De entrenar la mente de Djokovic a Ceuta para compartir sus claves para el bienestar

Salud Mental

El extenista Pepe Imaz tuvo que colapsar en su afán por ser un campeón para descubrir que “el alimento del ser es el amor”, como relata en su nuevo libro, que presentó este jueves en la Biblioteca Pública

El extenista y entrenador emocional Pepe Imaz durante la presentación de su libro en la biblioteca pública
El extenista y entrenador emocional Pepe Imaz durante la presentación de su libro en la biblioteca pública | Reduan Dris

A los 17 años, el riojano Pepe Imaz ya comenzaba a hacerse un hueco en el mundo del tenis profesional español. A los 18, se hundió en una profunda depresión, de las que inducen a las personas el “deseo de no seguir con vida”. Avergonzado, trató de salir del hueco en silencio, gracias a los libros, cuyos conocimientos le insuflaron algo de aliento, aunque persistía el “sufrimiento”. Al cumplir 23, cuando el nombre del tenista se encontraba entre los 100 mejores del mundo, lo dejó todo “para dedicarse a la mente”. Desde entonces ejerce de “entrenador emocional” para personas del mundo del deporte, el cine, la política, la música o las grandes empresas. Novak Djokovic ha sido uno de los aprendices de un psicólogo sin título que no cree que enseñe nada. Imaz reduce su labor a compartir sus vivencias y descubrimientos personales. Las que ha plasmado en su libro ‘El arte de entrenar tu mente’, que lo ha vuelto a traer a Ceuta, donde este jueves, en la Biblioteca Pública Adolfo Suárez, ha protagonizado un “acto” de presentación de su obra y de sus claves para el bienestar.

El riojano residente en Marbella se dirigió a la biblioteca pública en la tarde de este jueves caminando por el paseo del Revellín y la calle Real. Mientras transitaba por las avenidas peatonales le sorprendió “la vida” que veía en “la cantidad de gente” que, como él, paseaba. No es su primera vez en la ciudad, que le transmite “vida, alegría, querer vivir”. Unos minutos antes de compartir con el público ceutí que acudió a escucharle atendió a El Pueblo de Ceuta. Lo hizo con atuendo de lino, media melena y un bronceado que contrasta con el blanco de una sonrisa que parece perenne en su rostro. Una que se le resistió durante una temporada en la que su obsesión por ganar le nubló todo lo demás.

“Querer ser muy bueno me llevó a colapsar, a explotar, a no quererme, a despreciarme. Y debido a eso, a ese sufrimiento, llegó ese camino de qué importante es tratarme bien, con amor, con cariño y respeto”, relató Imaz, cuyos descubrimientos lleva más de 30 años compartiendo a otros. El que fuera una de las jóvenes promesas del tenis en su generación, ganando varios campeonatos nacionales, es ahora famoso por su faceta como "coach" mental y emocional.

El amor

El riojano cambió el deporte por la salud mental cuando, tras años inmerso en lecturas de libros sobre psicología, se atrevió a acudir a profesionales. Aquello le ayudó a “tomar consciencia” de quién era él. Una pregunta con la que comenzó su intervención este jueves en Ceuta. “¿Qué eres?”, preguntó sentado en una silla situada frente a la mesa de la sala de usos múltiples de la biblioteca, a pocos metros de la primera fila del público. Pronunció la cuestión tras varios segundos en silencio, provocando expresiones de extrañeza entre los allí presentes. Y, después de pedirles que eran libres de decir o hacer lo que sintieran, volvió a interrogar: “¿Qué es para ti la vida?, ¿qué buscas con ella?, ¿qué uso le das?”.

Nadie respondió. Aquellas preguntas le sirvieron para resumir su historia de vida. Una de las claves para conocerse a sí mismo, 30 años atrás, fue toparse con un ejemplo. Lo invitaron a imaginar dos cuerpos humanos, tumbados uno junto al otro; uno de ellos de una persona viva, el otro de una persona muerta. Se preguntó qué diferencia al uno del otro, aparte de que uno respira y se mueve y el otro no: “Hay una energía, un espíritu, un ser dentro del cuerpo que tiene vida y no en el que no la tiene”. “Soy más que un cuerpo físico”, quiso convencerse entonces, y reflexionó: “El cuerpo necesita comer y beber; si no, morirá. Si come caramelos y bebe ginebra va a malvivir unos años. Y si come saludablemente va a vivir décadas. Pero la parte del ser también necesita ser alimentada. No le valen los plátanos ni el agua”.

El coach emocional Pepe Imaz en declaraciones a El Pueblo antes de presentar su libro en la biblioteca pública
El coach emocional Pepe Imaz en declaraciones a El Pueblo antes de presentar su libro en la biblioteca pública | Reduan Dris

La clave de la transformación de Imaz fue entender cuál es el alimento del ser: “el amor”. “El amor le hace sentir vivo. Para mí eso fue un descubrimiento. Entendí que lo que yo buscaba era amor a través del tenis. Cuando ganaba venía la gente y me decía ‘que bueno eres’. Buscaba atención y respeto, pero después entendí que hay dos tipos de respeto: el falso y el verdadero. El amor es el verdadero. El amor es respetar, aceptar, comprender, acompañar, dar cariño. Cuando uno tiene amor le es fácil escuchar y respetar. Cuando uno tiene ego no, es lo que mata el amor”, expuso.

Amor es uno de los dos conceptos que dan nombre a uno de sus grandes proyectos, uno en el que colabora también el hermano de su excliente más conocido: Marko Djokovic. El proyecto ‘Amor y paz’ consiste en actos sobre la manera en que Imaz ve la vida y su conocimiento sobre crecimiento personal.

El respeto

Para Pepe Imaz, el amor es inseparable del respeto; y el respeto lo es del amor. Si el respeto es de verdad, para el extenista significa que el amor está por medio. En el libro que este jueves presentó en Ceuta, el coach emocional comparte “la importancia que tiene tratarse bien a uno mismo”. “Normalmente, lo que hacemos es juzgarnos, criticarnos, exigirnos, y pocas veces nos acompañamos, nos hablamos con cariño, con respeto, con comprensión”, opinó en declaraciones a este periódico. A Imaz le ayudó “mucho”, hasta el punto de motivarle a “continuar en vida”, entender que debía amarse a sí mismo en la forma de “respeto, cariño y comprensión”.

Uno de sus trucos diarios consiste en despertarse y, antes de levantarse de la cama, cerrar los ojos “unos minutitos” y plantearse lo siguiente: “Ser consciente de quién soy, de ese ser humano, y que durante el día me voy a tratar bien, con ese amor, ese cariño, ese respeto, sabiendo que voy a cometer errores. Agradecer ese ser humano que soy a día de hoy, con carencias y virtudes”.

De su experiencia trabajando con deportistas y otros profesionales (como actores o cantantes) ha aprendido que uno de los retos más difíciles de afrontar es controlar la “euforia” de las buenas rachas; aprender a estar “en armonía” cuando se tiene éxito. “Pero cuando te tratas como ser humano, con ese amor, ese cariño y ese respeto, ya no necesitas ganar para ser feliz y eufórico, sino que necesitas simplemente estar bien por tratarte como eres, un ser humano”, relató. Para Imaz, ningún apellido resuena más que otro. En cada rostro ve, por igual, “un ser humano”: “Djokovic es un ser humano que juega muy bien al tenis, pero su esencia es un ser humano, como tú, como yo, como todos. Somos seres humanos lo primero. Es como si le preguntas a una planta: ¿el agua que necesitas es la misma para ti que para el árbol?”.

Al igual que cuando mira a la gente solo ve personas, sin más aderezos, cuando vive la vida solo piensa en lo que ven sus ojos, y no en lo que vendrá. “Para mí, el futuro no existe. No pienso en él. Es algo que se comparte en el libro. El futuro es una trampa para aislarte del presente, para robarte el presente, y en el presente está la vida”, reflexionó al ser preguntado sobre sus próximos proyectos. Aunque reconoció aspirar a una “cierta dirección”: “que es continuar trabajando en mí, porque empecé hace 33 años y sigo limpiando carencias”.

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