El Día del Abuelo une a voluntarios, familiares, profesionales y residentes en una jornada inolvidable en Cruz Blanca
TERCERA EDAD
Los ancianos y residentes del centro han estado muy bien acompañados en una jornada matinal repleta de actividades orientadas a recordarles su importancia para la sociedad
Ceuta/ Los residentes de la Casa Familiar Nuestra Señora de los Ángeles - Hermanos Franciscanos De Cruz Blanca, en la barriada de El Sardinero, han podido disfrutar este viernes, siendo ellos además los protagonistas absolutos, de una jornada de integración en la que han participado voluntarios, los profesionales de la residencia e incluso familiares para rendirles homenaje y disfrutar de tiempo de calidad juntos realizando todo tipo de actividades.
Todo un evento enmarcado en el contexto de la VI Jornada Mundial de los Abuelos y de los Ancianos, que se celebra el cuarto domingo de julio este año, el día 26, coincidiendo con San Joaquín y Santa Ana, pero que en Cruz Blanca han decidido adelantar para aprovechar la visita de los voluntarios de la Parroquia San Juan Pablo II de Granada y hacer la experiencia aún más memorable.
Así lo cuenta Lourdes Celadero Rodríguez, trabajadora social y coordinadora en el centro, que ha explicado el tipo de actividades programadas para la jornada: “Queremos aprovechar el momento para que tengan una fiesta de verano. Hay actividades de agua, hemos hecho un mural en el que todos van a poder dejar plasmadas sus manos con pintura, tanto trabajadores como voluntarios y residentes, y bueno, hemos hecho una especie de yincana por toda la casa, y luego pondremos un picoteo para que disfruten de la fiesta por la mañana”.
A su vez, Lourdes confirma que la fiesta se limitará a la jornada matinal porque “muchos se acuestan después de comer”, y a partir de ahí el centro cierra sus puertas. Mientras tanto, los ancianos van y vienen por sus instalaciones, muchos haciendo cola para el mural, la actividad que más éxito ha tenido: “Es lo que más está gustando porque es algo que no habíamos hecho nunca. Queremos que cada uno pueda poner su huella porque es algo que vamos a dejar luego ahí plasmado, que todos pongan su granito de arena y que todo el mundo se sienta familia. La idea con el mural es dejarlo permanente”.
“Ahora mismo lo hemos puesto en una zona un poquito más baja para que las personas en silla de ruedas también puedan poner su mano y luego lo colgaremos, seguramente en el patio” apunta Lourdes, que sigue enumerando las actividades programadas: “Tenemos sesiones de música que van eligiendo ellos, y también las actividades con agua, como juegos de pesca o con pistolas para disparar”.
“Los residentes, con cualquier fiesta, y más si vienen sus familiares, son los más felices. Les encanta poder disfrutar tanto con los voluntarios como con cualquier persona que venga” confiesa la coordinadora de Cruz Blanca, haciendo hincapié en el mensaje que pretenden transmitir con su trabajo: “Queremos recordarles la importancia que tienen, que no piensen que son abuelos y ya está. No, son personas que tienen mucho que contar”.
Una tarea para la que han contado con la colaboración de los jóvenes voluntarios de la Parroquia San Juan Pablo II de Granada, estudiantes de 2º de Bachillerato de varios colegios de la capital nazarí y sus alrededores coordinados como parte del campamento “betabara” (casa del cruce/de paso en hebreo) por Juan Jesús Ruiz.
“Aquí lo que hacemos por la mañana es, en pequeños grupos de 4 o 5 personas, ir a distintos centros como el economato de Cáritas a repartir comida junto a la ONG Luna Blanca, a acompañar a los mayores y a los usuarios de la residencia Cruz Blanca a la playa, y también a los niños de la Fundación Cruz Blanca. Por las tardes, además, hacemos otras actividades de formación. Más que de la ayuda que podamos dar, se trata de la ayuda que nos dan a nosotros para entender su realidad”, destaca Juan Jesús.
“Es el tercer año que venimos”, relata el voluntario mientras explica por qué decidieron venir a Ceuta a colaborar: “Nosotros llevábamos tiempo haciendo un campo de trabajo en Almería, en Níjar, en la zona de los invernaderos. Allí hay mucha inmigración que llega a trabajar y nos contaban que muchos de ellos habían entrado por Ceuta. Ese fue el primer paso a ser conscientes de la realidad que tenemos cerca. Después ya fue como dar un paso más, cruzando el Estrecho hacia una realidad un poquito más lejana de la nuestra, con las peculiaridades de Ceuta como ciudad de paso migratorio pese a seguir siendo España”.