El Trampolín, a Delegación
Emilio lleva las chozas del Trampolín “a la puerta del delegado”
El Trampolín, a Delegación
Emilio Muñoz lleva un mes y medio “sin poder dormir tranquilo”. Su casa tiene vistas a la explanada del Guano, donde el Gobierno instaló baños, duchas y una carpa para el uso de los migrantes que viven acampados en la playa del Trampolín desde la entrada masiva del 30 de julio. La arena ocupada ahora por cientos de chozas y de mercadillos improvisados solía ser su arena. El mar donde alguno que otro aprovecha para hacer sus necesidades era el mar donde solía bañarse. “Es una locura, es horroroso. No tengo palabras para describir lo que es aquello”, resume el vecino del Trampolín, quien, en mitad de un desvelo nocturno, fruto de los gritos en las reyertas, tuvo una idea. La de llevar su realidad y la de sus vecinos “a la puerta del delegado, para que vea la verdad”.
El sol pegaba directo en la plaza de los Reyes en torno a las 11:00h de este martes. “Una sombrilla es lo que nos hace falta”, soltó Emilio mientras se acomodaba en una silla de plástico colocada en mitad del espacio público. El asiento le permite que las horas pasen con más comodidad. La alternativa es tumbarse en el interior de la tienda de campaña que instaló anoche como parte de una “performance” reivindicativa. La iniciativa arrancó durante la “acampada” ciudadana organizada para ver la entrevista de Pablo Motos a Juan Vivas en directo a través de una pantalla gigante instalada allí por cortesía de varios empresarios de la ciudad. Al acabar el programa, Muñoz instaló su carpa en el centro de la plaza, donde continúa a esta hora. Y de donde no se moverá hasta que Ceuta recupere su normalidad.
En la mañana de este martes, Los Reyes seguía decorada con dos tiendas y una enorme pancarta colgada de la antigua puerta del Hospital Militar. Una con forma de sobre con sello. Es decir, lacrado. En mitad, un mensaje: “Hay una carta para ti”. Pocas dudas caben sobre el destinatario de la carta. El ceutí que ha saltado a la parrilla mediática nacional por afirmar que los avisos del CNI van, precisamente, “en sobre lacrado”, y no en un chat de WhatsApp. Miguel Ángel Pérez Triano es también el receptor de la idea que quiere lanzar Emilio Muñoz con su protesta en clave de humor.
Sobre las tiendas han colocado cañas con hojas verdes, como las que comenzaron a usar, semanas atrás, los inmigrantes de países subsaharianos para construir las primeras chozas del Trampolín. Hoy en día, la playa está completamente cubierta por chabolas colocadas con los mismos materiales. Los asentamientos se han extendido ya hasta el extremo más cercano de Playa Benítez, separada de la otra por la Planta Desalinizadora. La Ciudad ha pedido el desalojo de la arena, pero llevan ya más de un mes con total impunidad. Emilio Muñoz no ha visto a ninguno de los altos cargos del Gobierno personarse por la zona para comprobar en primera persona la gravedad de la situación. Es por eso que ha decidido llevarles las chabolas a su puerta. “A ver si el delegado y los ministros que pasan por aquí para ir a Delegación nos ven. Porque por el Trampolín no ha pasado absolutamente nadie”, lamenta.
Después de que a Emilio Muñoz se le ocurriera que debían “hacer algo” para evitar que se cronifique y normalice la situación que sufre la ciudad, y en especial la zona de Benítez y el Trampolín, decidió plantear la “performance” a sus conocidos. Decidieron que la tarde y noche de este lunes era perfecta. Un grupo de empresarios de la ciudad decidieron unirse para instalar una pantalla gigante en la Plaza de los Reyes para que todos los ceutíes que quisieran pudieran ver juntos la intervención de su presidente en El Hormiguero. Acudieron centenares, con sus butacas y banderas de España. Además, acudieron Muñoz y los suyos para dar comienzo al espectáculo.
Si él llevó tiendas de campañas, otros de sus conocidos montaron mercadillos. AL estilo de los que los migrantes del Trampolín colocan en la arena para vender botes de champú medio llenos, barras de pan, zapatos y demás artículos que les donan o logran comprar en los supermercados con el fin de su reventa. Una señora vendió galletas, otra, tabaco. Uno de los puestos tenía sobre su manta pasaportes de España y carteles donde anunciaban la venta de “sushi de delfín” (en referencia a la cría muerta que pasearon por la playa a modo de trofeo) o “paté de oca” (recordando la oca que un migrante trató de inmovilizar y llevarse para su consumo). Otro colega simuló los puestos de barbería que también habilitan los recién llegados para ganarse unos euros.
La performance completa duró hasta que el deber obligó a los artistas a regresar a sus hogares. A todos menos a Emilio Muñoz, que se quedó con dos tiendas de campaña que siguen colocadas en el mismo sitio. Asegura que durante la mañana de hoy se le han acercado varias personas para preguntarle: “¿Puedo unirme?”. Su respuesta siempre es afirmativa: “¡Por supuesto! Eso es lo que queremos”. También ha disfrutado de la visita de señoras que le han prometido llevarle dulces por la tarde. Y, claro, no ha faltado la presencia policial. Pero no para pedirle que se vaya de la plaza pública, sino para preguntarle si quiere café o agua. “Yo me voy a quedar aquí. Vendrán compañeros e iremos turnándonos. Pero aquí vamos a seguir. Ahora mismo solo hay dos, mañana espero que haya cuatro, pasado que haya ocho y el viernes la plaza entera”, expresa.
El apoyo de la ciudadanía y de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, asegura, es generalizado. “Todo es agradecimiento. El depósito de lágrimas lo tengo ya vacío, porque viene la gente y nos dice que nos va a traer comida, charlan con nosotros”, admite. Tiene claro que, con apoyo multitudinario o sin él, continuará en la plaza “hasta que veamos algo positivo, un paso para adelante”. “Hasta ahora, te levantas y no hay una noticia buena. Todo es negativo. De momento, aquí nos quedamos. A ver si los ministros que vengan nos ven”.
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