¿Estaría usted dispuesto a pagar más por el agua que consume?
Día del agua
El 49% de los entrevistados en una encuesta aceptaría, en determinadas circunstancias, que se introdujese un incremento moderado a su factura
¿Estaría usted dispuesto a pagar más por el agua que consume? Aunque resulte insólito, existe un elevado porcentaje de españoles que estarían dispuestos a hacerlo. Así aparece reflejado en el artículo “Agua en las ciudades: evidencia sobre tarifas y disposición al pago de los ciudadanos españoles”, publicado por Sofía Tirado Sarti, investigadora en el programa “Energía y clima” del Real Instituto Elcano.
El trabajo de Tirado Sarti somete a estudio la percepción social del precio el agua. Su análisis establece, sobre una encuesta practicada entre 1.400 residentes en distintas comunidades autónomas, que en torno al 49% de los entrevistados aceptaría un incremento moderado de su factura siempre y cuando se dieran algunas condiciones. Entre ellas, que el suministro estuviese garantìzado, que las infraestructuras fuera mejoradas o que se promoviera un uso sostenible del agua.
Quienes darían su visto bueno a un aumento de los precios estarían dispuestos a pagar una media de 9,4 euros adicionales sobre una factura tipo de 30 euros. El estudio concluye que hay un margen social para introducir incrementos moderados de las tarifas, aunque esto solo sería aceptado si se ofrece transparencia, se comunica el destino de los fondos y se da el principio de confianza institucional.
Las principales razones por las que las personas estarían dispuestas a pagar más por el servicio de agua serían garantizar el abastecimiento y el acceso universal al recurso (35%), fomentar un uso eficiente y sostenible del agua (30%) e invertir en infraestructuras y evitar pérdidas (29%). En cambio, motivaciones como la calidad del agua (18%) y la conciencia social o solidaridad (8%) tienen un menor peso relativo.
“La renta del hogar también resulta relevante. Los hogares situados en los tramos medio y alto presentan una probabilidad de aceptación entre 12 y 15 puntos porcentuales superior a la de los hogares de menor renta. Estos efectos son comparables a los asociados a la percepción del precio. Considerar que el agua es barata incrementa dicha probabilidad en alrededor de 12 puntos porcentuales, mientras que percibirla como cara la reduce en una magnitud similar”, constata el informe.
Precios en España, precios en Ceuta
El análisis de Tirado Sarti explica que, pese a todas las presiones que tensionan el servicio público del agua, las tarifas en España son relativamente bajas en relación con la media europea. Las presiones de las que habla la investigadora pueden identificarse con los desafíos del cambio climático, el envejecimiento de las infraestructuras, el incremento de la demanda urbana, y las exigencias regulatorias.
Según los datos manejados por el estudio, el precio medio del agua en España ronda los 2,23 euros por metro cúbico, en torno a un 43% por debajo de la media de la UE. Aunque existe una gran disparidad territorial. Para niveles de consumo comparables, las diferencias entre comunidades autónomas pueden alcanzar hasta el 200%, intensificándose a escala local hasta el 300%. El estudio establece que para un hogar medio con un consumo anual de 150 metros cúbicos la factura puede oscilar desde menos de 150 euros anuales hasta más de 500.
La investigadora de Elcano se remite al informe publicado a finales del pasado año por la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) sobre el precio del agua en España. La entidad analizó las tarifas de agua en 54 ciudades españolas, incluidas todas las capitales de provincia más Ceuta, Melilla, Vigo y Gijón, tomando como referencia un consumo doméstico anual de 150 metros cúbicos.
Según este estudio, Ceuta se situaría en el puesto 23 de entre las 54 ciudades estudiadas, con una factura anual media de 298 euros, lo que sitúa al municipio en una posición intermedia en el contexto del país. Podría decirse que la ciudad registra los precios más altos entre todas aquellas con las tarifas más baratas y las más baratas de entre las que suministran el agua más cara.
Las divergencias en los precios según los territorios a las que se refiere Tirado Sarti aparecen constatadas en el informe de la OCU. Los 298 euros del coste anual correspondientes a Ceuta se reducen a 148 en el caso de Orense –donde se registra el menor precio de entre las 54 ciudades estudiadas- pero se elevan hasta los 516 en el caso de Barcelona, el municipio con las tarifas más caras.
El informe de la OCU también estudia los costes fijos del recibo, que en el caso de Ceuta resultan relativamente elevados. De este modo, existe un coste fijo que se continúa abonando aun cuando el consumo sea bajo.
Una de las consecuencias de la presencia en las facturas de los distintos municipios de costes fijos elevados –alcantarillado, depuración, alquiler o mantenimiento del contador, impuestos o cánones- es la reducción del incentivo al ahorro.
Criterios técnicos vs. criterios políticos
Las diferencias de precio entre territorios, según sostiene el informe de la investigadora del Real Instituto Elcano, no se explican solo por factores como la geografía o la orografía, los costes del suministro o los modelos de gestión. A juicio de la autora, estas divergencias en las tarifas responden en gran medida a condiciones institucionales y políticas. Tirado Sarti señala la elevada descentralización en la fijación de las tarifas, que es una competencia municipal regulada por ordenanzas locales. A ello une la ausencia de un organismo regulador nacional encargado de armonizar las metodologías de tarificación. Esta situación da lugar a diseños tarifarios muy heterogéneos.
La investigadora advierte de que esta fragmentación del servicio redunda en que, en contextos como los de los pequeños municipios con menor capacidad administrativa, la influencia de los criterios políticos puede imponerse a consideraciones de carácter económico o ambiental. Por ejemplo, la autora explica que en algunos municipios las decisiones sobre el precio del agua están influenciadas por el ciclo electoral, de modo que el agua sube en menor medida en los años inmediatamente previos a las elecciones municipales.