Centro de Salud de Recinto
El Sindicato Médico denuncia las filtraciones en Recinto: “La sanidad también se inunda”
Día Mundial Contra el Cáncer
Tras más de una hora de seria conversación sobre el cáncer y sus efectos, una sonrisa irrumpe de pronto en el rostro de Hassan Bennis cuando el oncólogo describe la “satisfacción” que sintió hace unos días al volver a ver a un antiguo paciente en su consulta. Rememora la imagen de aquel que tan mal pronóstico tuvo hace siete años, con un cáncer cerebral metastásico, de nuevo frente a él, “haciendo vida normal”. Y eso que, en 2017, recién incorporado al Hospital Universitario de Ceuta (HUCE), llegó a preparar a sus familiares para una pronta muerte. “Es impresionante. Nunca se me va a olvidar”, confiesa el especialista. Momentos así explican por qué, pese a las malas noticias que sigue sin acostumbrarse a comunicar, no se arrepiente de haberse decantado por la Oncología. Tampoco su compañera Hanan Ahmed, jefa del servicio que acaba de incorporar una nueva doctora, aliviando así una sobrecarga que hace más cuesta arriba lo “duro” de la profesión.
El “premio” para ambos es volver a ver a sus pacientes en la calle, ya recuperados. Comprobar cómo algunos logran abandonar la cama para “resucitar”. Se topan con ellos dando la vuelta al Hacho o paseando por el centro de la ciudad. Escenas que compensan el malestar de cuando los tratamientos no funcionan. Hace no mucho, la doctora Ahmed se fue a casa con un “runrún”. Una chica joven no lograba avanzar en su curación y la mente de la facultativa solo podía dar vueltas a cómo solucionarlo. Llamó a su compañero a las ocho de la tarde, lo pilló en el gimnasio. Las sesiones clínicas improvisadas a cualquier hora del día son una tónica habitual en el equipo de Oncología del HUCE, que la pasada semana conversó con El Pueblo de Ceuta para profundizar en los avances alrededor del tratamiento y el diagnóstico del cáncer, las sinergias que se crean entre las diferentes especialidades para ofrecer a los pacientes una atención individualizada y precisa, los factores de riesgo o la complejidad de ser oncólogo.
Desde que Ahmed se inició en la Oncología sabe que “somos caducos” y que “solo hace falta estar vivo” para morir. Lo ha aprendido ejerciendo una profesión que le da “bofetadas continuas”. Bennis fue entendiendo que lo único que de verdad importa es “ser buena persona”, “no hacer daño” y “disfrutar de la familia y del tiempo libre”. Reconocen que son esas reflexiones que suelen lanzarse “de forma utópica”, pero creen que solo dedicándose a lo que ellos uno toma consciencia de verdad. “Hay que ser oncólogo para darte cuenta”, remató Bennis sobre un sillón de la redacción, tras más de una hora de conversación sobre la mutación de células y lo que provoca en el ser humano.
Pregunta. Este 4 de febrero se celebra un nuevo Día Mundial Contra el Cáncer. ¿Notan en sus consultas año tras año que se esté avanzando en cuanto a la supervivencia y a la calidad de vida de los pacientes oncológicos?
Hassan Bennis: Muchísimo. Estamos sumando todos los años. Sobre todo, en los últimos diez años notamos que hay una diferencia abismal, especialmente desde la incorporación de la inmunoterapia. Es un arma bastante potente que ha cambiado la historia del cáncer. Antes, con las herramientas que teníamos, cuando tratábamos a los pacientes veíamos respuestas, pero luego también veíamos caídas rápidas, mientras que con la inmunoterapia tenemos ‘súper largos’ supervivientes. Estamos hablando de pacientes con cánceres, y que están viviendo. Incluso, podemos decir que algunos están recuperados. Pero, sobre todo, la inmunoterapia se caracteriza en que hay un porcentaje de pacientes, depende de la patología, que puede variar desde un 20 hasta un 50 por ciento, son pacientes metastásicos que viven años y años, algo que nunca habíamos visto. La inmunoterapia, verdaderamente, está impactando mucho en esta patología.
Y, obviamente, hay otras armas terapéuticas que se han incorporado en la oncología, como el tratamiento biológico, el tratamiento dirigido. Para nosotros ahora es muy fácil coger un tejido tumoral, secuenciarlo y no solo ver las células, sino ver el ADN tumoral, secuenciarlo y ver cuál es verdaderamente el gen responsable de producir este cáncer. Es decir, buscar en la mutación o esta variante patogénica o esta alteración a nivel del ADN, y cada vez tenemos más moléculas que van dirigidas a esta alteración. Este tratamiento, que se llama tratamiento dirigido o biológico, junto con la inmunoterapia, ha impactado mucho en estos últimos años en la supervivencia de los pacientes con cáncer.
También habría que mencionar todo lo que es el diagnóstico. Las armas que tenemos ahora para diagnosticar a los pacientes son mejores. Cada vez nos acercamos más al diagnóstico completo. Antes teníamos solo el TAC, solo podíamos ver la imagen, pero tenemos también la imagen metabólica, es decir, podemos ver la imagen y ver verdaderamente esta lesión tumoral. Así, saber si es una lesión que está activa o es una lesión que después del tratamiento, pero no está activa. Podemos ver la morfología del tumor, pero también podemos ver si es activo o no. Es decir, que hemos avanzado tanto en el ámbito terapéutico como el ámbito diagnóstico.
Hanan Ahmed: Tenemos un aumento de la incidencia del cáncer, pero nuestra ratio es similar al aumento de la incidencia que hay en España. Hay varios factores. Entre ellos, tenemos una población cada vez más envejecida. Tenemos cada vez más factores de riesgo, y, aparte, los métodos de cribaje, de screening, por lo que detectamos muchísimos pacientes de cáncer en unas pruebas poco invasivas. Eso hace que tengamos más incidencia de cáncer, porque detectamos a esos pacientes. Y luego está, por otro lado, la supervivencia. Gracias a estos fármacos que ha comentado antes mi compañero, los pacientes viven más. En conclusión, si tenemos más incidencia y más supervivencia, pues obviamente tenemos más pacientes con cáncer en la consulta.
P. ¿Cuáles son esos tipos de cáncer en los que más se ha avanzado?
H.A: Vemos avances en todas las patologías. Vamos un poco más lentos en los tumores digestivos altos, tumores de páncreas, tumores hepáticos, con ecocarcinomas, los digestivos altos y los tumores cerebrales. Son los que realmente vemos un avance más lento. En general, prácticamente en todas las patologías hemos avanzado muchísimo. Actualmente, el cáncer de pulmón ha sido la gran revolución en la oncología. Fundamentalmente, por la incorporación de la terapia dirigida, la inmunoterapia. Igual que en el melanoma o el cáncer de vejiga, es decir, tumores que tenían muy mal pronóstico. Pacientes metastásicos con este tipo de patologías no superaban el año o los nueve meses de supervivencia. Ahora estamos viendo que esos pacientes llegan a unas supervivencias espectaculares, incluso con metástasis. Vemos incluso largos supervivientes de este subgrupo de pacientes.
H.B: Y solo hablando de los nuevos tratamientos, de la inmunoterapia y de la terapia dirigida. Cuando yo empecé la residencia se nos presentó un paciente con un melanoma metastásico. Para este paciente no teníamos tratamiento ni nada, teníamos una quimio que sabíamos que era una quimio inútil, que no le iba a aportar nada. La poníamos por desesperanza, para ofrecer algo al paciente. Y vivían una media de seis meses. Ahora, con la inmunoterapia y la terapia dirigida, hablamos de que en un paciente metastásico la supervivencia media, en general, supera los cinco años. En 10 años hemos pasado de seis meses a más de cinco años. En el hospital tenemos un paciente metastásico que tratamos desde 2014. Estamos a 2026, son doce años, con uno metastásico.
En cuanto a la terapia dirigida, justo hoy en la consulta he visto un paciente que trato casi desde que empecé aquí en Ceuta, a los dos años de incorporarme, sobre 2017. Es metastásico con metastásis cerebrales. Le di cita para dentro de un año para volver a verlo. Normalmente, a estos pacientes los miramos todos los meses, y ya venía cada seis. Nadie se imaginaba hace unos años que esto iba a cambiar así. Es decir, los avances de los últimos años son muy, muy impactantes.
P. Y en sus consultas, ¿cuáles son las patologías que ven más comúnmente?
H.A: Lo que más vemos son los tumores más incidentes en general: de mama, de pulmón y cáncer de colon.
H.B: Y genitourinario.
H.A: Genitourinario cada vez vemos más. Esos son las cuatro. Son los cuatro pilares, los tres primeros son lo las patologías más frecuentes. Pero eso es en cualquier hospital. Normalmente el servicio lo encuentras dividido en tres secciones o cuatro, y ves que cada sección va a llevar pulmón, mama, digestivo, y genitourinario, que hay veces que lo incluyen con pulmón o crean una nueva sección.
P. Precisamente, hará como un año, un grupo de especialistas del hospital difundió en la prensa un comunicado en el que alertaban de un incremento de los casos de cáncer de vejiga, que decían que no sabían a qué se podía deber, pero que que en esa época les estaban llegando muchos casos.
H.A: En el cáncer de vejiga el factor de riesgo fundamental es el tabaco. ¿Por qué un aumento de los números de casos? Pues, no lo sé. Es verdad que tenemos una población con un hábito tabáquico importante. También es verdad que un cáncer de vejiga es un tumor relativamente fácil de diagnosticar. Suelen debutar con hematuria, es decir, sangre en la orina, es lo más llamativo, o el síntoma más característico, y todo es que el especialista le haga una prueba complementaria, que es mirar la vejiga por dentro. No sé si coincidió una avalancha de pacientes en un período en concreto, en la que se hizo muchas pruebas diagnósticas, en la que hubo un repunte. Pero la proporción de cánceres de vejiga que nos llega a la consulta es menor que la proporción que debería haber por la población de Ceuta.
H.B: Esos especialistas hablaban del tumor de vejiga superficial, eso es un tumor no invasivo, es como cuando hablamos de los carcinomas espinocelulares, que ni siquiera entra en el registro de cáncer, porque al fin y al cabo son tumores. No sé si aquella incidencia se comparó con la península, porque esto es una ciudad pequeña, y, a veces, te da la sensación de que hay muchos casos de una patología, pero cuando lo estudias y haces un registro ves que no hay más que en otro sitio. Esto lo hicimos con el cáncer de mama, cuando tuvimos el registro de cáncer en 2017 o 2018, creo que lo tuvimos dos años, y cuando comparamos vimos que somos parecidos a la península. Nosotros hemos perdido un registro de cáncer, donde podamos tener las cifras exactas y poder hablar con criterio, porque a veces da la sensación de que lo que nos transmite no es la realidad
Nosotros en ese ámbito no tenemos tanta proporción de pacientes, pero es verdad que la incidencia puede aumentar en tumores sin músculo invasivo, es decir, una enfermedad muy superficial en la que se le hace una prueba y se le detecta el tumor en fase muy superficial. Esos casos llegan a nuestra consulta, es decir, se quedan en la consulta de Urología para manejo. A nosotros nos derivan pacientes que tienen una enfermedad un poco más compleja, musculoinvasiva, o que haya hecho metástasis. Un tumor de vejiga, cuando no es invasivo, se lo quedan los urólogos. Es como el dermatólogo cuando quita un cáncer de piel pequeñito, tampoco nos lo va a mandar. Hay tumores que no son invasivos, que no precisan ningún tipo de seguimiento y sí lo quedan ellos. Y estos tumores verdaderamente son muy incidentes, son muy frecuentes. A nosotros nos llegan los pacientes una vez los tumores son invasivos, es decir, cuando llaman a una cirugía, a una cistectomía, le va a quitar la vejiga, y nosotros tenemos que valorar, ofrecer un tratamiento después para prevenir que eso no se le vuelva a reproducir.
P. Esto me sirve también para preguntarles por cómo se crean esas sinergias entre los oncólogos y el resto de especialidades. A veces, cuando hablamos del cáncer parece que solo intervienen los oncólogos.
H.A: Obviamente, nosotros no podemos trabajar solos. De hecho, yo creo que somos uno de los servicios que más necesitan de otros especialistas. Para conseguir los resultados oncológicos, el paciente tiene que pasar por varios especialistas, entre ellos, nosotros. ¿Cómo lo hacemos? Pues a través de los comités multidisciplinares. Nosotros, cada día de la semana, nos reunimos con diferentes especialistas de cada patología para presentar los casos nuevos que se diagnostican y plantear una actitud terapéutica a seguir. De lunes a viernes. Por ejemplo, los lunes tenemos el comité de digestivo, que nos sentamos con los cirujanos, nos explican los casos de reciente diagnóstico de cáncer de colon, de páncreas, de todos los tumores digestivos, y decidimos si este paciente se va a operar o si lo derivamos a la consulta del oncólogo para ponerle un tratamiento antes. Si nosotros, de nuestra consulta, surge alguna duda de un paciente, también lo presentamos ahí. Es decir, son reuniones, nosotros las llamamos comité multidisciplinares, con diferentes especialistas relacionadas con la patología que se va a tratar.
El martes es con los compañeros de pulmón, con los neumólogos, el miércoles con la unidad de mama, y así sucesivamente. El jueves con el comité de paliativos, y el viernes con nosotros mismos. También hacemos nuestros comités de servicio, o una sesión interna, no es tanto un comité, porque estamos los dos para decidir y debatir también casos complejos. Es un punto de unión que hacemos todos los días, con diferentes especialistas, a primera hora de la mañana, y se presentan todos los casos para que ese paciente pueda ir bien y que tengamos los resultados oncológicos que queramos. Nosotros no podemos decidir solos con el cirujano, eso sería una mala praxis. El paciente con cáncer es un paciente complejo desde la enfermedad metastásica, incluso en enfermedad localizada. En Oncología intentamos que el paciente no llegue a hacer la metástasis. Quiere decir esto que cada vez es más importante que nos reunamos todos los especialistas para, incluso en una enfermedad localizada, que se decidan las pautas de tratamiento correctas para tener buenos resultados oncológicos. Al final lo que queremos es curar cuando es posible y ofrecer el mejor tratamiento.
H.B: Es una patología muy, muy compleja. Y abarca todos los órganos. Estamos hablando de que el cáncer te puede afectar a la cabeza, al hígado o al pulmón. Y obviamente, nosotros necesitamos a nuestros compañeros para abarcar las toxicidades, las patologías, las enfermedades, todo lo que lo que acompaña al caso. Hay una frase que me gusta mucho. Dice: ‘Detrás de cada diagnóstico hay un paciente, detrás de cada paciente hay un equipo’. Exacto. Es decir, no hay solo un oncólogo, hay un equipo, y este equipo, como tenemos nuestros comités multidisciplinarios, encuentras que hay cirujano, patólogo, radiólogo, oncólogo, internista, cirujano plástico, psicólogos, voluntariado… En el comité están los especialistas, pero más allá sigue habiendo equipo, porque luego hay que darle apoyo no solo al paciente, también al entorno. Para eso están las asociaciones, donde encontramos que hay un trabajador social, hay voluntariado, hay psicólogos, hay hasta servicio para ayudarle en su baja laboral, en la solicitud de la dependencia. Trabajadores sociales, su labor es importante. El equipo que está en el hospital de día, que está junto a nuestros despachos, el de SAT, que es el equipo de soporte, es decir, los que controla los síntomas con nosotros. El paciente es tan complejo que precisamos de mucha más gente.
Ahora se habla mucho del tema del deporte, en muchas comunidades se ha incluido incluso el deporte en la terapia. Sabemos que el deporte es muy importante en todas las fases de la enfermedad, desde el principio hasta el final. Entonces, fíjate, vamos sumando para que cada vez que hagamos más, y porque los pacientes complejos sí necesitan todo este soporte.
P. P.- ¿Cuáles son los principales factores de riesgo del cáncer?
H.A: Existen los factores de riesgo prevenibles y los intrínsecos. Están recogidos en todas las guías, y es lo que debería hacer toda la población. Hacer todo lo que está en nuestras manos para prevenir de alguna forma el cáncer. Los factores prevenibles o extrínsecos suponen casi el 50 por ciento de los factores de riesgo de cáncer. Es decir, está en nuestras manos el poder de, en una proporción de casi el 50 por ciento, evitar tener un tumor. Todos conocemos los hábitos. Los factores de riesgo son la obesidad, la exposición solar, el sedentarismo y el tabaquismo. También tenemos que vacunarnos de las patologías que están en relación con oncogénesis, como la hepatitis, el virus del papiloma. Y luego están los otros factores, que son los factores intrínsecos o no prevenibles, son factores genéticos que no podemos prevenir.
H.B: Muchas veces vemos pacientes jóvenes, sanos, sin ningún factor de riesgo, y que tienen un tumor muy agresivo. No es lo más frecuente, pero los hay. Y, ¿por qué? Pues tienen un factor intrínseco que nosotros desconocemos, y que le ha favorecido el poder desarrollar un tumor. Y la edad, obviamente, el cáncer está en la zona de la edad del envejecimiento, es otro factor que es inevitable. Y la edad es la más importante, porque en la consulta, al final y al cabo, la mayoría de pacientes tienen más de 60 o más de 70 años. Las células envejecen, adquieren más mutaciones y es más fácil de desarrollar el cáncer.
P. En cuanto a la alimentación, hay productos procesados cuyo uso está normalizado. Embutidos como el pavo, que se recomienda en algunas dietas. ¿Hay muchos alimentos que la población cree saludables, pero que son peligrosos a la larga?
H.A: Yo creo que yo que hoy día la población sí que está bastante concienciada en qué alimentos son, de alguna forma, cancerígenos o perjudiciales para la salud. Hoy día tenemos información de todo tipo, todo el mundo tiene acceso a redes sociales, a páginas de información. La gente cada vez sabe más, cada vez se interesa más, y si tiene un familiar, un amigo, o incluso él mismo, pues ya indaga y sabe por dónde va. Qué es lo que tiene que comer o qué es lo que no tiene que comer. En general, los alimentos procesados, las carnes procesadas siempre están mal vistas. Todo el mundo sabe que la charcutería, el ahumado, los fritos, todo esto pueden tener elementos cancerígenos, y saben que esto no está normalizado, todo lo contrario. De hecho, cada vez hay más tabúes en cuanto a la alimentación. Por ejemplo, la carne roja, ¿no? Es uno de lo de los grandes los grandes dilemas, o la leche. Son preguntas que vemos frecuentemente en la consulta. Los azúcares, también. Creo que, en general, la población sí que está concienciada de cuáles son los alimentos saludables y cuáles no. De cuáles son los hábitos de vida saludables y cuáles son los alimentos de nuestra famosa dieta mediterránea. Todo el mundo la conoce. Otra cosa es que en función de la edad o la situación de cada uno le hacemos un poco de caso omiso. Tenemos que aprender a comer, y lo que no es saludable, intentar retirarlo o consumirlo con moderación. Pero, en general, la sensación que tengo hoy día, y yo creo que mi compañero está de acuerdo, es que la gente sí que es consciente de lo que tiene que comer.
H.B: Da la sensación de que cada vez sabemos más qué tenemos que comer. Ajá. Pero es muy importante que este mensaje llegue a todo el mundo. Si nosotros reconocemos los factores que podemos evitar, pues con esto nosotros vamos a reducir la incidencia del cáncer en un 50 por ciento. Es un trabajo que tenemos que hacer todos nosotros, porque, ¿verdaderamente toda la población está concienciada con el tema de la nutrición, toda la población sabe lo que tiene que comer, lo que no tiene que comer, toda la población sabe que el tabaco es tan malo? Es muy importante que la Consejería de Sanidad sea agresiva con sus campañas de prevención. Hay que intentar siempre recordar a la población que cuidarse es muy importante, porque un un cuerpo sano es un cuerpo que tiene un 50 por ciento de menos posibilidades de tener cáncer, y eso lo sabemos, eso está documentado.
¿Cómo podemos conseguir esto? Transmitiendo el mensaje a la población. ¿Cómo? Pues campañas agresivas, no solo es un día de cáncer, tiene que ser todo el año, tenemos que aprender a comer. Yo no estoy muy seguro que toda la población está concienciada. La idea es que sí, aunque también depende del entorno sociocultural. Aunque en las consultas te das cuenta de que hay gente que le da igual. Algún paciente me ha dicho que ha llorado porque ve el azúcar y no puede evitar comerlo. Es decir, que tenemos un trabajo por delante. Por eso hay que seguir. Por eso existe el día del cáncer. Para recordar lo que hay que hacer, lo que no debes hacer.
H.A: Hace cosa de un mes debatimos en el pleno de la Asamblea precisamente esto. El tema era el Plan de Salud de la Ciudad. Interpelamos al Gobierno por su Plan, que estaba obsoleto. Depende de la Consejería de Sanidad. Su competencia más importante es la prevención y la promoción de salud. Pues los factores de riesgo forman parte de la promoción de la salud. Campañas de deshabituación tabáquica, prevención de muchas enfermedades, concienciación de las mismas. Por ejemplo, la diabetes. La diabetes es un factor de riesgo para muchos tumores, pero es principalmente un factor de riesgo cardiovascular. Y yo no sé qué proporción, pero tenemos una población muy alta de diabéticos en Ceuta, y muchos totalmente descontrolados. ¿Cómo nos damos cuenta? Pues, cuando viene la consulta con glicemias elevadísimas, y lo normalizan. Sorprende… La prevención y la promoción de salud son tareas pendientes en las que hay que seguir trabajando con mucha más profundidad. Para que los pacientes no lleguen ni a tener un cáncer ni a tener ningún problema, que hay también problemas de salud muy graves, que no son cáncer, y que tienen una elevada mortalidad también.
H.B: Sobre todo, recordar que no puede ser solo un día de la diabetes, un día del cáncer. Esos días hablamos de los factores de riesgo, de cómo evitarlos, y ya esperamos otro año para volver a hablar de esto. Así no avanzamos. Esto es un trabajo que tiene que empezar desde la infancia, las escuelas, talleres, tiene que ser una cosa continua en el tiempo, es la única manera si queremos verdaderamente cambiar las cosas. No podemos solo esperar este día. Estamos hablando de enfermedades muy importantes, y el factor importante de todas sigue siendo la dieta, que es muy importante.
P. ¿Hasta qué punto es frustrante para ustedes como profesionales que sus pacientes no hagan caso de las recomendaciones en cuanto a estilo de vida?
H.B: Por eso se ha incorporado la tercera oncóloga, por eso necesitamos más profesionales. Nosotros debemos tener las herramientas para intentar convencer a estas personas. La herramienta es tiempo, tener tiempo, tener personal. Porque el paciente, si tú le das dos minutos para decirle: ‘tienes que comer bien, tienes que hacer deporte’, pues te dice que sí, sale y ya está. Pero si verdaderamente tú te sientas y le das pautas de cómo puede comer, le dices que puede comer muchas cosas que le gustan, solo que tiene que saber, entonces sí. Podemos adaptar a su día a día las cosas que le gustan. También les podemos recomendar qué tipo de deporte hacer. Ahora creo que va a colaborar el ICD, ¿no?
H.A: Hoy, precisamente, el grupo Ceuta Ya! ha presentado una propuesta para ofrecer plazas gratuitas a pacientes oncológicos, para que puedan hacer deporte, y ha sido aprobado por unanimidad por toda la asamblea. Nosotros, como servicio de oncología, somos el último eslabón. De toda esta cadena somos el último eslabón al que llega el paciente enfermo con cáncer. Obviamente, nosotros tenemos que hacer nuestro trabajo de incidir en el deporte. Nosotros sabemos que el deporte no solamente impacta en mejorar la calidad de vida, mejorar los síntomas, una mejora adherencia del tratamiento, incluso un impacto en supervivencia. Estamos viendo que los pacientes viven mucho más, incluso cifras que con muchos fármacos no tenemos hoy día. El deporte dirigido para el paciente oncológico es muy importante, impacta en la calidad y mejora la supervivencia. Pero vuelvo a incidir en que eso es el último eslabón al que llega el paciente, el paciente ya tiene el cáncer. Yo creo que la asignatura pendiente y el mensaje que queremos dar es que tenemos que evitar que el paciente llegue a nuestras manos.
H.B: El mensaje es la prevención. Que la población y los responsables se impliquen en trabajar con la población, y que las campañas de sensibilización empiecen en los colegios, en centros educativos. Por lo cual, no nos frustra, solo tendremos que buscarle solución. Nosotros ahora tenemos auxiliares, las estamos enseñando para que tengan una consulta para poder insistir a los pacientes en el tema nutricional, el ejercicio, control de síntomas, revisar la medicación que toma… Siempre queremos encontrar una solución a estos pacientes, eso es lo fundamental.
P. ¿Es duro ser oncólogo?
H.A: Es duro ser oncólogo. Es decir, es una patología muy complicada. Los pacientes tienen muchos síntomas, desgraciadamente, por la propia patología, que es compleja, y también porque ponemos tratamientos, como las quimioterapias, que tienen sus efectos secundarios. Impacta en la calidad de vida de los pacientes. Siempre hay pacientes que te tocan más la fibra de alguna forma, porque empatizas, porque puede tener tu edad, por una situación compartida, alguna vivencia, familiares… En mi caso, soy de Ceuta. Cuando ves a gente que conoces es duro, impacta. Siempre intentamos darle la vuelta. No deja de ser nuestro trabajo, y lo focalizamos siempre en aunar toda nuestra fuerza para sacarlo adelante. No nos quedamos con la parte negativa. Intentamos dar solución: controlar esos síntomas, luchar con la enfermedad… Y date cuenta de que son pacientes que vemos más que nuestra familia. Una vez a la semana. Incluso, los podemos ver varios días. Al fin y al cabo, estableces un vínculo.
A veces, los pacientes te cuentan también su vida personal, sus vivencias, es una forma también de descargar ese estrés, y necesitan ser escuchados, y creas un vínculo. Pero intentamos que a nivel personal que no traspase ciertas líneas, porque eso luego te afecta tu vida personal. Un ejemplo claro fue la semana pasada. Teníamos una chica muy joven en la que no está funcionando el tratamiento. Y yo me fui a mi casa con el ‘runrún’ de qué podíamos ofrecerle. Porque veíamos que no avanzaba.
H.B: Y me llamó.
H.A: Y lo llamé por la tarde. A las ocho de la tarde.
H.B: Es una profesión dura, pero hay profesiones que son más duras aún. En cualquier profesión, intentas no llevarlo a tu casa. Porque está la parte profesional y luego está la familia. El último ejemplo es ese -el relatado por Hanan Ahmed-. A las ocho de la tarde me llama: ¿qué podemos hacer? Es decir, la sesión clínica continúa. Te lo llevas y quieres darle vueltas. Vemos a muchos pacientes con cáncer, es nuestro trabajo. No es que intentemos normalizarlo, sino que se hace rutinario. Pero es verdad que siempre hay pacientes con los que empatizas más. Puede ser generacional, porque compartes algún tipo de actividad con ellos, familiares, conocidos también. Al fin y al cabo, Ceuta es muy pequeña, son ochenta mil habitantes. Es inevitable. Pero yo creo que es un ejercicio que tenemos que hacer.
P. ¿Cómo se acostumbra uno a dar malas noticias?
H.A: Creo que uno nunca se acostumbra a dar malas noticias. Y mira que llevamos ya años trabajando, pero hay veces que nos tenemos que preparar nosotros primero y a la familia. Tanteas. Depende mucho de la persona. No es lo mismo dar esas noticias a unos que a otros.
H.B: Hay gente que no quiere saber nada, otros que quiere saberlo poco a poco… Así que hacemos un ejercicio de estudiar la familia y tenemos que saber cómo transmitir esta noticia.
H.A: No tenemos unos tips. Damos muchas malas noticias, eso lo aprendes con los años. Es una cosa muy humana. Yo creo que es el momento que más tienes que empatizar y tantear.
H.B: Lo bueno es que tenemos un equipo detrás que viene a ayudar. Vienen los psicólogos, la asociación y los voluntarios para intentar, cuando llega esta noticia, apaciguar.
P. Incluso, supongo que los profesionales también necesitan ayuda psicológica, no solamente los pacientes y los familiares.
H.A: Pues sí. Nosotros no tiramos de ella, pero sí. Al final son cargas emocionales que te llevas. Hablo de mí, a nivel personal, creo que a mi compañero también le pasará. Llega un punto, al pasar unos meses que dices: estoy saturado. No es que estés saturado del trabajo en sí, sino que llega un punto que necesitas parar y descansar. Y descansar es descansar de todo, renovar pilas y salir adelante. Es una saturación. Y hay días que llegas de vacaciones, pero tienes una semana mala. Y dices: no puede ser, acabo de llegar de vacaciones. Pero vas acumulando experiencias, cargas emocionales, pacientes... Hay pacientes que son muy complejos, es inevitable esa carga emocional. Cada uno, de forma personal, lo gestiona como puede. Nosotros aquí no lo hemos hecho, pero hay muchos profesionales, compañeros nuestros, que necesitan de su psicólogo para hablar, descargarse, desestresarse.
H.B: De hecho, el año pasado salió un artículo sobre la incidencia del burnout -síndrome del trabajador quemado-. Dice que los oncólogos son los que más lo sufren. Muchos oncólogos abandonan la especialidad.
P. ¿Y ustedes han llegado a algún punto de sus vidas en la que ha asomado la idea de: no puedo más?
H.B: Hombre, eso de ‘no puedo más’ siempre me viene, pero me gusta lo que hago. Es lo que más me gusta.
H.A: Pero, además, nuestra parte buena es cuando vemos a los pacientes que salen adelante. Una ventaja, por ejemplo, de vivir aquí es que podemos ver el resultado nuestros tratamientos. Lo vemos en la gente en la calle. Los ves pasear, los ves dando la vuelta al Hacho, lo ves saliendo. Eso me reconforta mucho, y creo que a mi compañero también. Dices: ‘Esto ha servido para que salga adelante’.
H.B: Nuestro premio es eso. Ver a esos pacientes que están en la calle. Haces un tratamiento, una estrategia terapéutica y tiene un éxito, y ves que impacta en un paciente. Y ves que ha pasado de estar encamado a volver a recuperar su actividad física. A resucitar. Hay momentos de ‘no puedo más’. Sobre todo, cuando éramos dos, cuando uno se iba y el otro se quedaba solo. Dices: ‘estoy sobrepasado’. Pero luego, cuando viene la estabilidad, vienen esos resultados, dices: ‘estoy haciendo lo que verdaderamente me gusta’.
P. Y aunque ya han relatado alguna, ¿historias que se quedaran en sus memorias?
H.B: Siempre cuento una, justamente del paciente que he visto hoy, que lleva del 2017 con cáncer con metástasis cerebral. Creo que yo acababa de incorporarme y el hombre estaba medio en coma. Al yo llegar descubrieron que tenía una mutación. Y dije yo: ¿ahora cómo va a tomar la pastilla, si no puede tragar porque está en coma? La doctora Bezares me dijo que le diéramos radioterapia, que empezaría a comer y se pondría muy bien. Yo tenía mis dudas. Pero, efectivamente, lo hicimos. Lo mandamos en una ambulancia medio comatoso, reaccionaba poco. Después de la radioterapia, afortunadamente, respondió, empezó a tomar sus pastillas. Hoy lo he visto en consulta haciendo una vida normal. Te lo prometo. Es impresionante. Nunca se me va a olvidar. Eso te reconforta. Fíjate que le dije a la familia que no llegaría a la próxima semana. Nunca se me olvida.
H.A: Yo tengo una que nunca olvido, pero no tiene un final feliz. Era un señor que tenía un tumor de próstata metastásico, y que había hecho todas las líneas de tratamiento habidas y por haber en ese momento. Yo estaba recién llegada aquí, a Ceuta. Lo vi hospitalizado, un señor que estaba encamado, ya, en una situación de últimos días. Pues ese señor se fue a casa con el equipo de soporte, que lo vigilaba, iba haciendo sus controles. Y el señor empezó a mejorar de repente. La mejoría le duró un año, pero empezó a mejorar, a mejorar, y casi un año después, apareció por la consulta andando. Un señor gordito, había cogido peso, venía con un bastón y andando. De hecho, yo pasé por delante y no lo reconocí. Pasé de largo, y él me llamó. No lo reconocí hasta que me dijo quién era.
Nosotros nos esforzamos, y es verdad que hay tratamientos que han mejorado la supervivencia de forma espectacular en Oncología, pero también es verdad que hay un grupo de pacientes que tienen una evolución atípica, no sabemos por qué. Hay pacientes que se salen de la media, y que tienen un curso diferente de la enfermedad. Y ahí está, uno de ellos es él. Pusimos todo el esfuerzo terapéutico sin conseguir controlar la enfermedad. Mejoró de forma espontánea, y al final murió, al año y medio, pero por un problema cardiovascular.
P. Si piensan en las personas que eran hace años, antes de iniciar la residencia en Oncología, y se miran ahora, ¿cómo creen que han evolucionado personalmente?
H.B: Sobre todo, aprendes a ser mejor persona. Te das cuenta de que en la vida un día estás aquí y al otro estás en el otro barrio. Con independencia de la edad. Aprendes, a ser buena persona, a ayudar a la gente, a hacer el bien. Y a disfrutar de la vida, de la familia, de lo más cercano que hay. Creo que es con lo que nos quedamos.
H.A: Y que somos caducos. Solo hace falta estar vivo, no hace falta tener ningún tumor ni nada. Aprendes valorarlo. Es como una bofetada continua. Cuando ves casos de gente joven, que se muere en tres meses. O gente que se acaba de jubilar y fallece justo después. Que la pobre está esperando toda su vida la jubilación y nada más hacerlo le sale el cáncer y se muere al año.
H.B: Lo que tienes que hacer es disfrutar de tu familia, disfrutar de tu tiempo libre, gestionar tu tiempo y ser buena persona, porque es lo único importante.
H.A: Aprendes a valorar realmente lo importante de la vida. Pones los pies en tierra continuamente. Todo lo que decimos muchas veces de forma utópica: tengo que ser buena persona, tengo que ayudar a los demás… Pero es verdad cuando ves casos, y nosotros mismos vemos gente de nuestra generación, te das cuenta.
H.B: Hay que ser oncólogo para darte cuenta de esto. Es muy importante saber disfrutar de tu tiempo, con tus seres queridos, e intentar hacer el bien, ser buena persona, no hacer el mal. Ya está, no hay más.
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