El médico que lucha contra el cáncer en la sangre: “Estamos haciendo una Medicina a dedo”

ENTREVISTA | Día Mundial Contra el Cáncer

El jefe de Hematología del HUCE, Rafael Aporta, observa desde su consulta los avances “acelerados” en el diagnóstico y el tratamiento de la leucemia o los linfomas

El jefe del servicio de Hematología del HUCE, Rafael Aporta, a las puertas de su consulta
El jefe del servicio de Hematología del HUCE, Rafael Aporta, a las puertas de su consulta | G.S.

“¿Sabéis qué es el cáncer?”, pregunta el hematólogo Rafael Aporta en un ascensor del Hospital Universitario de Ceuta (HUCE) que lo dirige al Hospital de Día, donde tienen su consulta, junto a la de los oncólogos. Es la introducción de una conversación en la que no necesitará de preguntas para relatar con detalle la naturaleza de la enfermedad a cuya curación está dedicado el 4 de febrero. Una vez en el interior de su despacho, sin despojarse de la bata blanca y tras la mampara que, por seguridad, separa al doctor de sus delicados pacientes durante su actividad clínica, el facultativo se funde en explicaciones que nadan entre lo técnico y lo divulgativo para tratar de hacer entender a quienes lo escuchan la biología que explica el cáncer. Lo hace acompañado siempre de dibujos que va creando sobre hojas en blanco, por medio de un sofisticado bolígrafo de tinta negra.

Sus ojos, de un marrón claro, pasean entre las hojas pintarrajeadas de células y dígitos químicos y las miradas atentas de quienes reciben su conocimiento. Entre medias, adorna su discurso científico con alguna expresión coloquial típica de sus orígenes, que se ubican en Vélez de Benaudalla (Granada). El doctor Aporta conjuga sus facetas de formado especialista médico y granadino campechano al hablar con la prensa, pero también con los compañeros del hospital que lo requieren por medio del busca. Y también con sus pacientes. Sigue sin acostumbrarse a tener sus vidas en sus manos a diario. Si lo hiciera, asegura, tendría que renunciar. Llegó a la Medicina impulsado por la curiosidad que brotaba en él de pequeño cuando nadie de su familia sabía explicarle los motivos del fallecimiento de sus antepasados. Y se decantó por la Hematología en la década -la de los noventa- en que se alzó como la especialidad médica “más demandada”, tras la leucemia y el entonces novedoso trasplante de Médula de Josep Carrera. Dio con una rama cuya complejidad -con parte clínica, quirúrgica y de laboratorio- satisfacía sus muchas inquietudes.

Observa con entusiasmo la “aceleración histórica” de la ciencia. Cada vez, los avances ocurren con más rapidez. Si piensa en su especialidad cuando era residente, se sorprende al recordar lo mucho que ha avanzado en cuanto a diagnóstico y tratamiento. Entre otras enfermedades, del cáncer hematológico. No se le olvida que, en sus inicios, sus compañeros consideraban que una leucemia estaba en remisión cuando el paciente presentaba menos de diez células por elevado a 11. Ahora, el paciente está curado con menos de 100 células. Lo que significa que, en unos años, han llegado a “controlar la enfermedad”. Los suyos tienen “la suerte” de que su material de trabajo es la sangre, que obtienen con un solo pinchazo. Y los hallazgos que logran en sus investigaciones son exportables a los tumores de otros ámbitos. Es lo que los hace “especiales”. Aunque no solo; también el mal llamado ‘banco de sangre’, que hace “que un hospital no pueda funcionar sin Hematología”.

El jefe del servicio en el HUCE no se ha arrepentido de su decisión, aunque alguna vez barajó dejarlo. Fue cuando seguía sin imaginar cómo era posible entrenarse para dedicarse a salvar la vida de personas enfermas. Hasta que acabó entendiendo que los años iban curtiéndole en experiencia, que “es un grado”. La experiencia conjugada con “el conocimiento”, que sigue actualizando cada semana, es la “ecuación perfecta”. Que termina de rematarse con el apoyo de su pareja, que, para su suerte, también es médica: “Así al menos tienes alguien con quien compartir. Porque esto es muy duro. Cuando al paciente que tienes enfrente le ocurre algo no puedes evadirte de la responsabilidad. El día que te dé igual, mejor que te dediques a otra cosa”.

El hematólogo Rafael Aporta, en el interior de su consulta, explica gráficamente cómo se produce el cáncer
El hematólogo Rafael Aporta, en el interior de su consulta, explica gráficamente cómo se produce el cáncer | G.S.

Pregunta. ¿Por qué Medicina?

Respuesta. Desde pequeño viví en la familia casos que me contaban de enfermedades de familiares cercanos. Mi abuela, un tío paterno… Que habían fallecido jóvenes, y que nadie me supo decir por qué habían muerto. Eso siempre me causó entre incertidumbre, curiosidad, ganas de conocer, y, sobre todo, de ver por qué ocurrían las cosas. Todo eso, más bien la inquietud que siempre he tenido y el amor a los libros, me llevó a empezar Medicina. Al principio, uno está más despistado que una chota en un garaje, porque no sabes aquello de va hasta que te vas enfocando y vas descubriendo que verdaderamente es lo que te gusta. Es lo que nos ocurre a la inmensa mayoría de los médicos de nuestra época, que esto que hacemos nos gusta. Se acaba convirtiendo en un vicio. Cada vez te sobrecargas más porque te gusta. Pero bueno, es algo con lo que tenemos que vivir, llevamos ya media vida, ya es lo que nos queda.

P. ¿Y por qué la hematología? Puede que sea una de las especialidades más desconocidas para la ciudadanía.

R. Pues probablemente. Hematología, por mi carácter. Me gusta hacer muchas cosas, y por aquel entonces, cuando yo empecé Hematología en los años noventa, era la especialidad más demandada, porque coincidió con que fue entonces cuando Josep Carrera tuvo una leucemia. Se fue a Estados Unidos para que le hiciera un trasplante, y claro, aquello era algo muy novedoso, era algún trasplante de médula. Se le iba a coger la médula y ponerle otra para curarle la enfermedad, para curar una leucemia, que era una enfermedad agresiva y muchas veces mortal. Aquello cambió, hizo un cambio de paradigma en lo que era la Medicina, y hubo mucha vocación en aquella época por la Hematología. Y también porque era una manera de englobar todo. La Hematología tiene una parte clínica, una parte diagnóstica, pero sobre todo tiene parte laboratorio, tiene parte quirúrgica. Porque el trasplante entonces se hacía en quirófano. Era una manera de abarcarlo todo, y a mí que me gusta hacer de todo, pues era la especialidad que más encajaba conmigo. Y creo que no me he equivocado.

P. ¿Cómo ha avanzado la Hematología desde que empezó a estudiarla?

R. Una barbaridad. Es otro mundo. Podemos hacer un paralelismo con lo que llamamos la curva de aceleración histórica. Cada vez los hechos ocurren con más velocidad. Lo mismo en la informática, hace nada nos estábamos intentando defender. Yo recuerdo haber hecho un curso en la Escuela Andaluza de Salud Pública hace muchos años sobre cómo defenderse de Internet, porque los pacientes se metían a Internet y venían diciendo lo que habían leído. Y ahora tenemos ChatGPT. Es decir, esto cada vez se va complicando más. Pues lo mismo ha ocurrido en Medicina, hay un fenómeno de aceleración. Un punto, por poner un ejemplo, que yo, entonces, entendía que era una barbaridad. Yo recuerdo que cuando empecé se decía que cuando había menos de diez células por elevado a 11, es decir, diez más 11 ceros al lado, la leucemia estaba en remisión. A mí aquello me pareció una barbaridad. Tiene 11 ceros de célula y decimos que ya está en remisión, es decir, que está curado. Eso no puede ser.

Pues ahora estamos llegando a diez elevado a dos, es decir, a cien células, a contar solo cien células. Y ya hay en publicaciones que dicen que con diez células. Es decir, hemos llegado de verdad a controlar la enfermedad. En cuanto a tratamiento específicos para las enfermedades tumorales, los linfomas, por ejemplo, o los mielomas. Antes teníamos la quimioterapia, que no es más que un matarratas, con perdón. Lo que hace es paralizar la multiplicación de células que se están replicando y que tienen muy alta su tasa de transferencia de ADN, es decir, están multiplicando su ADN. Pero claro, es que hay células, como en la piel, como en el tubo digestivo, como en la médula, que también están haciendo el mismo proceso, con lo cual se ven afectadas. Podemos pasar ahora a encontrar mecanismos moleculares o inmunológicos que determinan por qué esa célula se transforma y por qué no, e intentar lo que hacemos, por ejemplo, en la leucemia promielocítica.

Es una leucemia aguda, que es una emergencia, una enfermedad que en horas hay que empezar a tratar. Si no, no hay vuelta atrás. En una leucemia linfocítica lo que hacemos, que son células que se quedan en estado inmaduro, son células que han perdido el control, se quedan en estado inmaduro y no maduran. Pues con una sustancia, un derivado de la vitamina A, somos capaces de hacer que esta célula madure, se convierta en una célula normal. Eso es un mecanismo molecular. Ya no estamos destruyendo ADN, no, estamos huyendo de un mecanismo, y como ese hay otros miles, o sea, estamos haciendo ahora una Medicina a dedo. Si antes era ‘paciente con este tratamiento’, ahora no, ahora en función de qué tumor, qué mutaciones tenga y qué expresión tenga, el tratamiento puede ser distinto, aun siendo la misma tumoración. Hemos llegado a personalizar tratamiento.

En cuanto a pruebas diagnósticas, que es parte de nuestra especialidad, como es el laboratorio, hemos llegado a tal definición que antes hacíamos aproximaciones diagnósticas, y ya somos capaces con certeza de dar diagnóstico, de poner nombre y los dos apellidos para iniciar un tratamiento. Eso cambia radicalmente el pronóstico.

P. ¿Y eso es gracias a que se apuesta por la investigación en este tipo de patologías?

R. Siempre digo que los hematólogos no es que seamos los más listos, pero tenemos una suerte muy grande: que nuestro material de trabajo es la sangre, y la sangre la puede obtener con un pinchazo. Problema tienen, por ejemplo, los oncólogos, porque si quieren estudiar el bazo, tienen que coger una biopsia, o el hígado, o un pulmón, o el corazón, y eso es mucho más complicado. Nosotros tenemos la sangre, con lo cual podemos investigar con más muestras y con más eficiencia. Lo bueno que tiene es que la mayoría de nuestras investigaciones, de todos los hallazgos que podemos ir encontrando, los podemos trasladar al resto de tumores. Por eso, no es que seamos más listos, es que tenemos la muestra más cercana. En Medicina ocurre una cosa que cuando se entra de otro ámbito de la ciencia cuesta entenderlo. Habitualmente, alguien hace un descubrimiento y está deseando patentarlo, venderlo. Nosotros lo que estamos deseando apenas lo descubrimos es publicarlo y que la gente se entere. No buscamos prestigio nuestro, que, bueno, algunos ahora también, pero simplemente queremos darlo a conocer, que otro se beneficie también de ese conocimiento, porque a lo mejor estaba trabajando en un área muy cercana, y eso le va a ayudar. Esa unión del conocimiento, eso siempre es positivo.

Yo recuerdo con el COVID que, si antes podían aparecer dos o tres publicaciones al año sobre un tema concreto, en esa época aparecían 1.000 publicaciones por semana, y llegaron a haber casi 10.000 en un solo día. Aquello fue tremendo. Cuando se hace eficientemente, todo ese conocimiento ayuda, se retroalimenta. No es que un proyecto pueda tener un beneficio, sino que puede beneficiar a miles de proyectos, y eso hace que ese proceso que hablábamos antes de aceleración histórica ocurra en la ciencia. Cada vez las cosas ocurren con más frecuencia. Yo recuerdo cuando en el año 94 se hizo el primer tratamiento biológico. Estaba en primera plana en el telediario. “Aparecen las bombas biológicas”. Es un tratamiento que ahora usamos con mucha frecuencia, lo hemos usado durante muchos años, que era el Rituximab, que era un tratamiento específico contra un contra un tipo de linfoma. Se utiliza también en alguna leucemia, porque solo destruye la célula que tiene que destruir, no la otra. Es como si fuera un francotirador que va solo donde tiene que atacar. Pues desde eso que fue hace veinte años hasta que apareció el siguiente, pasaron casi diez años. Ahora hay, no voy a decir diez al día, pero cada mes aparecen cinco o seis tranquilamente.

Cada vez vamos acelerando más, y, sobre todo, la metodología, desde que en el año 2000 se describió toda la secuencia del ADN, el genoma humano. Me acuerdo que entonces estaba yo en Madrid, en el Hospital Niño Jesús, y me llamaban de la prensa para ver qué significaba ese cambio. Y yo le conté de la siguiente manera: esto es como aprender la música y ahora tenemos que ponerle la letra, que es lo más complicado. Todavía no le hemos puesto la letra, pero cada vez vamos más rápido, porque la metodología que tenemos cada vez es más fina. Antes, para detectar una sola mutación, aparte del coste, que entonces eran pesetas, que podíamos estar hablando de 500.000 pesetas, lo que viene a ser ahora 3.000 euros, para hacer una sola mutación. Ahora, el ‘primer’, que es el trozo de ADN que queremos detectar, lo mandamos a cualquier empresa china y nos lo manda por 11 euros. Podemos hacer una secuenciación del genoma completo de una persona por lo que antes costaba una sola mutación.

P. Antes habló de que su especialidad es muy completa, porque abarca clínica, quirúrgica, laboratorio. ¿En qué consiste ese trabajo del hematólogo?

R. Por ejemplo, lo que trato de enseñar a las nuevas promociones es que lo que nos hace distintos al resto de especialidades médicas es el llamado banco de sangre, que se debe llamar por ley Servicios de Transfusión. Pero el banco de sangre, como todo el mundo lo conoce, es verdaderamente nuestra razón de ser. La hematología nació de la fusión de análisis y anestesia, allá por los años cincuenta, sesenta. Luego ya se fue perfilando, porque entraron también por la parte clínica los internistas, pero fue la fusión centrada sobre todo en el en el banco de sangre. De hecho, nuestra especialidad es Hematología, Hemoterapia y Transfusión. Eso es lo que centra la especialidad, lo que hace distintivo, lo que hace que un hospital no pueda funcionar si no hay hematología. Hace años, trabajando yo en Ciudad Real, nos dieron una charla, y un jefe de ginecología, un amigo, nos decía ‘el título de Medicina y Cirugía legalmente te capacita para operar un tumor cerebral. Lo que no te permite es que el enfermo se muera’. Es decir, puedes tener capacidad para todo, pero mientras vayan las cosas bien. Pues esto ocurre con el banco de sangre. La mayoría de las veces se cruza la sangre, se transfunde y no ocurre nada, el problema es cuando hay un problema.

Se puede decir que esa parte da sentido a la especialidad, pero tenemos otros rasgos. Uno, por ejemplo, es el laboratorio. Lo que tiene que ver con las células y con la coagulación. Los problemas de sangrado, para evitar que nos desangremos. En el organismo tenemos muchos mecanismos, pero uno de ellos, el que hace que no nos desangremos es la coagulación. Siempre nos imaginamos, cuando alguien tiene un problema de coagulación, que se va a desangrar cortándose con el cuchillo jamonero, y no tiene por qué ser así.

Lo que hacemos en el laboratorio son analíticas. Nos mandan una muestra y nosotros vemos cómo está la hemoglobina, cómo está el glóbulo rojo, cómo está el glóbulo blanco, como está de plaquetas, como tiene la coagulación, si tiene un problema para sangrar, si no… Hacemos un diagnóstico. Somos lo que se llama Servicios Centrales, porque servimos de apoyo al resto del hospital y de centros de salud. Cualquier médico que necesita saber cómo está la coagulación de cualquier persona le pide una analítica, que es la que nosotros hacemos y le remitimos el resultado.

P. ¿Y cuál es la parte quirúrgica de la Hematología?

R. La parte quirúrgica ya está más reducida. En los años noventa, todo paciente que se iba a someter a un trasplante se llevaba a quirófano para extraer la medula ósea. Y ha quedado restringido a la parte de biopsia de médula ósea. Esa es la parte marginal. Y luego nos queda la parte médica, la parte clínica, que sería casi el 50 por ciento de la actividad. Tratamos anemia, poliglobulia, trombocitemia, trombopenia, plaquetopenia, leucopenia... Vemos enfermedades que tienen que ver con la sangre, que a veces no son las células, son tipo de alteraciones más específicas, tanto enzimática, como bioquímica, como de sustancia, que provocan desajuste en muchos de los elementos de la sangre, que al final pueden repercutir en otras cosas, como por ejemplo el hierro.

P. ¿Cuáles son los principales tipos de cáncer que ve en la consulta?

R. Los que tienen que ver con la sangre. Las leucemias, que hay de todo tipo. Leucemias agudas puede haber, de glóbulos rojos, de glóbulos blancos, de plaquetas. Y dentro de los glóbulos blancos, de todo tipo de leucocitos. Tipos de leucemia aguda hay cientos. Eso sería una parte importante. Quizás la menos numerosa, porque, por población, podemos tener unas cuatro o cinco leucemias agudas al año. Por número, tenemos los linfomas, que quizás sea la patología oncológica más numerosa. En torno a 15 o 20 al año de todos los tipos. Tenemos otras más, no más raras, pero menos frecuentes, como es el mieloma. El mieloma es un típico, sería un linfoma, pero de una célula ya muy madura. Cuanto más inmaduro, más aguda la leucemia. En el mieloma son las más maduras. Podemos tener en torno a uno o dos al año. Luego hay tumores más raros, pero no hay una regularidad de una o dos al año, sino que hasta puede haber cuatro años sin ninguna. Y hasta ahora no vemos hematología infantil, por muchas circunstancias. En los niños, las leucemias son una de las patologías tumorales más frecuentes. Viene a ser entre un diez y un 15 por ciento de todos los tumores.

P. ¿Y por qué aquí, en Ceuta, no tienen hematología infantil?

R. Porque somos solo dos hematólogos, y bastante tenemos con el laboratorio, con el banco de sangre, con la clínica, con el hospital de día, con la consulta externa.

P. ¿Necesitarían más especialistas?

R. Hombre, eso sería lo ideal, podríamos hacer bastantes más cosas de las que se hacen, eso es como todo, siempre se puede mejorar.

P. ¿Y en cuanto a los factores de riesgo?

R. Algo que me decían mucho los pacientes en la pandemia es: ‘Entonces ya no puedo tomar verduras, porque tiene mucha vitamina K’. Porque nosotros intentamos reducir la vitamina K. Yo siempre decía: ‘Claro que puedes tomar verduras. Lo que no puedes hacer es un día comer tres kilos de habichuelas y al día siguiente no tomar nada, o tomar cuatro lechugas, y otro día ya nada. Lo que hay que hacer es una dieta equilibrada’. Eso es extensible a todo, una dieta equilibrada es lo mejor, pero para esto, para el cáncer y para cualquier cosa. Luego, hábitos de vida saludable. Hacer ejercicio, controlar el peso, tener cuidado con el alcohol, con el tabaco, con otras sustancias nocivas, controlar la tensión, la diabetes…

Por ejemplo, cuando se resuelve a alguien con un linfoma de Hodgkin le digo: ‘ya lo tiene que vigilar su médico por los factores de riesgo cardiovasculares. Y se quedan como: ‘¿Este hombre qué dice? Pero si yo tengo un cáncer’. Sí, pero el riesgo cardiovascular es lo que más problemas nos pueden dar a largo plazo, más que el propio tumor cuando está resuelto. Son elementos que está demostrado que sirven para prevenir. Si tuviéramos alguna fórmula para bloquear el cáncer, para que no lo tuviéramos, no haría falta. Pero como no lo tenemos, debemos ir buscando llegar en las mejores condiciones. Porque cuando se llega en las mejores condiciones se tiene muchas más posibilidades de seguir adelante. En todas las guías internacionales se dice que lo más importante es cómo es el estado de salud del paciente antes de la enfermedad.

Entonces, esos estilos de vida, ese cuidarse, hacer ejercicio, todo eso beneficia. No tanto ya en prevención, porque no está demostrado, pero sí en tener un estado de salud óptimo que nos va a ayudar, si acaso algún día tenemos que enfrentarnos a un cáncer.

P. ¿No está demostrado que el cáncer hematológico se pueda prevenir con una vida saludable?

R. Hay factores de riesgo que sí están demostrados. Hay sustancias que están relacionadas directamente. Pero son tóxicos, es decir, no son habitualmente sustancias que encontremos en la calle. De eso sí nos tenemos que defender, ellos sabemos que efectivamente con eso vamos a tener un tumor. Nos tenemos que proteger. Pero no es, por ejemplo, como la piel, que sabemos que si nos quemamos tres veces tenemos diez veces más posibilidad de tener un tumor que si no nos hemos quemado. O con el alcohol, por ejemplo. En nuestro caso, personas que tienen una inmunodeficiencia tienen más posibilidad de tener un linfoma. Las personas que tienen una enfermedad autoinmune las tenemos que vigilar más estrechamente, porque sabemos que tienen más predisposición. Pero esos son grupos ya muy concretos, pero no en cuanto a sustancias que podamos encontrar en la calle que no sean tóxicas.

Es decir, no hay una relación tan lineal, como en algún otro grupo. Todos los factores de vida saludable que decíamos nos previenen de muchas cosas. Lo que no tenemos es una tabla donde aparezca el porcentaje que previene cada cosa. Pero sí sabemos que, incluso aunque no fuera para prevención, el llegar a la enfermedad un estado bueno da muchas papeletas para vencer la patología. En la leucemia aguda, por ejemplo, la clave es poner un tratamiento intensivo, y en una persona que no esté cien por cien, vamos a tener problemas. De hecho, lo primero que se distingue a la hora de tratar una leucemia aguda es si es candidato a tratamiento intensivo o no. ¿Qué quiere decir tratamiento intensivo? Intención de curar. Lo otro es paños calientes, pero intención de curar tiene el tratamiento intensivo. Y para eso hay que estar en una situación lo más buena posible para pasarla con éxito.

P. ¿Y en cuanto a la supervivencia en las patologías que ve en la consulta?

R. Depende. Hay linfomas, por ejemplo, yo recuerdo cuando empecé en los años ochenta a estudiar medicina que en uno de nuestros libros de cabecera aparecía el capítulo del linfoma, y decía: ‘grupo heterogéneo de tumores’. Y es cierto, son muchos tumores que tienen que ver con un elemento, que es la célula que lo produce, que es el linfocito. Pero dentro del linfocito, por ejemplo, en un ganglio linfático. Hay miles de tipos de linfomas, depende la zona donde se genere el tumor el linfoma es distinto. Y cada uno tiene su expectativa. Si hablamos del linfoma en conjunto, la curación estará en torno al 80 por ciento. Luego hay unos que son más del 90 y otros que no llegan al 40.

En el mieloma es distinto porque suele darse en personas mayores, con más comorbilidades, más problemas de salud. Pero también se usan tratamientos tratamientos biológicos, ya no es quimio convencional, y ha permitido pasar de tasas de curación 20 y el 30 por ciento a llegar al 60 o más del 70%. En otras leucemias agudas también ocurre lo mismo. Pero el tratamiento en una leucemia aguda es personalizado, depende de la mutación a que se tema, se rige un camino u otro y un tratamiento u otro. Si la persona permite que podamos emplear todas las armas que tenemos, las tasas de curación son altísimas.

P. ¿Cómo se acostumbra uno a que su trabajo consiste en tener la salud de la gente en sus manos?

R. Yo siempre digo que el día que me acostumbre, probablemente, me tendré que ir. No te acostumbras. Es algo que te llevas a tu casa, que quieras o no, le das vueltas, lo hablas. Si tienes la suerte, como me pasa a mí, de que tu pareja también sea médica, por lo menos tienes a alguien con quien compartir. Pero esto es muy duro, hay gente que lo pasa mal. Yo recuerdo que cuando empecé la especialidad estuve a punto de dejarlo. Y me decían: ‘Esto se entrena’. Y me preguntaba yo: ‘¿Cómo se entrena?’.  Uno se entrena cuando sabe que al que está enfrente no le ocurre nada. Cuando al paciente que tienes enfrente le ocurre algo no puedes evadirte esa responsabilidad, y el día que te dé igual, pienso que es mejor dedicarse a otra cosa. El día que no te preocupes, que no le des mil vueltas en tu casa, que no revises la historia 500 veces, que no mires, que no busques, es mejor no dedicarse a esto. Es mi opinión.

P. ¿Cómo cree que ha cambiado, evolucionado, Rafael Aporta como persona desde que empezó en la Medicina?

R. Los años te dan más poso, más tranquilidad, más calma, más sosiego, aunque sigo manteniendo cosas que podrían verse como defectos, pero creo que no lo son. Soy muy intolerante con la pasividad, con quien no pone esfuerzo, con quien no pone todo su empeño, sobre todo cuando tratamos de estas cosas. O con quien ve esto como un trabajo y punto. En eso creo que en eso no he cambiado, y espero no cambiar. Quizás más moderado, más tranquilo, y luego, mucha más experiencia. La experiencia es un grado. El conocimiento hay que tenerlo siempre, hay que estudiar. Tú no puedes estar una semana sin mirar algo. Eso es una ruina para ti y para el paciente. Pero esa experiencia que te dan los años, el poder recordar casos similares, te da mucha ventaja. Y eso, gracias a dios, cuanto más tiempo, más edad, más experiencia tenemos. Y si lo conjugamos bien con el conocimiento, es la ecuación perfecta.

También te puede interesar

Lo último

stats