SEMANA SANTA
La imagen más antigua y el fervor de costumbre
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Veintisiete años antes de ser proclamado emperador de Roma, Constancio Cloro tuvo un hijo, Constantino, con una camarera o concubina nacida en la actual Turquía. El hijo de ambos llegó a ser emperador, y ella fue quien convenció a su hijo no solo de que no persiguiese al cristianismo, sino que lo amparase como religión oficial del Imperio. Aquella mujer, que no fue reconocida como esposa de Constancio por ser de clase inferior (una concubina) tenía sueños y visiones. Tras una de ellas, acudió a Jerusalén, y en un lugar exacto mandó excavar hasta encontrar la cruz y los clavos originales de Cristo. El lugar es el actual Santo Sepulcro, ella es venerada como Santa Elena y el hallazgo recordado como la cruz de verdad: la Vera Cruz.
Con este nombre, procesionan al año muchas imágenes en toda España. No son pocas las localidades que llevan ese nombre. Pero en el caso de Ceuta no solo el hecho que origina la advocación, la imagen del Cristo también es especial.
Porque es la imagen más antigua de cuantas procesionan en la Semana Santa de Ceuta. Es del gótico tardío, y son siglos de historia -hay apuestas y discusiones sobre ello- procesionando junto a la Virgen del Desamparo en una recreación de la escena descrita en el poema “Stabat Mater” (Estaba la madre), de origen franciscano. Es, por tanto, pieza muy especial de la Semana Mayor de nuestra ciudad.
Es la cofradía de los funcionarios municipales. Fueron ellos quienes la fundaron en 1931, y hasta no hace mucho era imprescindible pertenecer al cuerpo municipal para ser hermano de esta Cofradía. El Veracruz ostenta, además, el patronazgo de los funcionarios municipales.
Y es una imagen que ha procesionado en distintos momentos de la Semana Santa de Ceuta. Esta imagen que ha procesionado acompañada de la Banda de Cornetas y Tambores ‘Sagardo Corazón de Jesús’ de Marchena (Sevilla), lo hizo durante años compartiendo ‘Madrugá’ con el Descendimiento. Pero se trasladó a la tarde del Lunes Santo, momento en el que ha encontrado su hueco particular, como así lo atestiguan cientos de personas esperando a que se abran las puertas de la Iglesia de África.
Tras abrirse, minutos de silencio, de tensión contenida. Manolo Creo y su gente saben hacerlo, se han visto en no se sabe cuantas como estas, pero en cuestiones de confianza, tan malo es el exceso como la falta. No pecan de ninguna de las dos cosas y tras una complicada maniobra, el Veracruz ya está en la calle. Luciendo un crespón negro, por cierto, en recuerdo de Juanjo Martínez, veterano costalero del Veracruz fallecido recientemente a los 48 años.
Una Cofradía de 95 años de historia, y de historias familiares anexas a ellas. Por ejemplo, la del aún superintendente de la Policía Local, Sebastián Vega, que por última vez acompaña al Veracruz. “Será mi última salida con ellos, iré acompañado de dos de mis nietos, los pequeños, uno de nazareno y la otra de monaguillo. Me han acompañado en otras dos salidas procesionales”, recordaba con cierta emoción, señalando que la Policía Local tiene la condicion de hermano honorífico de la Cofradía. Y en representación de la Asamblea, el consejero de Presidencia y Gobernación, Alberto Gaitán.
Mientras la Plaza de África se rinde al Veracruz, la procesión del Medinaceli bordea el templo de la Patrona y entra por el Paseo de las Palmeras en Carrera Oficial. Ambas cofradías representan lo mismo, pero de manera diferente. Pasión, muerte y resurrección de un hombre cuya cruz verdadera, dicen, se repartió en tres lugares: Roma, Jerusalén y la ciudad que llevó el nombre del hijo de aquella concubina. Constantinopla, la actual Estambul: cruce de religiones y caminos al otro lado de un mediterráneo que abre una ciudad con tantos caminos separados y comunes llamada Ceuta.
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