Los alumnos del Centro de Buceo Burbujas llevan su ofrenda floral a la Virgen del Pineo
Virgen del Carmen
Fieles a la tradición que lleva teniendo lugar desde 1957, los niños y niñas ceutíes acudieron a visitar la imagen sumergida de la Virgen del Carmen en la Piedra del Pineo en su día, para pedir protección por todos aquellos cuya vida gira, como casi todo en Ceuta, en torno al mar
El 16 de julio no es una fecha más para la ciudad de Ceuta. De hecho, entre sus días grandes, tampoco es uno más. Se trata, por supuesto, de la fiesta dedicada a la Virgen del Carmen, patrona de los marineros que salvaguarda y protege la estrecha relación entre el mar y los ceutíes. Sin embargo, su importancia radica con mayor intensidad en una de sus tradiciones más arraigadas y sentimentales: la ofrenda submarina a la Virgen del Pineo.
La imagen, conocida así por encontrarse situada en la famosa Piedra del Pineo, frente a la playa de la Almadraba, simboliza más allá de fe y religión la perenne devoción de Ceuta por el océano, sus playas y aguas, y por la indudable influencia que tienen en las vidas de sus ciudadanos desde tiempos inmemoriales. Una tradición, eso sí, que se remonta al año 1957, cuando se sumergió por primera vez la talla de la Virgen del Carmen, atrayendo desde entonces cada año a pescadores, marineros y fundamentalmente buzos que acuden a rendirle homenaje y a pedirle su favor.
“Esta tradición tiene muchas cosas entrañables”, comienza relatando Javier Galán, instructor y gerente del Centro de Buceo Burbujas, antes de coger las embarcaciones que le llevarán a él junto a una decena de alumnos hasta el enclave de la imagen. “Una de ellas es que no se ha vuelto a sacar, a diferencia de otras imágenes que hay por aquí, por la Costa del Sol, que sí se sacan todos los años y luego se vuelven a sumergir”, presume el experimentado buzo, que ha querido aprovechar la ocasión para llevar a una decena de sus pupilos a protagonizar el descenso con flores y ofrendas a la Virgen por primera vez.
“Otra de esas peculiaridades es que el año 57, el día elegido para hundir la imagen fue el 5 de agosto, coincidiendo con el día de la patrona de Ceuta, y desde entonces se hizo un día grande y se sumergió” añade Galán, sonriente y entusiasmado mientras dirige el barco a través del foso a mar abierto, explicando por qué sigue siendo especial para él esta tradición pese a visitar asiduamente la zona como atracción turística: “El día de la Virgen del Carmen es especial para todos los que pertenecemos de una forma u otra al mar. Además, este fue un lugar que estaba muy unido al sector pesquero. La parte pesquera estaba ahí, en la zona de Almadraba”.
Al caer en día laboral, la mañana es el momento perfecto para que los niños protagonicen las ofrendas, como llevan haciendo más de una década gracias a la escuela, sabiendo que los adultos acudirán por la tarde a hacer lo propio. Entre ellos, la mezcla de excitación y nerviosismo es evidente, incluso entre los más “veteranos” que llevan ya años bajando a ver a la Virgen. Algo habitual para ellos, de todos modos, porque suelen realizar prácticas en esa zona, pero no por ello menos emocionante en un día tan señalado.
“Tenemos mucha ilusión porque nunca hemos venido, la verdad, y mola venir para vivir el ambiente”, admite Julia mientras conversa con su compañero Pepe: “Lo más complicado es compensar dentro del agua, normalmente te duele mucho el oído, entonces para mí es difícil porque hay ocasiones en que no podemos compensar”. Mientras, para Carla, la parte más divertida de la experiencia comienza “cuando ya estás sumergido”, pudiendo disfrutar de los peces y del fondo marino.
Todos, en general, lleven el tiempo que lleven buceando, recomiendan encarecidamente probar esa experiencia. Entre ellos Paco, que cuenta 17 años y 8 de ellos como buceador, y que vive esta fecha con auténtica devoción: “Es un día es muy importante para nosotros porque, al fin y al cabo, la Virgen nos representa durante todos los días del año. Es ella la que digamos que nos protege de todo lo que nos pueda pasar cuando buceamos. Bajarle flores es muy bonito porque ella está siempre para nosotros. El deseo que le pediría este año, y hasta que volvamos el año que viene, es que nos diera mucha suerte en el trabajo de mi padre y esas cosas, la verdad”.
Conforme las embarcaciones de la escuela de buceo llegan a la Piedra del Pineo, y mientras los chicos se preparan para la inmersión, al menos una treintena de barcos y lanchas, incluidos los de la Policía y la Guardia Civil del Grupo Especial de Actividades Subacuáticas, se acercan a observar, animar y participar. De hecho, algunos de sus navegantes aprovechan la ocasión para pedir a los niños que lleven, de su parte, algún ramo más a la Virgen.
Así, poco a poco, los niños y sus instructores se sumergen hasta llegar a la talla religiosa. Pese a las cristalinas aguas turquesas que les reciben, pronto el ajetreo submarino levantará suficiente arena del lecho como para entorpecer la visibilidad, e incluso algunos niños acabarán teniendo problemas técnicos con su equipamiento. Sin embargo, nada puede empañar una ocasión tan señalada y celebrada. Una vez realizada la ofrenda, disfrutan del último baño del día antes de recoger, sabiendo que regresarán a tierra firme bajo el amparo protector de la Virgen del Carmen hasta el año siguiente.