El cilindro y las corrientes de agua que pueden cambiar la energía

CIENCIA

Un estudio teoriza sobre la posibilidad de aprovechar la energía generada por el choque entre corrientes como las que tenemos en Ceuta y el Estrecho a través de cilindros

Imagen del experimento
Imagen del experimento | CEDIDA
Juanjo Coronado
01 mar 2026 - 17:55

Puede que el mar esté como un plato y que no haya ni una brizna de viento. Imaginemos, incluso, que estamos en esos días de agosto en los que daríamos cualquier cosa porque se levantase un poquito de brisa. Imaginemos que son las cinco de la tarde, con un sol de justicia y venimos sudando a chorros. En ese momento, nos paramos a la sombra frente al antiguo Centro Gallego. Si nos detenemos en la esquina inferior del baluarte de la bandera, verán ustedes como las corrientes marinas chocan. “No hay viento, ¿cómo es posible?”, se habrán preguntado en más de una ocasión. Es en ese punto concreto donde chocan el Mediterráneo y el Atlántico, generando una pequeña pero imbatible corriente.

Pero ¿sería posible aprovechar esa energía en beneficio de una mayor producción, por ejemplo, eléctrica?. No les vamos a hablar de la energía mareomotriz, ni de como aprovechar el rebufo energético del agua o el viento. En este último sentido, un ejemplo: próxima a comenzar la temporada de Fórmula 1, prácticamente todos los equipos tienen uno o varios ingenieros dedicados, en exclusiva a calcular cuanto aire se pierde en una curva y como reaprovecharlo.

Sin embargo, siempre hay mentes inquietas. Como la de Francisco Huera: profesor en la Universitat Rovira i Virgili (Tarragona), que desde hace años trabaja junto a su equipo de investigadores -generalmente, doctorandos- en un cilindro para aprovechar la energía.

“En mi laboratorio llevamos veinte años trabajando en mecánica de fluidos. Miramos como interactúan los fluidos con estructuras flexibles: desde ingeniería oceánica, estrctura marinas, energía renovables. Incluso la fuerza de los peces al nadar. Una de ellas es la generación de energía de las corrientes, de viento o de agua. Cuando se coloca un cuerpo romo, un cilindro, se generan una serie de fuerzas alternativas que producen una vibración en el cuerpo que se ha colocado en la corriente, en este caso un cilindro pendular. Tras el péndulo se generan unos remolinos, unas fuerzas y estas oscilaciones en el cilindro pendular. Y hemos estudiado las capacidades de extracción de energía de este péndulo”, dice. Las primeras pruebas, a pequeña escala señalan que este cilindro podría recoger un 10 o 15% de la energía generada por la corriente. “Pero estamos ahora experimentando con varios cilindros. Varios cilindros superpuestos, muchos juntos en la mejor configuración posible para que las interferencias fueran cosntructivas. Un cilindro aislado puede generar ‘equis’ energía, pero si se colocan juntos podrían subir un cierto porcentajes. Los del flujo libre llegarían al primer nivel. Los de la estela de delante pueden tener actitud constructiva o destructiva, y aumentar el potencial” a la hora de recoger energía.

Esto “es una alternativa a tecnologías que tienen un rotor que gira. Lo que tenemos es un sistema que oscila, vibra. Capacidad de energía es menor, y más barato”.

Y aquí es donde pueden entrar zonas como el Estrecho de Gibraltar o, más concretamente, Ceuta. “La aplicación necesita de corrientes marinas sostenidos. Cauces de ríos profundos, zonas donde haya corrientes importantes, por zonas mareomotrices. En este tipo de zonas, con esas corrientes que hay en el Estrecho sería perfecto”.

Se trata de un proyecto “piloto, probado en laboratorio, y del que aún no hay conclusiones definitivas”. Quien sabe si, quizá, algún día la luz que consumimos en nuestros hogares pueda venir de fenómenos como el que refleja -solo es la punta del iceberg- la esquina inferior del histórico Baluarte de la Bandera.

Un sistema alternativo al de hélices y rotores que giran

Una de las cuestiones que quiere destacar el profesor Huera es que el sistema es completamente alternativo al de rotores y hélices giratorias. Nos cuesta trabajo a los no iniciados imaginarlos bajo mar, pero piensen, por ejemplo, en una serie de cilindros en vez de los conocidos molinos de viento. Con esto además, y en teoría, se podría resolver uno de los principales problemas de las hélices submarinas: los daños a especies de peces causados posiblemente por hélices. Algo en lo que Huera, de momento, prefiere ser prudente: “no hemos llegado a ese punto aún, pero dentro de la zona de agua en la que se coloque, solo está el cilindro”, explica el profesor Huera, que ha trabajado en universidades extranjeras a lo largo de su vida.

El trabajo tiene una vigencia temporal de tres años y medio

¿En cuanto tiempo se realiza un estudio de la dificultad científica que, sin duda, entraña este del que le estamos hablando?. La respuesta es mucho más breve de lo que se puede esperar, insistimos, siendo no iniciados en la materia.

“Esto resulta de un proyecto con financiación ministerial, que acaba en seis meses. Llevamos dos años y medio. Lo hemos prorrogado unos meses, porque los resultados son muy buenos. Yo llevo trabajando 24 años den esto. El proyecto ha permitido financiar todos los experimentos”.

Ahora, lo que corresponde, es seguir buscando la financiación, ya que hasta el momento no se han hecho prototipos a escala real. “Estamos trabajando tanto en el tunel del viento como en la escala de agua, pero a pequeño nivel. Lógicamente, podemos calcular las proporciones a escala real, pero eso: calcular. Todavía no hemos -insiste- construido un prototipo que permita probar este cilindro en un escenario realista”, para ver si sería o no posible generar electricidad desde ahí.

España: un país pionero desde hace años en la cuestión

Aunque la introducción del cilindro, y no de la hélice, sea la gran aportación del equipo liderado por Huera Huarte, lo cierto es que la generación de electricidad por técnicas mareomotrices no son precisamente nuevas en España.

En 2011 se inauguraba la central de Mutriku (Guipúzcoa), la primera de dirección unimotriz en España y la más grande de Europa. Su funcionamiento consiste en que cuando una ola llega a la cámara, el nivel de la lámina de agua de su interior asciende comprimiendo el aire que se expulsa por una pequeña apertura superior. Ese aire, que sale a gran velocidad, mueve la turbina que está acoplada al generador eléctrico. A mayor potencia de las olas, por tanto, mayor energía se genera por parte de la central. De hecho, una rápida consulta por internet nos lleva a conclusiones interesantes, como un flujo medio de energía de 18 kilowatios por minuto en invierno, bajando a 4’8 en verano y subiendo a 8’8 en las temporadas de transición. Se construyó en vertical, en vez de en talud, lo que ha permitido ahorrar espacio. De hecho, la ocupación no es muy elevada si se la compara con lo que produce: cien metros en un dique del puerto guipozcoano, sin que este se vea afectado en su funcionamiento.

También te puede interesar

Lo último

stats