Concentración Cuatro Culturas
Unos 15.000 ceutíes, unidos en el clamor por la convivencia
Concentración Cuatro Culturas
Unos ondeaban banderas de España y de Ceuta, otros lloraban, muchos cantaban. Algunos lo hacían todo a la vez mientras sonaba el himno de la ciudad autónoma en la Plaza de la Constitución. Ceutíes de todas las barriadas y credos se han unido este domingo en un mismo canto. Al margen de las consignas políticas (que sonó alguna que otra, en especial contra los líderes socialistas), los participantes en la concentración convocada por las Cuatro Culturas se han movilizado por la “convivencia”, para recordar que este territorio “es España” y que “no se vende, se defiende”. Unas 15.000 personas, según los organizadores, acudieron a la llamada de los representantes de las principales confesiones religiosas. La multitud que guardó un minuto de silencio por las víctimas de la crisis, al término del acto oficial, comenzó a marchar de manera espontánea hacia la Plaza de los Reyes, donde recordaron que el apoyo caballa al delegado del Gobierno, Miguel Ángel Pérez Triano, brilla por su ausencia.
“Ceuta está al límite con la nueva ‘normalidad”, rezaba uno de los pocos carteles que se adivinaban entre la marea de personas que colmaron las inmediaciones de la Constitución. Desde Gran Vía hasta la estatua de Calipso pasando por el puente del Hércules hasta el Mercado Central. La Policía Nacional se encargó de asegurar el pacifismo del acto, alejando de la zona a los migrantes que veía rondando. Muchos de los asistentes a la concentración gritaron por la “devolución” de los, según el Gobierno local, entre 8.000 y 11.000 extranjeros que permanecen en la ciudad irregularmente. También los llamaron “invasores”. Y pidieron la cabeza del presidente del Gobierno y su ministro del Interior. Aunque el blanco principal de los dardos fue el secretario general del PSOE ceutí. En especial, cuando se colocaron frente a su casa política llamándolo “cobarde”. Pero antes de eso, hablaron las Cuatro Culturas.
Los primeros en llegar lo hicieron con media hora, o más, de antelación. La cita, concertada a las 20:00h, llevaba días difundiéndose en redes sociales y entre los medios de comunicación. Hasta Juan Vivas llamó a todos los ceutíes a participar. El presidente de Ceuta no faltó. Tampoco su equipo de Gobierno. Ni representantes de Ceuta Ya!, el PSOE y el MDyC. Todos, con la excepción de Vox. Un baño de masas se dio el líder del Ejecutivo. “¡Presidente, presidente!”, exclamaban cuando su alcalde desde 2001 se subió al escenario ubicado bajo el puente, frente a las letras decorativas con el nombre de la ciudad. Allí se encontraban ya los portavoces de las Cuatro Culturas, e invitaron al popular a unirse a ellos, aunque solo fuera por unos minutos. Así fue.
Sonreía tímidamente mientras recibía el apoyo de los allí presentes. “No estás solo”, le decían a coro. No quiso robar a los convocantes el protagonismo que hoy merecían, y descendió para volver a su sitio. Frente al escenario, con todos sus consejeros y compañeros de partido. Los representantes de las confesiones portaban un cartel enorme que rezaba: “Cuatro culturas, un solo corazón. Ceuta, ejemplo de convivencia y unión”. El portavoz del comité organizador fue el presidente de la Comunidad Hindú, Ramesh Chandiramani. Antes de proceder a leer un manifiesto, pidió silencio a la masa. Guardaron un minuto en recuerdo de las víctimas de la tragedia vivida. Por lo pronto, 83 personas que han perdido la vida en la avalancha que cruzó a Ceuta el pasado y por siempre señalado 30 de julio.
Las Cuatro Culturas quieren ser “parte de la solución”. También la Federación de Asociaciones de Vecinos, que se sumó a la convocatoria de la concentración. Todos ellos se congregaron “para expresar públicamente aquello que nos une por encima de cualquier diferencia de credo, cultura, procedencia o tradición. Ceuta es España”. En el manifiesto reconocieron que Ceuta vive “una situación extraordinariamente crítica” tras sufrir “una violación de la integridad territorial”.
Desde un acto que calificaron de “cívico y pacífico”, los representantes de las cuatro confesiones religiosas que conviven en Ceuta apelaron “al Gobierno de España, a las instituciones europeas y al conjunto de las administraciones públicas para que atiendan con urgencia la realidad que vive nuestra ciudad”. Dejaron claro que su llamada “no nace del rechazo a nadie, sino de la responsabilidad hacia todos”.
Pidieron “medios suficientes, recursos humanos y materiales, una atención prioritaria a nuestras fronteras y una respuesta estable que garantice la seguridad, la asistencia humanitaria, la protección de los servicios públicos y el bienestar de todos los ceutíes”. Ante todo, como han recordado insistentemente, pretenden defender la “convivencia”. Lo cual significa “proteger la dignidad de las personas, garantizar la seguridad de la población, preservar la cohesión social y evitar que la falta de recursos genere tensión, miedo o enfrentamiento”.
“Ceuta no puede afrontar sola una situación que supera ampliamente sus capacidades y que afecta al conjunto de España y de Europa”, leía Chandiramani mientras recibía los aplausos de los miles de congregados casi al término de cada frase.Los representantes religiosos expresaron que sus tradiciones espirituales enseñan “el valor de la paz, de la fraternidad, de la solidaridad, de la justicia y de la ayuda al prójimo”. Son esos los valores que, según pidieron, deben guiarles “en estos momentos difíciles” más allá de sus diferencias.
Quisieron “trasladar un mensaje de esperanza”. Recordaron que “Ceuta ha superado a lo largo de su historia momentos muy duros” gracias a “la fortaleza de su gente, a la solidaridad entre vecinos y a una convivencia que debemos cuidar todos los días”. Y así esperan que la sociedad caballa vuelva a salir de esta crisis.
“Sabemos que las dificultades son grandes. Sabemos que existe preocupación en muchos hogares y que el futuro puede parecer incierto. Pero también sabemos que esta ciudad posee una fuerza extraordinaria: la fuerza de un pueblo que permanece unido”, dijeron. El manifiesto concluyó con una solicitud de “responsabilidad, compromiso y respuestas” a las autoridades, de “solidaridad” a la sociedad española y de “serenidad, confianza y unidad” a “todos los ceutíes”. “Hoy alzamos una sola voz para decir que Ceuta no se rinde, que Ceuta no se divide y que Ceuta no pierde la esperanza. ¡Viva la convivencia! ¡Viva Ceuta! ¡Viva nuestra bandera! ¡Viva España!”.
El tono se endureció en la segunda parte de la movilización ciudadana. Al término del acto oficial, los miles de participantes comenzaron a marchar, de manera improvisada, Paseo del Revellín arriba. Fueron ondeando banderas y gritando soflamas. Y no dejaron de hacerlo durante el tiempo que permanecieron en el lugar de destino. La Plaza de los Reyes, durante más de media hora. Se colocaron frente a la sede de la Delegación del Gobierno, donde parece que los esperaban. Dos furgones y dos coches de la Policía Nacional, además de varios agentes antidisturbios custodiaban el edificio del Estado. Una cinta policial impedía ir más allá de la fuente de la plaza. Aún así, a medida que iban llegando las miles de personas, se hacían un hueco en a lo largo y ancho del espacio para gritar a Miguel Ángel Pérez Triano.
Pidieron su dimisión, pero no solo. Lo llamaron “cobarde”. Le exigieron que “dé la cara”. Lo acusaron de “tirano” y de haber “vendido a sus hermanos”. “¡Sal de tu despacho!”, le vociferaron insistentemente. El delegado adelantó horas antes a un periódico local que no asistiría a la concentración para centrarse en la gestión de la crisis. El mismo argumento usado para justificar su ausencia durante la ofrenda de flores de la Virgen de África, que también le costó más de una crítica. “Delegado, vergüenza caballa”, le decían. Y criticaban a sus compañeros de partido, Sánchez y Marlaska. Al presidente de España le reprocharon que se encuentre de vacaciones. “Sánchez, escucha, Ceuta está en la lucha”, exclamaron.
Los allí presentes tenían la esperanza de que Triano diera la cara. Pensaban que saldría a la puerta o que se asomaría por el balcón. No ocurrió. La decepción fue desinflando poco a poco una protesta espontánea que logró, al menos, uno de sus dos objetivos. No vieron al delegado, pero le recordaron que Ceuta, o una parte de ella, no lo quiere.
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