Aroma cofrade y estudiantil: Las Penas reina en el Jueves Santo
La Hermandad Agustiniana completó su salida procesional arropada por una buena cantidad de fieles durante gran parte de su recorrido por el centro
El 21 de abril del pasado año, Lunes de Pascua, el mundo se levantaba con la noticia de la muerte del Papa Francisco. Jesuíta, el primer Pontífice americano de la historia era sustituido, días después y tras el preceptivo cónclave, por un hombre que parece lejano de su carisma, pero perteneciente a una orden igualmente señera: el agustino Robert Prevost, León XIV para la eternidad.
Superior de la Orden de San Agustín durante muchos años, ha visitado varios lugares a lo largo de su trayectoria anterior a la elección como vicario de Cristo. Uno de ellos, un antiguo colegio en una ciudad española del Norte de África. Era en 2007, y quizá en aquella visita al ‘padre Robert’ le pusieron al tanto de muchas cosas. Tal vez que ese colegio está íntimamente vinculado a una de las expresiones de fe más populares en la ciudad que impresionó al entonces superior agustino y hoy obispo de Roma.
Porque como bien se apuntaba ayer en la calle, ni el Colegio se entiende sin Las Penas ni Las Penas sin el colegio.
No sabemos si estas líneas llegarán al agustino más célebre, posiblemente, desde el propio santo argelino. Pero Las Penas es cofradía que reina en la tarde del Jueves Santo en las calles del centro de Ceuta. Son generaciones enteras de cofrades, formados o no en el Colegio San Agustín, completando una vibrante salida cada año en la parte trasera de la Iglesia -ironía del destino hablando de los últimos cambios en Roma- de San Francisco.
Las Penas es aroma a Jueves Santo, representación de un hombre malherido y consciente, seguro, de su trágico destino y que lo aguardaba con resignación. Como dice el nombre del titular, con Humildad y Paciencia. Un Cristo ensangrentado, un cuerpo ajado y moribundo tras recibir centenares de latigazos y humillaciones, de burlas y vejaciones, en las horas posteriores a la Santa Cena que, precisamente, tuvo lugar en la noche del Jueves Santo, en la noche de la tarde en la que se produce cada año la salida procesional de la citada cofradía.Una cofradía que recuerda, en sus orígenes, a esa Ceuta de pequeños comercios y artesanos locales que pertenece cada vez más al recuerdo que al presente. Porque fue en unos años durísimos, los de la posguerra, cuando en la sastrería de Elena Trellisó comienzan a tener lugar las conversaciones que luego derivaron en la aprobación de las primeras reglas de la hermandad. Fueron los cofrades de la Expiración los que dieron a la Dolorosa de San Francisco la advocación de María Santísima de las Penas. El Cristo de la Expiración y la Virgen de las Penas llegan a salir juntos en 1945, hasta que terminando esa década sale la primera procesión propiamente dicha de la Fervorosa y Agustiniana.
Casi noventa años, pues, de altos y bajos, de grandes y malos momentos como en todas las cofradías. Pero casi un siglo de niños que entre lecciones y recreos, soñaban con ser costaleros, como ocurrió en aquella década de los 60 en la que un grupo de estudiantes del citado colegio se ofreció voluntario para llevar en sus espaldas las imágenes de la Cofradía. . Prácticamente una centuria mezclándose estas imágenes con el olor de los azahares y naranjos del Revellín, fundiéndose con la Casa de los Dragones o el Edificio Trujillo (este si que ya está a punto de cumplir los cien años desde su inauguración) para dejar estampas bellísimas a los ojos del espectador. Noventa años, en la práctica, de una salida que estremece por la trasera de San Francisco para alcanzar Beatriz de Silva entre los aplausos del personal. Una Cofradía que desde hace unos años parece tener cantera, con la procesión del Paso de los Niños que ha resultado convertirse, ya, en todo un clásico en las fechas previas a nuestra Semana Santa.
Las Penas, pues, se estrenó en este Papado agustiniano con la brillantez de siempre. De casta cofrade y sueños de niños.