Ceuta honra a sus difuntos y prepara su Mochila más difícil

TRADICIONES

Los alrededores del Cementerio de Santa Catalina y el propio Camposanto, un auténtico hervidero en las vísperas de una celebración del Día de Todos los Santos y de la propia Mochila muy especial

Varias personas miran las flores en uno de los viveros
Varias personas miran las flores en uno de los viveros | Nicol's
Juanjo Coronado
31 oct 2026 - 20:11

Aquella maldición china, “ojalá vengan tiempos interesantes y tengas que vivirlos”, se ha cebado en demasía en los últimos años en nuestra ciudad. Y es que este año, cuando se acercan determinadas fechas señaladas, la amarga sensación de pérdida de la rutina vuelve a cada uno de los ceutíes. Hace un lustro, fue el extraño virus surgido en un rincón desconocido, precisamente, del gigante asiático. Este año una invasión que, como aquella pandemia, nos obligó a modificar nuestras vidas y a recuperar del baul de los recuerdos términos como nueva normalidad.

El caso es que no hay nada mejor que una tradición para ponernos ante el espejo de lo que somos, lo que fuimos y lo que aspiramos a ser. Si en aquel año 2020 los tapabocas eran parte habitual de nuestro paisaje, aún en fechas señaladas, en este 2026 una invasión (o entrada masiva: pónganle ustedes el nombre que quieran) nos ha vuelto a poner a prueba. Pero a tenor de lo visto en la mañana de este sábado tanto en el Cementerio como en los aledaños, hay cuestiones que no se pierden. Quizá no tengan explicación en lo racional, pero la vida sería tremendamente aburrida si todo pudiera tener un significado explicado desde el punto de vista del empirismo más purista, de la ciencia. A veces, en nuestra existencia, dos y dos no son cuatro.

Vista general de la entrada del  cementerio
Vista general de la entrada del cementerio | Nicol's

Un ramo de flores, una ropa cómoda y, en algunos casos, una balleta y un poco de amoníaco para limpiar una lápida. Es el reencuentro con los que ya no estan. Tampoco volverán, y lo más seguro es que el año que viene volvamos con la fuerza renovada para encontrarnos con nuestros ancestros. Aquellos de los que nos acordamos en la intimidad, los mismos a los que tenemos presente en cada momento de nuestras vidas. Esa comida, aquella canción, un día en el calendario; aquellas pequeñas cosas que hacen que lloremos cuando nadie nos ve.... Pese a la invasión, Ceuta se prepara para el Día de los Difuntos. Y este año con una sensación amarga. Si en 2020 y 2021 era imposible no tener presentes a las víctimas de la pandemia; si en 2024 nos helaba el alma una catastrófica DANA, en esta ocasión es el recuerdo de unos trenes que se pararon llevándose por delante más de cien vidas lo que acongoja y quiebra el alma. Con Urda vuelve el dolor de Adamuz, mientras todo un país sigue preguntándose hasta cuando.

Y todo, el año en que Ceuta dejó de ser lo que era. Volveremos a serlo: muy probablemente. Cuando: es una incógnita. Pero lo que está claro es que, un año más, Ceuta se aferra a lo divino para entender lo humano.

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