamos limitando la calidad asistencial.
P. ¿La situación puede repercutir también en la permanencia de los profesionales sanitarios en Ceuta?
R. Hay malestar, y es tremendo. Ha habido tres compañeros que se han planteado irse, aunque espero que finalmente no lo hagan.
Sí hay profesionales que pensaban venir y han pospuesto su decisión. Eso sí es evidente. Si uno tiene la oportunidad de trabajar en otro sitio y ve la situación que hay aquí, lógicamente se lo piensa. La dificultad para atraer médicos ya existía y esto es un obstáculo más.
P. ¿Cuál sería su mensaje a las administraciones?
R. Que hay que hablar con los profesionales que estamos aquí y evaluar realmente lo que está ocurriendo. No sirve de nada decir que todo está bien si quienes estamos en Urgencias sabemos que la asistencia se puede mejorar.
Tenemos que aprovechar los recursos disponibles y dotarnos de los medios necesarios para atender tanto a los migrantes como a los ceutíes con garantías. Esa es nuestra obligación como médicos.