Protesta ciudadana
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Altercados en el Puerto
La crónica de los altercados vividos en el Puerto este domingo está dando de qué hablar. Sin embargo, los ceutíes detrás de las agresiones al vehículo de la diputada Julia Ferreras creen que no se está contando el contexto detrás de las imágenes de violencia que han recorrido toda España. Varios testigos aseguran que muchos sí reconocieron a los pasajeros, y que el clima de tensión fue propiciado porque el copiloto, el activista Rafael Borrego, estuvo grabándoles y provocándoles antes de que todo estallara cuando vieron que una ceutí lo refugiaba en su coche. En la multitud también hubo despistados, que entonaron cánticos de “Puta ETA” por inercia al relacionarlos con el grupo navarro al que habían ido a recibir, Negu Gorriak.
“Señoras mayores le estaban pidiendo -a Borrego- que no viniera a calentar el ambiente”, relata una de las decenas de personas que acudieron en la tarde de ayer al Puerto para manifestarse contra la llegada del colectivo pamplonés con la intención de traer “desobediencia y resistencia” para proteger a los “refugiados” de la supuesta “violencia fascista” policial. Esta testigo, además de otros con los que ha podido conversar El Pueblo de Ceuta -el propio medio estuvo allí-, coinciden en remontar el origen de la tensión a las “provocaciones” de uno de los ocupantes del coche de Ferreras, que comenzaron “mucho antes” de la llegada de la diputada..
La concentración arrancó sobre las 18:45h en la salida de vehículos del Puerto. Días atrás, el diario Noticias de Navarra informaba de que el grupo Negu Gorriak/Derecho a Techo se trasladaría a Ceuta el domingo en furgoneta desde Pamplona para llevar ayuda humanitaria y con el principal objetivo de usar sus cuerpos como “escudo humano” frente a las agresiones que, según dicen, sufren de manos de policías y militares los migrantes llegados el 30 y 31 de julio -a quienes llaman “refugiados”, pese a que ninguno tiene tal reconocimiento jurídico-.
Pronto comenzaron a difundirse en las redes sociales carteles que llamaban a los vecinos de Ceuta a recibirlos en el Puerto a su llegada, que estaba prevista para la tarde del domingo, con el fin de decirles que no los quieren aquí. Los ceutíes han asociado al colectivo con grupos “radicales” y “proetarras”. Una teoría respaldada por el nombre de la asociación. ‘Negu Gorriak’ –“inviernos rojos” en euskera-, era el nombre de un grupo vasco formado en 1990, que estuvo vinculado al entorno político y cultural de la izquierda abertzale durante un tiempo en que ETA se encontraba activa y mataba en pro de la independencia del País Vasco.
La visita de la entidad pamplonesa causó un gran rechazo en buena parte de la sociedad ceutí, y en torno a medio centenar de personas concurrieron a la cita para darles un recibimiento. “La mayoría eran personas mayores. Quitando a algunos jóvenes, como el único detenido, que es un chaval de 20 años -que arrancó de una patada el retrovisor del vehículo de Ferreras-. Pero casi todos eran de la edad de mi padre. En la vida nos podíamos imaginar que acabaríamos así en un cruce de Ceuta”, cuenta Daniel -nombre ficticio-, uno de los testigos, un ceutí de unos 45 años que suele acudir a cada protesta en defensa de Ceuta.
Daniel se lo comió “entero”, como él mismo expresa al conversar con este periódico. Lleva toda la mañana viendo cómo en los medios de comunicación nacionales se cuenta “solo una parte de la historia”. Que, según dice, no hace justicia a lo que él vivió “en primera persona”. Todo comenzó con una protesta pacífica. Los vecinos allí congregados desde pasadas las 18:30h, entonaron las proclamas de siempre: “Un caballa nunca se rinde”, o “Ceuta no se vende, Ceuta se defiende”. Esta vez, añadieron quejas contra los “radicales”: “Puta ETA, puta Eta, eh, eh”.
La tensión fue creciendo progresivamente hasta acabar con el estallido contra el ya famoso Mercedes. La carrera hacia la violencia arrancó con la molestia que les produjo a los manifestantes comprobar que un hombre los grababa desde un balcón de la Casa del Mar, ubicada justo en la zona donde se habían movilizado. Le pidieron que dejara de tomar imágenes, y llegaron a grabarle a él para presionarlo. Terminó por esconderse tras la ventana. El sujeto ha sido confundido con Rafael Borrego, el abogado e integrante de la Flotilla a Gaza que acompañaba a Julia Ferreras en su coche, pero no lo era.
Borrego hizo su aparición instantes después, según continúan relatando los testigos consultados por este diario. Daniel se encontraba en mitad de la carretera, junto a la sede del Instituto Social de la Marina. A unos cinco metros, observó la presencia de un chico y una chica. Permanecían “ajenos” a las protestas, fuera de la “piña” que habían formado los ceutíes. Miraban la escena con atención y, en ocasiones, sacaban sus teléfonos móviles para grabar. “Cuidado con esos dos”, le decían a Daniel, quien desconocía la identidad de ambos. Eran Borrego y la abogada experta en derechos humanos Sofía Cánovas. “No paraban de moverse de un lado a otro, grabándolo todo. Me llamó la atención. Porque los veía en un sitio y al instante se habían ido a otro”, relata.
De repente, notó que la multitud se revolucionaba. Que todos miraban a un mismo punto. Rafael Borrego había acaparado toda la atención. Se había cambiado de acera, iba él solo esta vez. Varios manifestantes lo habían reconocido, y, como la pólvora, comenzó a correrse la voz de que se trataba del "abogado malagueño que está poniendo a parir a los ceutíes en sus redes”. Daniel vio cómo el activista cruzó la carretera, “alrededor de todos los manifestantes”, sin que “hubiera ningún problema”. “La gente lo increpaba, lo insultaba, pero nadie le agredió. Ni siquiera iba escoltado. Se paseó por toda la concentración sin que pasara nada”, añade.
Fue avanzando de nuevo hacia la Casa del Mar, donde se encontraba también Daniel. Y justo al llegar, apareció el Mercedes. “Parecía todo coordinado. En cuanto se le reconoció y comenzaron a increparle, el tío fue hacia donde lo recogió el coche. Después de haber estado media hora de un lado a otro en la protesta”, narra. Fue entonces cuando la situación se fue de las manos. La turba arrojó piedras y huevos al vehículo, conducido por Julia Ferreras, con Rafael Borrego de copiloto y la abogada en los asientos traseros. Llegaron a hacer pedazos la luna trasera, y casi destruyen la delantera.
"Al final, han conseguido lo que querían. Se han salido con la suya. Han conseguido el vídeo que tanto anhelaban. Hemos mordido el anzuelo"
Uno de los manifestantes destrozó el espejo retrovisor izquierdo de una sola patada. Fue el joven de 20 años detenido por la Policía Nacional, cuyos agentes tuvieron que lanzar disparos al aire para intentar disuadir. Daniel no sabía que la que conducía era Ferreras, una caballa a quien él mismo conoce y, asegura, aprecia. Sí la identificó otra de las personas que han narrado los mismos hechos a El Pueblo.
Antes de todo esto, otra testigo cuenta cómo oyó a Borrego decir “barbaridades” sobre los ceutíes. Afirmando que los manifestantes estaban allí para evitar la entrada de una organización que solo quería repartir ayuda a los migrantes, y que por tanto lo que querían era “matarlos de hambre”. Según asegura, señoras mayores comenzaron a pedirle que se fuera y dejara de “calentar el ambiente”.
“La gente vio que Julia lo metió en su coche. Y empezamos a decir que por qué echamos a la extrema derecha y ahora refugia a la extrema izquierda que viene aquí a decir mentiras”, confiesa una de las manifestantes. La ceutí, que prefiere mantenerse en el anonimato, incide en que, 53 días después del inicio de la crisis y sin que nada haya ido a mejor, “la gente está muy quemada”. “Nos dolió que ella hiciera de chófer de la extrema izquierda. De un tío que se dedica a hablar mal de los ceutíes. Que viene aquí a provocarnos”, añade.
No es la única. Otros testigos se preguntan por qué se metieron en la boca del lobo a sabiendas de que había una protesta y de cuál era el motivo. “¿Qué hacían ahí? Sabían que estábamos esperando a unos radicales, ¿para qué os metéis ahí?, ¿qué buscáis?”, señala una de las personas que estuvo en la concentración. Se pregunta por qué la Policía Nacional no optó por introducir a Borrego en un furgón, como ocurrió con Alvise Pérez -a quien los ceutíes echaron de la ciudad precisamente por venir a tensionar aún más el ambiente-, para llevárselo "a salvo". "¿Por qué, por el contrario, permitieron que pasara un Mercedes, pese a que habían cortado el paso?", añade.
"Y de repente -señala- aparece Julia Ferreras. ¿Dónde han estado los de Ceuta Ya! cuando se ha pedido la unidad de los ceutíes en las manifestaciones? No dan la cara en toda la crisis y justo aparece el día D'...". Subraya, además, el hecho de que Borrego no solo se quedara en la movilización, sino que se mantuvo grabando y “provocando” durante un largo tiempo antes de la escalada de violencia.
Rafael Borrego se encontraba en Ceuta también el domingo por la mañana. Documentó la manifestación de más de mil ceutíes hacia la frontera del Tarajal en defensa de la españolidad de la ciudad. Y el enfoque usado para tratar la información en sus redes sociales es un ejemplo de la visión que está difundiendo sobre lo que ocurre en Ceuta. Es por eso que, al ser reconocido por los manifestantes en el Puerto, comenzaron a correr la voz de que se trataba de un abogado que les “pone a parir”.
En una de las publicaciones que ha realizado en su cuenta de Instagram, dice lo siguiente: “Ceuta tiene una fuerte división centro-periferia (la periferia, que concentra la pobreza y la población musulmana, y el centro, que es cristiano rico). Como digo, en el centro rico no dejan entrar a ni un inmigrante. Una cosa loca. Resulta curioso que tantos medios den voz a ceutíes que viven "desesperados y al límite" cuando son gente que no se cruza por la calle con ninguno de esos supuestos "invasores". No digo que no haya un problema en esta ciudad, pero sí que se está preguntando a la gente incorrecta solo para amplificar el 6 relato del odio que quieren imponer algunos y que nada tiene que ver con aplicar soluciones”.
El mismo domingo realizó una serie de publicaciones en las que relataba cómo un grupo de manifestantes ceutíes, de vuelta desde el Tarajal, había gripado y grabado a un grupo de menores migrantes que estaban en la playa. Dejó claro que no fueron todos, pero recriminó que quienes no insultaban, tampoco “corregían” a los otros. En un siguiente post, criticó la expresión “manada de niños” usada por una señora ceutí sobre los menores marroquíes. “La señora que lo suelta los reconoce como niños y no anda con eufemismos de "edad militar" u otra gilipolleces, pero aun así decide tratarlos como animales salvajes o incluso algo tóxico”. Y terminó con sarcasmo: “Siendo domingo, quizá un rato antes fue a misa”.
Uno de los testigos de los altercados en el Puerto lamenta que personas como Borrego, según él, vengan a Ceuta para “seleccionar quirúrgicamente lo que quieren contar”. “No vamos a dejar que nadie de fuera venga a decirnos lo que está pasando aquí”, expresa, y extiende la crítica a algunos medios de comunicación.
La diputada Julia Ferreras ya ha presentado una denuncia contra la agresión sufrida y los daños ocasionados a su vehículo. Ésta ha confesado en una entrevista concedida a Cadena SER que pasó "muchísimo miedo", que llegó a temer por su vida y que pensó que no saldría "de allí". “Reventaron la luna trasera, nos abrían el coche para sacarnos, yo recibía patadas por mi ventana del piloto, de una de esas patadas reventaron el espejo retrovisor. Venían a por nosotros, venían a lincharnos”, ha relatado durante la entrevista. “Eran mis vecinos. Esto es una ciudad muy pequeña”, ha lamentado.
Uno de los participantes en los ya históricos altercados en el Puerto remata con una reflexión: "Al final, han conseguido lo que querían. Se han salido con la suya. Han conseguido el vídeo que tanto anhelaban. Hemos mordido el anzuelo".
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