Ceuta se reinventa, una vez más, con la Mochila en el casco urbano
Las actuaciones, alguna de ellas contratadas para las suspendidas Fiestas Patronales, animaron bastante el ambiente en el Día de la Mochila más atípico desde la pandemia
Antonio Álvarez 'Bizcocho' escribió una página dorada en la historia del carnaval de Cádiz el pasado mes de febrero. Al frente de su chirigota, 'Shhhh', logró conseguir el primer premio en la modalidad, algo sin duda meritorio pero que entra directamente en los anales al tratarse de una agrupación que no solo no era de la Tacita de Plata, sino de un pueblo de Sevilla, San José de la Rinconada. Que venía una agrupación puntera -no solo por este año, conste- se notaba en el ambiente. Era llamativo ver como estos chirigoteros esperaban el momento de salir a escena comiendo castañas, nueces y frutos secos. "En Ceuta, en noviembre, al aire libre y con calor", nos decía el autor de los saeteros.
El caso es que en Ceuta "cerramos ya el tipo de saeteros. Nos queda algún compromiso, pero más íntimo, es otra movida", comentaba el hispalense a El Pueblo de Ceuta antes de comenzar la actuación aplazada desde el pasado 8 de agosto. Esa noche, estaba previsto que las Fiestas en honor de Santa María de África junto a 'Los Compay', una chirigota que es un 'caramelito' para los oidos, y la antología de uno de los grandes por definición del carnaval de Cádiz, como es la de Antonio Martín García. Pero en vez de la presentación de 'Caleta' o la Rumba de la Luna, el 8 de agosto lo que sonaban en Ceuta eran los ecos de muchas manifestaciones pidiendo, simplemente, seguir siendo lo que eramos veinte días antes.
De ello es consciente el chirigotero sevillano, que se dirige al público "para cerar un año bonito para nosotros, pero difícil para vosotros. Esperemos disfrutar un buen ratito". Aquello de que el fin del mundo nos pille cantando, que cantaba Sabina. De cara al próximo año "ya hay ideas, parte del repertorio. Lo afrontamos sin presión, sin obsesionarnos con el primer premio, pero con ganas de agradar", confiesa minutos antes de salir a escena a El Pueblo de Ceuta.
La chirigota hispalense se mete al público en el bolsillo. No solo por su repertorio, sino por demás improvisaciones entre copla y copla. "Ceuta, este año hemos cantado en todos sitios y nos hemos llevado más regalos que la novia de Ábalos", dice Álvarez, "pero queríamos acabar en un lugar especial. Y cual más especial que este, que encima hemos tenido que aplazar dos veces la actuación para hacerlo", confiesa. El público rompe en aplausos, antes de entregarse a los saeteros.
Fuera, la cosa se divide en varias carpas y pabellones. Desde una sección de cine con Shrek para los más pequeños hasta colas maratonianas en los hinchables, carreras de bicicletas, algún partido de fútbol... Y si hablamos de Ceuta un uno de noviembre, no puede faltar la mochila. Aquella que, dice la copla, no se comen el gallo ni la gallina sino la bariga. "Ni en el Hacho ni en García Aldave; en la Marina" podríamos actualizar la letra de la vieja cantinela. Y es que donde habitualmente hay partidillos de baloncesto o fútbol sala, este domingo nos encontrábamos mesas y mesas que parecían traídas directamente de algún merendero. "Pues igual hay que patentar esto para el año que viene: no descartes venirnos aquí para los restos", nos dice uno de los asistentes. Otra nos señala que esto no es mala idea, pero que no es lo mismo que el barro, las pistas de tierra y llegar a casa con los niños manchados de tanto contacto con la naturaleza.
Sin embargo, el día ha comenzado antes. En el campo, donde todo empezó. Al lugar donde los ceutíes iban a presentar sus respetos a los fallecidos, cargados con la mochila de castañas ante la falta de medios de transporte. De ahí la fiesta. Es el cementerio de Santa Catalina.Ahí reposan nuestros familiares, nuestros amigos; hombres y mujeres que construyeron la historia de una ciudad que, este uno de noviembre, vuelve a reinventarse. Queda mucha jornada por delante en la Marina, pero Ceuta es, de nuevo, una ciudad que se aferra a la tradición como seña de identidad, como esperanza de supervivencia. Que sea por muchos años, pues.